Radios Escolares

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Entre los pasillos del cementerio

Autor: Alexis García. EES N°3, Tres de Febrero

Creado: 26/05/2021 | Actualizado: 16/11/2021

La familia Torrente recordaba con tristeza la pérdida de la tan amada y cálida abuela Rosa. Un año sin ella, su figura tenía mucha importancia en la vida de la familia ya que cuidaba a su nieta cuando salía del jardín y la ayudaba cada vez que lo necesitaba.

Esa tarde de domingo otoñal el matrimonio y su hijita de siete años entraron con mucha pena al cementerio de Pablo Podestá por la puerta principal sobre la calle Luis Ángel Firpo. Llevaban un gran ramo de flores y una carta expresando todo el amor que le tenían.

Realizaron un gran recorrido, vieron todas las clases y tipos de tumbas y nichos que había, algunos con apariencia de mausoleos y otros completamente abandonados, como si nadie los hubiese visitado por mucho tiempo.

Al llegar a la tumba de la abuela Rosa se arrodillaron, lloraron, rezaron, se tomaron su tiempo y cuando estaban terminando de acomodar las flores se dieron cuenta de que Flor, la niña no estaba. El miedo y la desesperación se habían apoderado de los padres. Comenzaron a llamarla gritando “Flor, ¿dónde estás?” y sin saber por dónde empezar a buscar decidieron separarse. La mamá fue hacia el este. El papá recorrió pasillos, en un lugar tan grande perderse era muy fácil, corrió por el camino de cemento a lo largo de las tumbas y de las estructuras, dio tres pasos para su derecha y escuchó a lo lejos un grito “¡ACÁ ESTOY!”. Era la voz de su hija. Siguió corriendo tratando de no chocarse con ningún sepulcro y logró visualizar una silueta pequeña escondiéndose detrás de un nicho. Sacó su celular para usar la linterna porque el sol había caído, el lugar no tenía una buena iluminación y los árboles tapaban la poca luz que los faroles irradiaban.

La pequeña estaba allí, mirando hacia arriba, como si alguien le estuviera hablando, alguien a quien su padre no veía. La madre los localizó, corrió hacia ellos y le reprochó la actitud a la nena, le preguntó por qué se había escapado, y  la menor respondió que el “hombre de blanco” la invitó a recorrer su casa en el cementerio.

La frase de la nena, el hombre de blanco fue la que quedó dando vueltas en la cabeza de los padres. Rápidamente decidieron irse porque ya estaba anocheciendo y el ambiente estaba tenso.

Ya en su casa sucede algo más extraño aún, cuando el papá agarra su celular para ver los mensajes había una foto del cementerio, y justamente se lo veía a él, sí a él, al hombre de blanco.