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Miralejos

Autora: Martina Sofia Lopez Basualto. EEST N°1, Exaltación de la Cruz

Creado: 26/05/2021 | Actualizado: 16/11/2021

Han pasado meses desde el comienzo de la cuarentena por la pandemia del coronavirus. Los días son muy similares entre sí. Unas de las actividades que me salva del aburrimiento es leer; me gustan las enciclopedias sobre la naturaleza. Me impresiono al ver y conocer más sobre animales y paisajes tan bellos. Suelo imaginarme en la selva o en el mar; me sumerjo tanto en esos momentos que hasta parecen ser reales.

No obstante, últimamente siento que todo lo de mis libros está más relacionado con un cuento maravilloso que con la vida real... me cuesta imaginar que todo eso está allá afuera. Me gustaría conocer más lugares, pero este encierro no ayuda en nada. Debemos cuidarnos y respetar la cuarentena, es cierto... pero si solo pudiese visitar otras partes del mundo, al menos una vez. El miedo y la preocupación se apoderan de mí por momentos y pienso que no podré descubrir más lugares que este pueblo.

Vivo en Capilla del Señor, en Exaltación de la Cruz, en Buenos Aires, Argentina. Es un pueblo muy hermoso y tranquilo. Las veces que puedo salir a caminar por las calles de Capilla, admiro sus bellas casas antiguas, árboles y aves. En estos últimos meses mi atención se ve enfocada en el Miralejos, una torre con un hermoso jardín verde, situada frente a la plaza principal. ¿Qué habrá allí? No conozco a nadie que haya subido, y menos se yo como hacerlo. Comencé a obsesionarme con ese lugar, tanto que a veces soñaba que iba hasta allá.

Luego de un tiempo, ideé un plan secreto para poder llegar hasta el Miralejos. Fue durante la noche; me escabullí entre las plantas y flores, hasta que pude entrar y subir por las escaleras que me llevarían a una de las vistas más preciosas del pueblo. Al llegar, vi puertas de madera de roble y hermosos ventanales. Capilla se veía hermosa; las estrellas parecían alumbrar y cuidar cada una de las casitas.

¿Será el cielo así en otras partes de la Tierra? ¿cómo se verá desde el Océano? Cerré mis ojos un instante, y dejé que mi imaginación me mostrase lo que tanto anhelaba conocer mi alma. 

De repente, sentí que flotaba en el agua; ahora estaba sola en la inmensidad del mar. Me sorprendí tanto; emociones de todo tipo afloraban en mí. Miré hacia arriba, las estrellas se veían más hermosas que nunca... todas reunidas junto con su eterna compañera... la Luna. Sentí una brisa helada que me llenó de energía y valor, entonces me sumergí en el agua, desesperada por descubrir lo que podría haber allá abajo. Criaturas pasaban cerca de mí... cardúmenes de peces, delfines mulares, tiburones, y hasta un majestuoso rorcual azul que nadaba con serenidad.

En medio de tanta felicidad, comencé a sentir que algo tiraba de mi pie y me llevaba hacia abajo, sin que yo pudiese hacer nada. En ese momento noté que una cuerda brillante estaba amarrada a mi tobillo. De repente, cuando sentía que ni una gota de aire quedaba en mis pulmones, volví al Miralejos.

Alcé un poco la mirada, y vi a un hombre de cabello blanco y ropajes verdes, que desataba de mí aquella centelleante cuerda. Me miró con sus ojos grises, y me dijo con una suave voz:

-Hermoso, ¿cierto? Pero no podemos quedarnos allá.

-¿Quién eres?-dije mientras lo miraba confundida.

-Soy el guía del Miralejos. Ayudo a las personas a ver más allá de donde estamos; con mi cuerda, los llevo a donde quieren ir, y luego los traigo de regreso. Hace tiempo que nadie subía aquí, pero la gente solía venir a tomar un respiro de sus preocupaciones, buscar inspiración en los paisajes de nuestro planeta, o como en tu caso, deseaban conocer lo que nos rodea. Espero lo hayas disfrutado.

Entonces, él solo se elevó hacia el cielo y desapareció.

Si bien este suceso me pareció algo extraño, fue magnífico, y me sentí en confianza de poder volver la próxima vez que lo necesitara.