Volver

Declaración de la Independencia y vida cotidiana

Itinerario didáctico para indagar las maneras en que se transportaban las personas y las mercancías, y tener un primer un acercamiento a los sucesos políticos de 1816.

Creado: 01/07/2021 | Actualizado: 05/08/2022

Marco general: 9 de julio

Día de la Independencia

La sociedad y la escuela se movilizan para recordar ciertas fechas que resultan significativas. Esta puede ser una buena ocasión para discutir diferentes perspectivas y así enriquecer las propias miradas. La Declaración de la Independencia suele ser presentada como fruto de la unión y del consenso, sin embargo fue producto, de conflictos políticos y sociales. [...]

Continuar leyendo el marco general .

La Declaración de la Independencia del 9 de julio de 1816, junto con la Revolución de Mayo, se convirtió en uno de los mitos fundacionales de esa nación que se conformaría como tal, recién en la segunda mitad del siglo XIX. Conocer las nuevas perspectivas que la historia aporta y reflexionar críticamente sobre el pasado constituyen un modo de iluminar los significados que tiene, en el presente, ser un país independiente.

El siguiente itinerario didáctico propone, en primer lugar, indagar parte de la vida cotidiana de principios del siglo XIX, en particular cómo se transportaban las personas y las mercaderías, cómo eran los caminos, las dificultades y los que acechaban las rutas y los trabajos necesarios para que estos traslados pudieran realizarse. Luego, busca acercar a las alumnas y los alumnos de la sala de cinco a parte de los sucesos políticos que tuvieron lugar el 9 de julio de 1816, cuando algunas personas emprendieron un largo viaje hacia Tucumán.

Es necesario poner a disposición distintos modos de buscar información a través de fuentes iconográficas, fotos de transportes antiguos conservados en los museos, breves textos explicativos que acompañen imágenes, fragmentos de películas y relatos.

Como punto de partida, es oportuno conversar con las niñas y los niños sobre cómo se trasladan habitualmente con sus familias y así analizar semejanzas y diferencias entre distintas experiencias y formas de viajar. En muchos barrios, los carros son un modo de procurar el sustento diario. A diferencia del siglo XIX, las carretas en aquella época eran casi la única forma de transportarse por tierra, pero en la actualidad es testimonio de la desigualdad.

A continuación, compartimos un conjunto de fuentes de información que se irán articulando en variadas actividades, lo cual permitirá a las niñas y los niños conocer los modos de transporte hace 200 años. A partir de lo indagado, será posible armar carretas para jugar al viaje en el sector de dramatizaciones o de construcciones.     

                                  

Los modos de transporte a principios del siglo XIX

Fuentes pictóricas

Es importante contarles a las niñas y los niños que se trata de un tiempo en el que no existía la fotografía y, por lo tanto, una de las formas de conocer cómo se transportaban las personas es a partir de cuadros. Algunas de estas fuentes pictóricas fueron realizadas en esos años, mientras que otras (como los cuadros del reconocido pintor Molina Campos), son reconstrucciones posteriores. Asimismo, todas las imágenes son construcciones desde la mirada del autor y de su época.

A través de la observación orientada por ciertas preguntas, las niñas y los niños del jardín podrán obtener algunas informaciónes:

  • ¿Cómo eran las carretas, galeras y diligencias?
  • ¿Cómo era el tamaño de las ruedas, los materiales con los que estaban construidas, qué animales tiraban de carretas y galeras?
  • ¿Dónde estaban ubicados el conductor y los pasajeros? ¿Dónde llevaban la carga?
  • ¿Cómo eran los caminos?
  • ¿Qué actividades se realizaban junto a la carreta en los momentos de descanso o de espera?

Ciertos datos no se recogen de la observación directa y, por lo tanto, se requiere de información que aportan los textos para poder, a partir de ellas, tejer nuevas inferencias.

 

Las carretas, las galeras y los caminos

“Un alto en el campo” de Prilidiano Pueyrredón. Imagen tomada del Museo Nacional de Bellas Artes.

Las carretas eran carros muy grandes. Estaban construidas casi exclusivamente de madera, porque el metal era muy escaso y, por lo tanto, hasta los clavos eran de madera. El techo estaba formado por un toldo muy resistente para soportar el frío, el calor, las lluvias y las tormentas. Las carretas tenían dos grandes ruedas que podían alcanzar hasta 2 metros. 

Las carretas eran tiradas por varios bueyes. Los bueyes son animales más fuertes y resistentes que los caballos, pero caminan más lento. Los caballos se usaban para realizar viajes cortos y largos y para llevar noticias urgentes. 

En la caja de la carreta iban ubicados los asientos para pasajeros y también el equipaje. El carretero era el encargado de dirigir a los bueyes. Los carreteros casi nunca engrasaban el eje de sus carretas y por eso hacían mucho ruido al andar. Se las oía desde lejos.

Coche de postas. Imagen tomada de la Biblioteca Nacional de Maestros.

Por lo general, las carretas llevaban mercaderías, mientras que las galeras, tiradas por caballos, transportaban personas. Los carros y carruajes andaban por la ciudad y eran tirados por varios caballos y manejados por un cochero. Podían llevar entre seis y ocho pasajeros con sus equipajes


Escena campestre del pintor uruguayo Juan Manuel Blanes. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Al llegar la noche encendían un fuego y cantaban con una guitarra. El conductor y los peones preparaban las camas debajo de las carretas para cubrirse del rocío.

Hace 200 años hacer un viaje de una ciudad a otra era penoso y, las más de las veces, arriesgado. Los caminos estaban en muy malas condiciones, transitarlos era difícil y llevaba muchos días. El camino era de tierra y el polvo volaba por todas partes. Si llovía mucho se formaban pantanos. Las rutas no estaban marcadas y el camino debía cambiarse según el clima o las crecidas de los ríos.

Se aprovechaban las primeras horas del amanecer para evitar el calor. El andar de las carretas era muy lento y, en los lugares dificultosos, los pasajeros y las mercaderías debían bajar, salvar el obstáculo y luego cargarlas nuevamente.

El camino estaba lleno de peligros. De noche, la luna era la única que alumbraba. En verano, el sol quemaba la cabeza. También acechaba el peligro de los bandidos a caballo que podían asaltar a quienes transportaban mercaderías. Además, en muchos lugares, bajo la tierra, había túneles hechos por las vizcachas. Los bueyes o los caballos, al pisar hundían allí las patas y podían quebrarse.

La posta de Prilidiano Pueyrredón. Imagen tomada del Museo Nacional de Bellas Artes.

Cuando el viaje era muy largo se paraba a descansar en las postas. Las postas eran ranchos en donde los viajeros conseguían comida, bebida y caballos descansados para seguir viaje. En ellas vivía el dueño de los caballos de recambio y el postillón, quien acompañaba a los viajeros hasta la próxima posta y luego regresaba con sus caballos.

Tropa de carretas de Pallière. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Las carretas recorrían los caminos en caravanas de 30 a 40 vehículos para protegerse mutuamente. Cada una iba acompañada por un gran número de bueyes para el recambio (porque no aguantaban tirando de la carreta todo el trayecto) y por varios peones, para cuidarlos. Un jinete a caballo marchaba adelante para indicar el camino. Por lo general, el baqueano se adelantaba para ver cómo estaba el camino y luego volvía a guiar a la caravana.

La ruta más transitada era la que llevaba al Norte. En 1816 tardaron 52 días en cubrir la distancia entre Buenos Aires y Tucumán.

                                 

Fotos de carretas que se conservan en los museos¹

Los objetos antiguos, en este caso las carretas, dan testimonio del contexto y la trama de relaciones de la cual formaron parte. Nuevamente aquí, algunas informaciones se obtienen a partir de la observación mientras que otros datos serán complementados con el aporte de otras fuentes como breves textos informativos o entrevistas.

Por ejemplo, en el Museo del Transporte de Luján hay una carreta quinchada. Esta carreta tiene los ejes y las ruedas de madera sin llantas. Por eso, al andar producía un chillido que anunciaba su llegada desde varias cuadras de distancia. Sus paredes eran quinchadas, su techo de junco y cuero de potro atados con tientos. También se encuentra una sopanda utilizada por Manuel Belgrano. Ese coche tiene una caja pequeña y alta. Su interior posee dos asientos. A esta clase de coches se les llamaba sopanda por tener suspensores de cuero. Como no tiene pescante, sus conductores iban a caballo a la manera de los postillones.

 

Fragmentos de películas

Mientras que los cuadros y las fotografías aportan una visión detenida y pormenorizada del objeto de estudio, las filmaciones presentan en acción aquello que se está analizando.

En este caso, se trata de películas que no están destinadas a un público infantil, pero resulta interesante observar algún fragmento para ver las carretas en movimiento: sus sonidos, las dificultades que supone el subir y bajar de ellas, el traqueteo de su andar, etc.

Es importante contarles a las niñas y a los niños que si bien son películas “actuales” (es decir, que pese a que algunas ya tienen varios años no son de la época que se está indagando) presentan una reconstrucción histórica que nos acerca a esos tiempos. Puesto que se trata de mirar una parte de una filmación para buscar información, nuevamente  resulta central compartir preguntas orientadoras.

Les sugerimos:

- Camila, de María Luisa Bemberg. En el inicio de la película se ve la llegada de la abuela en una galera.

- Facundo la sombra del tigre, de Nicolás Sarquís. Desde el minuto 39.45 al 42.50 se ve el equipaje, el calor, la polvareda, quienes conducen. Desde el minuto 47.44 al 48.44 se observa la lluvia, el barro, el camino. Del 50.28 al 51.23 el traqueteo, de noche y en 1 hora 35 min. se observa el cruce de un arroyo y la necesidad de descargar la carreta para poder cruzarlo.

- El último perro, de Lucas Demare. Se observa una diligencia y la posta en los minutos: del 30.15 al 31; del 55.15 al 55.50 y en 1 hora 14 minutos.

 

Los sucesos políticos de julio de 1816 

Hasta aquí el itinerario se ha focalizado en cómo se transportaban las personas y las mercaderías, cómo eran los caminos, las dificultades y los peligros que acechaban las rutas y los trabajos necesarios para que estos traslados pudieran realizarse. Será oportuno comenzar a aproximar a las niñas y los niños a algunos de los sucesos por los cuales se recuerda esta fecha que tuvieron lugar en el tiempo en que las personas se transportaban de esa manera.

Relatos

Los relatos permiten acercar a las salas de las y los más grandes del jardín parte de los sucesos que tuvieron lugar hace tanto tiempo y que aún hoy se siguen recordando. Se trata de narraciones ficcionales, históricamente documentadas, en las cuales dichos acontecimientos se presentan entramados en los modos de vida cotidiana y en la voz de los actores sociales de la época.

En este caso, compartimos un fragmento de ¿Quiénes son los diputados? [2] que recoge parte de la conversación entre una niña y Clementina, una mujer negra, esclava que servía en la casa y a quien la nena llamaba “tía”. 

Era el año 1816. En la ciudad de Tucumán se estaba reuniendo un Congreso. La situación era muy grave. Todo parecía indicar que el rey de España quería volver a ser amo y señor de sus antiguas colonias.

¡Y nosotros acá, sin tener ni siquiera un papelito que dijera que éramos libres de España!

¿Y eso es importante, tía?

¡Claro! Cómo no iba a ser importante. ¿Dónde estaba escrito que acá habíamos tenido una revolución pa liberarnos de España? En ningún lado. ¿Y el rey qué iba a hacer? ¿Preguntarnos a uno por uno? “A ver uste, dígame ¿son libres por acá o no lo son? No mi niña, esas cosas se ponen por escrito y se firman por todos. As´que el Congreso ese estaba reunido pa eso. El amo que nunca quería perderse nada, fue pa esa provincia acompañando a los diputaos. Después de andar días y días y días y días….

¡Ay Clementina basta!

Bueno niña, digo así pa darle un poco de emoción al asunto. Como le decía, después de varios días llegaron a ese modesto poblao del norte. Digo modesto porque ni siquiera había un lugar apropiao pa reunirse. Diga que una señora prestó su casa, que si no….

Fuentes iconográficas 

Observar esta imagen permitirá responder a la pregunta ¿quiénes participaron del Congreso de Tucumán y firmaron el Acta de la Independencia?

Congreso de Tucumán de Francisco Fortuny. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La pintura muestra la escena en la que se declara la Independencia. Todos los congresales eran varones. Los abogados y comerciantes estaban vestidos de civil. Otros eran clérigos y usaban hábito. También había jefes de las milicias quienes llevaban uniforme y armas. 

 

Bibliografía

- Carretero, Andrés (2000). Vida cotidiana en Buenos Aires. Buenos Aires, Editorial Planeta.

- Di Meglio, Gabriel (2009). El libro del Bicentenario. Buenos Aires, Editorial Santillana. 

- Jáuregui, Silvia y Bouvier, Daniel (2021). Viajar a finales de la época colonial. Buenos Aires, Praxis Grupo Editor.

- Prestigiacomo, Raquel y Uccello, Fabián (2001). La pequeña aldea. Vida cotidiana en Buenos Aires 1800-1860. Buenos Aires, Eudeba.

- Wilde, José Antonio (1998). Buenos Aires desde 70 años atrás. Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes.

- Zelmanovich y otros (1994). Efemérides entre el mito y la historia. Buenos Aires, Editorial Paidós.

 


¹Las y los docentes podrán encontrar por internet imágenes de este y otros museos donde se exhiben estos transportes.

²Fragmento del relato ¿Quiénes son los diputados? en Zelmanovich y otros (1994): Efemérides entre el mito y la historia. Buenos Aires, Paidós.