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Cumpleaños bajo un puente

Autor: Lautaro Gonzalez.. Instituto Tucumán, Lomas de Zamora

Creado: 26/05/2021 | Actualizado: 16/11/2021

La vida dijo una vez: “Serás feliz, pero primero te haré fuerte”. Y así comienza esta historia en un día lluvioso allá por julio de 2019 en el que nada quería salir bien.

Me levanté, me lavé los dientes antes de desayunar y partí para el colegio. Me había despertado tarde lo que implicaba tener que ver a la secretaria del colegio para que me anote la llegada fuera de horario. Llegué, también tarde, a la prueba de matemática para la que me sentía confiado por haberme preparado durante varios días, aunque terminé sacándome un cinco. La tristeza me invadió porque nunca había desaprobado matemática hasta ese día ya que mi papá y mi mamá son profesores de esa materia.

Ese mismo día tenía turno con el médico para hacerme chequeos, por lo que fui directamente desde el colegio a la clínica. La cita era a las dos de la tarde, pero una hora después todavía el doctor no aparecía, y sus compañeros insistían que era normal que llegara tarde. Se me agotó la batería del celular y no sabía qué hacer hasta que finalmente llega el profesional una hora y media tarde. Tenía ganas de que me atendiera rápido y volver rápido a mi casa ya que necesitaba hablar con mis papás.

Sin embargo, como mi día iba de mal en peor, apareció una pareja de ancianos que debieron ser atendidos de urgencia. Recién a la cinco de la tarde pude salir con mis chequeos actualizados. ¡Por fin, una buena! El sol comenzaba a salir y empecé a olvidarme un poco del examen.

En la vuelta a casa ya me sentía un poco mas conforme, parecía que la jornada empezaba a darme una sonrisa. Todo se encaminaba bien hasta que debí cruzar el puente del bajo nivel de Banfield. Desde la entrada del puente se escuchaban gritos de gente cantando el feliz cumpleaños. Me dio un poco de miedo pero seguí caminando porque era el único lugar cercano para cruzar a lado oeste. 

Llegando a la mitad del recorrido, aparece cerrado el pasillo que une los laterales del puente mismo. No vi nada, ni a nadie. No sabía qué hacer, pero tenía mucha curiosidad; conteniendo la respiración me metí al corazón del pasillo y vi dos hombres con ropas de operario hablando, pero que de repente, desaparecieron delante de mis ojos. Corrí y corrí lo más rápido que pude para llegar a mi casa.

Una vez delante de mi computadora me metí en Google para averiguar qué pudo haber pasado y, después de una hora, encontré que en la construcción del puente, allá por 1994, se produjo un derrumbe que había provocado la muerte de dos trabajadores justo cuando celebraban el cumpleaños de uno de ellos. Como homenaje, sus compañeros habían dibujado el grafitti de una torta justo en el lugar donde yo los vi.