Radios Escolares

Volver

Misterio en la Sierra de las Ánimas

Autora: Agostina Luana Grippo. EES N°1, Tandil

Creado: 26/05/2021 | Actualizado: 16/11/2021

¿Qué tanto solemos escuchar a diario mitos urbanos o historias fantasiosas?

¿Cuántas veces dijimos que son solamente producto de nuestra imaginación?

Es creer o reventar, pero eso lo dejo a tu criterio. Te invito a sumergirte en esta historia que seguramente te ponga los pelos de punta y te deje con mucha intriga.

La familia Cooper se mudó a la ciudad de Tandil a una bella casa a tan sólo unas muy pocas cuadras de las famosas “Sierras las Ánimas”, para ser exactos, a tres cuadras justamente. Ese mismo día por la tarde, después de desempacar y acomodar las miles de cajas de la mudanza, Alice y Derek salieron junto con sus dos bellas hijas adolescentes de quince y diecisiete años, llamadas Betty y Verónica, a recorrer el barrio encantador al cual se habían mudado ese mismo día por la mañana. Un barrio hermoso que ofrecía unas vistas perfectas de las sierras y de la ciudad, muy tranquilo a su vez, donde por la mañana se podían escuchar a los pájaros y los rayos del sol apuntaban todo el día. Pero había algo que no sabían, y era que una historia rondaba por las calles del Barrio Uncas y muy pocos la creían; ¿serán Betty y Verónica Cooper una de esas pocas personas que creerán en esa historia? Eso lo vamos a descubrir más adelante.

Durante su recorrido por el barrio, la familia se topó con una tranquera, la cual tenía un cartel que decía “Sierras de las Ánimas, prohibido su paso”; después de mucha insistencia por parte de ambas hijas para poder acceder al camino, sus padres se negaron rotundamente a darles el permiso. La familia volvió a su nueva casa para poder cenar y dormir. Llegada la hora de dormir, Betty no podía conciliar el sueño de tanto pensar en aquellas sierras que tenían el cartel que les prohibía su paso, entonces decidió ir al comedor a mirar un poco de televisión; al llegar ahí, se encontró con su hermana, quien tampoco podía dormir. Luego de una larga charla con Verónica sobre las misteriosas sierras y de decidir que al siguiente día irían por cuenta propia a esas sierras, cada una se fue a su habitación.

En la mañana del día siguiente, dadas las ocho AM en punto, las dos hermanas se levantaron sigilosamente para poder desayunar y luego partir rumbo al mismo lugar que habían estado la tarde anterior con sus padres; pero claro, sus padres no se levantarían hasta el mediodía, ya que el día de ayer había sido un día muy atareado y agotador con toda la mudanza; por ende, antes de irse, las hermanas les dejaron una nota diciendo que habían salido a recorrer un poco más el barrio y que regresarían para las dos de la tarde, terminada esa nota las hermanas agarraron sus teléfonos junto con las llaves de la casa y partieron rumbo a las sierras haciendo el mismo recorrido que el día anterior. Al llegar al lugar se toparon con una pareja de ancianos, los cuales frenaron a las niñas y sin darles tiempo a decir algo, les dijeron:

_Este lugar es un lugar con mucha energía, cuenta la leyenda que lleva ese nombre por “las ánimas en pena “, refiriéndose a los espíritus de los muertos que en vida padecieron injusticias y que vagan por los campos hasta tanto los vivos no logren conjurar el hechizo que los hizo temibles. Estos espíritus aparecían como “luces malas” o “fuegos fatuos”. Se cuenta por ahí que en la Sierra de las Ánimas alguien vio, en ciertas noches, luces blancas, amarillas y rojas como danzando de piedra en piedra; también se cuenta que en todo el  barrio las luces de la calle se apagan dadas las tres menos veinte de la madrugada y vuelven a prenderse diez minutos más tarde. No es un lugar para que vengan solas de noche, niñas, no muchos logran pasar la noche ahí porque dicen que los espíritus los espantan.

Dicho eso, la pareja de ancianos se fue y las hermanas también regresaron a su casa, no sin antes prometerse que esa misma noche volverían para acampar allí arriba. Luego de muchas horas de insistencia por parte de las niñas, los padres accedieron a dejarlas ir, ya que pensaron que esa historia era producto de la imaginación de sus dos hijas adolescentes. Dadas las seis de la tarde, las hermanas partieron rumbo a las sierras con sus respectivas cosas para acampar; luego de un largo rato de subida hasta la cima, comenzaron a preparar su campamento. Dadas las diez de la noche, decidieron ir a la carpa para poder descansar; pero luego de media hora, comenzaron a ver sombras y sentir que movían su carpa; asustadas salieron de la carpa, vieron un árbol con un dibujo de un indio enojado en su tronco indicando que se vayan; luego comenzaron a escuchar ruidos provenientes de donde se encontraba la carpa y sin decir más, bajaron lo más rápido posible de allí y en menos de cuarenta minutos las hermanas estaban en sus casas. Pero eso no iba a quedar así, al llegar a sus casas y excusarse con sus padres que “hacía mucho frío allí arriba”, se quedaron toda la madrugada investigando y leyendo sobre aquel lugar y, dadas las tres menos diez de la madrugada, vieron cómo todas las luces de la calle se apagaron dejando a todo el barrio a oscuras, y tal como lo contó la pareja de ancianos, diez minutos más tarde, las luces se volvieron a prender.

Al día siguiente, toda la familia salió a dar un paseo y sus padres quisieron subir a Las Ánimas; al llegar a la cima, las niñas vieron a la parejita de ancianos que habían visto la tarde anterior y los saludaron de lejos, a lo que los ancianos se lo correspondieron con una sonrisa y una seña que indicaba que se les acercaran. Ellas fueron a decirles a sus padres que iban a hablar con la pareja de ancianos que estaba en aquel árbol y se extrañaron cuando sus padres les dijeron que ellos no veían ningún árbol ni ninguna pareja de ancianos. Y como si fuera por arte de magia, las adolescentes, al voltearse para ver, vieron que el árbol y los ancianos se habían esfumado.