Radios Escolares

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Las hermanas Copello

Autora: Angeles Molino. EES N°4, Chacabuco

Creado: 26/05/2021 | Actualizado: 16/11/2021

Vivíamos cerca del centro, eso me ponía feliz. Me encantaba pasear, ir viendo las vidrieras y el movimiento de gente, no como cuando vivíamos en el campo de mi abuelo, ahí no teníamos vecinos y era todo muy monótono, si pasaba alguien ya resultaba raro. Todavía seguimos yendo, pero solo los domingos a visitarlo.

Tampoco era del todo aburrido ir, mi abuelo era coleccionista, y yo amaba jugar con sus cosas, aunque la mayoría de las veces no me las prestaba.

Hacia un año que nos habíamos mudado a la ciudad, lo que más me gustaba era dar vueltas manzana y saludar a todos los vecinos, con que tan solo me regalaran una sonrisa yo me ponía contenta.

Eran todos muy amables en el barrio, menos dos señoras que vivían en una esquina, en realidad no se si eran amables o no, nunca hable con ellas, pero me hubiera gustado.

Siempre pasaba por su casa y estaban las dos en la ventana, viendo hacia afuera, yo las saludaba levantando la mano, todos los días, con la ilusión de que alguna vez me devuelvan ese saludo.

Su casa era un tanto rara, demasiado alta, y con varias ventanas, tenían 2 puertas, se veía muy grande para que solo vivan dos personas, pero yo no le daba importancia, es más me parecía genial.

Por las noches imaginaba como era por dentro, de seguro tenían unos muebles hermosos! Siempre las veía con unos vestidos elegantísimos, me hacían acordar a los que usaba para tomar parte en los actos de la escuela. También notaba que nunca prendían las luces, pero debido a sus vestimentas anticuadas supuse que tal vez no les gustaba, y usaban velas.

Me parecían muy interesantes esas señoras, serian madre e hija? Hermanas? O tal vez pareja? Son preguntas que rondaban en mi cabeza siempre que pasaba por allí.

Le pregunté al dueño de una librería que quedaba justo en frente, si alguna vez vio entrar o salir a alguien de esa casa. Pero me lo negó rotundamente y dijo que por mi bien no me acerque demasiado.

Sentí lastima por ellas, por qué el señor me dijo que me aleje de su casa? Por qué las juzgaban? Tal vez eran dos indefensas ancianas esperando la visita de alguien. Y que no salen de su casa por miedo al que dirán.

Sin embargo no le hice caso y todos los días iba a su vereda y las seguía observando.

Para mi cumpleaños número 12 me regalaron una cámara de fotos. Yo estaba como loca, fotografiando todo lo que veía. Y obviamente no iba a olvidarme de ellas. 

Recuerdo muy bien que fui hasta su casa y como siempre, sentadas en su ventana ,les tome una foto. Sus pupilas se abrieron como si hubieran visto un monstruo y cerraron una cortina rápidamente.

Yo no entendía que había hecho, solo quería un recuerdo de ellas.

Cuando le conté a mi mamá lo sucedido me retó, me dijo que no puedo sacarles fotos a cualquier persona y que es razonable, que se hayan enojado.

Me sentí muy triste, asique decidí al día siguiente ir a pedirles disculpas, y explicarles que no fue con ninguna mala intención.

Toqué su puerta, y no salió nadie. Lo hice 3 veces más, y nada.

Fui hacia su ventana y no estaban, la cortina no me permitía ver.

Quizás se habían ido, o nunca habían visto el flash de una cámara y les dio miedo. No lo sabía.

Toda esa semana fui a verlas pero nunca más las encontré.

Llegado el domingo fuimos al campo, comimos asado y después postre.

Mi abuelo me pidió que le acomodara unos diarios que tenía, debía ordenarlos por fecha, desde el más antiguo hasta ahora. Me puse los auriculares con mi banda favorita, agarre el pilón de diarios que había en el lugar y comencé a colocarlos de forma ordenada.

El viento empezó a soplar y sin querer se vuela uno, corrí lo más que pude hasta que lo alcancé. Salte encima de él y logré atraparlo.

Cuando lo levanto, en la tapa había una fotografía, de dos señoras, puedo jurar que eran las de la esquina. Me puse muy contenta, hacía un montón que no las veía, y habían salido en el diario!, yo sabía que eran especiales.

Fui a la página en la que hablaban del tema, y decía que se cumplían 20 años, del fallecimiento de las “Hermanas Copello”, me dio piel de gallina y un revoltijo en el estómago, porque además de todo, el diario era de 1994. Murieron en un accidente de avión.

Recordé que les había sacado fotos con mi cámara. Fui hasta donde estaba mi mochila a buscarla, lo más rápido que pude, así les demostraba a todos que era mentira, que yo las vi, y que eran mis vecinas.

Pero cuando la prendí, no se veía nada, como si ellas nunca hubieran estado ahí.

En ese momento comprendí, porque las luces siempre estaban apagadas.