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Orientaciones para trabajar el 3 de junio en la escuela

Orientaciones y propuestas sobre el "Ni Una Menos" para trabajar con las y los estudiantes.

Creado: 02/06/2021 | Actualizado: 10/06/2021

Marco General

 

Sin Educación Sexual Integral no hay Ni Una Menos.

 

A partir del año 2021 –por Resolución 3016/2020–, la DGCyE incluyó en su calendario escolar el día 3 de junio “Ni Una Menos” para ser trabajado en las instituciones educativas de la provincia de Buenos Aires.

Esta fecha está instituida como una jornada de lucha y protesta desde que un colectivo de mujeres se movilizó bajo el lema “Ni Una Menos” en repudio a todas las formas de violencia de los sistemas patriarcales y, particularmente, por su consecuencia más trágica y visible: los femicidios.

El 3 de junio del  2015[1], y cada 3 de junio, se encuentran en las calles miles de mujeres cis[2], mujeres trans, travestis, lesbianas, varones trans, personas no binaries y +, que alzan sus voces y las voces de quienes ya no la tienen porque han sido víctimas de la violencia machista. Ese movimiento concentra, en su pluralidad, el hartazgo respecto de los diferentes modos en que las violencias,  por motivos de género, siguen presentes en nuestra sociedad, la negación a aceptar lo inaceptable: seguir sumando femicidios, travesticidios y crímenes de odio.  

En este contexto la DGCyE asume el compromiso de continuar acompañando a las escuelas para desnaturalizar y visibilizar las violencias sufridas por las niñas y mujeres por su condición de género, con la convicción de que no hay justicia educativa donde hay violencia por razones de género.

En el marco del enfoque de Género y los Derechos Humanos y en continuidad con el trabajo que se propone desde las efemérides de la ESI, se propone un conjunto de actividades, a modo de orientación, para ser adecuadas y situadas a las particularidades del aula, contexto y comunidades escolares.

Los supuestos teóricos- pedagógicos que sustentan este documento son:

  • Todas las formas de violencia son igualmente reprobables. Abordar la especi­ficidad de la violencia de género tiene sus propias particularidades y consecuencias. Este tipo de violencia se fundamenta en la desvalorización de las mujeres y de los atributos y funciones considerados femeninos.
  • La violencia de género es una problemática de derechos humanos. La violencia de género es una manera en que se expresa la desigualdad entre las personas y, por lo tanto, su erradicación es una prioridad asociada a los derechos de las personas, a la vida en democracia y a la inclusión social.
  • La violencia de género se expresa como violencia física y también como violencia psicológica, económica, simbólica, entre otras. Del mismo modo, es importante destacar los diferentes ámbitos en que puede darse.
  • La escuela debe promover espacios de reflexión para que las masculinidades en general, y los varones CIS en particular, se comprometan activamente en la respuesta a la violencia de género. En este sentido, asumir un posicionamiento crítico de los mandatos masculinos que buscan legitimar todo tipo de violencias, incluida la violencia de género, es una tarea prioritaria.
  • Incorporar a las familias en las actividades permitirá fortalecer los vínculos con la escuela, aún en la virtualidad, y aunar esfuerzos para prevenir y erradicar todo tipo de violencia por razones de género.

En tanto efeméride, el 3 de junio es ocasión para: prevenir situaciones por razones de género; valorar la lucha del colectivo de mujeres y su importancia en la historia; y recuperar, para la memoria histórica y colectiva, el nombre de las víctimas.

Este conjunto de actividades precisa de la revisión constante de los siguientes aspectos que hacen a la vida escolar:

  • Revisión del proyecto institucional para trabajar los contenidos, los acuerdos de convivencia y el uso de los espacios escolares con las y los estudiantes.
  • Charlas entre docentes / reflexión sobre sus roles.
  • Trabajo en red, con distintos sectores de la comunidad. 

El sistema educativo se plantea –entre otras cosas– poder contribuir a identificar las distintas formas de violencias, intervenir en las situaciones de desigualdad por motivos de género, promover relaciones democráticas y equitativas, reconocer el marco de derechos y promover abordajes situados desde una perspectiva de género transversal e interseccional.[3]

El trabajo pedagógico desde la Educación Sexual integral se convierte en una de las principales herramientas para prevenir y reducir la violencia por motivos de género, promoviendo la necesaria deconstrucción de las masculinidades hegemónicas, los debates en torno a las relaciones desiguales de poder y la posibilidad de co-construir vínculos sexo-afectivos y relaciones interpersonales basadas en los cuidados, los consentimientos, el respeto, el reconocimiento de la diversidad, la autopercepción y los diferentes modos de habitar los deseos. 

En este sentido, nombrar las prácticas machistas como instrumento ideológico central de la cultura cis-hetero-patriarcal, es avanzar en nuevas lecturas que disminuyan las condiciones de desigualdad en nuestra sociedad. En relación con esto, Ana María Fernández refiere: “El fin del patriarcado no es el fin del mundo. Es el fin de un tipo de mundo[4], dejando entrever la posibilidad de transformación que tiene la realidad, así como la necesidad de crear un mundo diferente al que sostenemos día a día.

La escuela debe aportar herramientas que habiliten la deconstrucción y la perspectiva crítica sobre las construcciones de sentido y de orden social que perpetúan las desigualdades e inequidades de poder. Tiene que perseguir el objetivo de transformar y aportar otros modos de habitar y construir comunidad y sus relaciones, sin opresiones por motivos de género, identidad, etnia y/o clase.

Parte de la deconstrucción es pensar el lenguaje que utilizamos: frases como: “las chicas son menos inteligentes y más emocionales”, “los varones se las saben todas”, “las chicas son más problemáticas”, “los hombres no lloran”, entre otras; la distribución de los espacios escolares como la ubicación de los pupitres, los espacios en los recreos, los baños, los espacios para las diferentes actividades de cada materia/área, entre otras; los roles implícitos de las y los docentes según su género, el currículum oculto y otras acciones y situaciones sostienen las desigualdades de género y limitan el pleno ejercicio de los derechos de cada persona.

Es viable consolidar estos cambios a partir de acciones concretas que nos permiten, desde el sistema educativo, visibilizar la manera en que este sistema cis-hetero-patriarcal afecta directamente a niñas, niños, adolescentes, jóvenes, mujeres cis y trans, cuerpos feminizados e identidades sexo-genéricas disidentes. Es preciso reconocer y deconstruir el gran abanico de expresiones de la violencia por motivos de género para erradicar, de este modo, sus máximas expresiones: el femicidio y los crímenes de odio.

Prevenir las violencias machistas, sexistas y cisexistas es también aportar herramientas para poder pensar y habitar desde otro lado las construcciones sobre las masculinidades, las feminidades y las expresiones identitarias y de nuestros deseos.

Cada docente tiene en sus manos la enorme oportunidad de aportar en prácticas y hábitos que redunden en acompañamiento y promoción de las necesarias transformaciones sociales para la co-construcción de ambientes libres y críticos con las expresiones de violencias; creando espacios de confianza y valoración de la libre expresión que contribuyan al desarrollo digno y pleno de niñas, niños y jóvenes.

Esperamos desde esta propuesta colectiva, aportar estrategias pedagógicas que se  promuevan en cada nivel y modalidad a partir de reivindicar esta fecha, y que puedan ser sostenidas más allá de la ocasión de esta efeméride.

La Educación Sexual Integral es una conquista y una política que nos da la posibilidad de que la construcción del conocimiento en nuestro sistema educativo sea una experiencia más crítica y liberadora en términos de derechos humanos, y más consciente de las situaciones problemáticas que acontecen en nuestra sociedad.


[1] En la publicación del año 2020 se hace alusión al origen de la fecha. EFEMÉRIDES 3 DE JUNIO “NI UNA MENOS”

[2] Cis: Deviene del latín y significa “de este lado”. Aplicado a cuestiones de género, El prefijo CIS es utilizado para nombrar a todas las personas que no son trans, o sea todas aquellas personas que se sienten identificadas con la identidad sexo-genérica asignada al nacer.

[3] La Interseccionalidad plantea la necesidad de pensar las divisiones género en conjunción con otras categorías de exclusión, que dan cuenta de las muchas variables que definen la posición de cada persona, y por tanto explican por qué las expresiones de las violencias machistas adquieren formas distintas en cada situación.

[4] Fernández, Ana María. La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres.(1993) Buenos Aires: Paidós.

 

Propuesta de la Dirección de Educación Primaria

Desde la Dirección Provincial de Educación Primaria, proponemos a las y los docentes que los días cercanos al 3 de junio, fecha que a partir de este 2021 fue incorporada al calendario escolar como “Día de la acción colectiva contra los femicidios”, sea una oportunidad para renovar y profundizar la apuesta que la escuela primaria hace cotidianamente en Educación Sexual Integral.

Las y los estudiantes de nuestras escuelas son parte de un contexto que tiene debates permanentes en los medios de comunicación, en las casas, en las escuelas, en los juegos y en las propias charlas entre pares sobre violencia de género, aunque no se la nombre así. En este sentido, la escuela debe tomar aquí también el rol que la ha caracterizado históricamente como institución educativa: el de albergar, contener, explicar y ordenar aquellas cuestiones que movilizan a la sociedad, en general, y a las infancias, en particular.   

Es importante que en nuestras aulas, en la modalidad que estén funcionando -de manera presencial o virtual- den lugar al tratamiento de esta fecha en particular y a las violencias por motivo de género, en general. Sabemos que, muchas veces, habilitar o propiciar intercambios sobre estas cuestiones genera incomodidades, vergüenzas, angustias y enfrentamientos de posicionamientos entre las y los estudiantes que nos interpelan como docentes y como personas adultas[1].

 

Algunas orientaciones de trabajo

Proponemos que con las y los más pequeños de la escuela primaria se puedan generar algunos espacios de intercambio sobre esta cuestión, preguntarles si han visto carteles, noticias o publicaciones en las redes sociales sobre estos temas o bajo consignas como #Ni una menos. Animar a que nos digan qué piensan y sienten sobre este problema social. Seguramente, tendrán cosas que contarnos sobre ello y, a su vez, quienes no hayan prestado atención a la cuestión podrán informarse. Por otra parte, y atendiendo a la complejidad que requiere explicar las violencias por razones de género y el funcionamiento del patriarcado en general, cada estudiante podrá -por medio de este intercambio entre sí y con las estratégicas intervenciones de sus docentes- comenzar a aproximarse a la complejidad del tema. Este es un primer paso para comenzar a interrogar y desnaturalizar las violencias, esbozar explicaciones que tendrán posibilidad de complejizarse más adelante, y también para comenzar a imaginar y practicar nuevas maneras de vincularnos.

Con las y los estudiantes más grandes de la escuela primaria también podemos propiciar este tipo de intercambios. En este caso, y dependiendo de la estrategia que nos demos, podemos incorporar recursos que nos ayuden a complejizar los sentidos comunes y el plano de las opiniones para pasar a intercambios y análisis más puntuales.

Algunas posibilidades podrían ser presentar materiales que sumen la voz de nuevos actores, como individuos o instituciones -la opinión de una o un estudioso en el tema, de una o un profesional de la salud, de las leyes o de la educación, una activista, un observatorio u organismo internacional que se ocupe de prevenir y contrarrestar la violencia-. Otra posibilidad puede ser observar y analizar estadística de las múltiples entidades que tienen trabajo riguroso en estas cuestiones, para que nos ayude a comprender la magnitud de este problema social -a escala regional o global.

También podemos recurrir a textos o materiales audiovisuales que incorporen conceptos que nos ayuden a sistematizar el problema. Por ejemplo, lo diferente que es nombrar el asesinato de una mujer como un crimen pasional o un femicidio. Es importante que estos recursos, ya sea que los llevemos como apertura o con posterioridad al debate, sean puestos en diálogo e interpelados por las experiencias y saberes de las y los estudiantes con quienes estamos trabajando, a fin de pasar de situaciones individuales al plano del análisis social. 

 

Para tener presente

Como docentes, y sabiendo la sensibilidad que provocan estos temas, que muchas veces son parte de la cotidianeidad de nuestras y nuestros estudiantes -y también de nuestras propias vidas-, debemos tomar recaudos y cuidados con nuestras intervenciones: las preguntas, los términos, las caracterizaciones y/o generalizaciones que hagamos. Evitar posturas que reproduzcan la lógica de la víctima y el victimario, testimonios o materiales que hablen explícitamente de hechos de violencia, noticias sensacionalistas[2] u otros materiales que puedan impresionar o generar temor. Tener presente las trayectorias de las y los estudiantes, sus entornos y lo que sepamos de sus vidas a fin de evitar exposiciones innecesarias.

Por otra parte, cuando trabajamos con estos temas es importante prestar atención al relato de las y los estudiantes, para la detección de situaciones de violencia o vulneración de derechos en sus grupos de crianza. Recordemos que la escuela es un nexo con otros agentes e instituciones del Estado en su rol de garantizar los derechos de las infancias y las personas en general. En estos casos, debemos siempre informar y actuar de manera conjunta con el equipo directivo y los equipos de orientación escolar, quienes cuentan con información y pueden construir las redes que la situación amerita, aún en este contexto de Distanciamiento Ssocial, Preventivo y Obligatorio. Recordemos que también contamos con  una Guía de Orientación para la Intervención en Situaciones Conflictivas en el escenario Escolar[3] donde se describe la manera de proceder. 

Las intervenciones que hagamos, ya sea en el diálogo con estudiantes o sobre los recursos que decidamos proponer, pueden estar enfocadas en develar los distintos tipos de violencia; en el rol de las instituciones y el Estado, en general, en la actuación sobre ellas y/o en la prevención de las mismas; los diferentes escenarios donde se da la violencia y/o los principales reclamos de los grupos de mujeres hacia la sociedad y el Estado. Recordemos que la detección temprana de situaciones de violencia y la oportuna intervención sobre las mismas es lo que puede prevenir o evitar la violencia estructural y sistémica. Si decidimos nombrar instituciones, es importante que hagamos referencia a las delegaciones locales, en qué zona de nuestra localidad se encuentran o cómo podemos comunicarnos con ellas, de manera que las y los estudiantes lo perciban como algo cercano y accesible. Actualmente existen muchas formas de comunicarse con centros de asesoramiento y ayuda sobre violencia de género, entre ellos la línea 144 del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad.

Una posibilidad para introducirnos en el abordaje de las distintas formas que la violencia contra las mujeres asume es hacer visible la desigualdad en distintos ámbitos. Este tipo de miradas hacen posible comenzar a pensar la violencia contra las mujeres como parte de un problema estructural, de un sistema de dominación[4].

El año pasado el periódico digital BAE en su sección Negocios publicó estadísticas de una conocida consultora que evidencia: “Aumentó la cantidad de mujeres en puestos directivos en el último año en Argentina”[5]. A pesar de ello las cifras que se muestran en la nota son una clara evidencia de las desigualdades estructurales que aún, y a pesar de las leyes que intentan desandar esta desigualdad, siguen caracterizando la vida laboral.

 Presentar recursos como este a las y los estudiantes, pedirle que hagan una primera lectura y vean que clase de información nos brinda esta estadística. Si fuera posible, animar el debate entre pares para posteriormente realizar algunas intervenciones que problematicen lo construido hasta el momento con preguntas del tipo ¿Por qué la periodista habrá titulado la nota “Aumentó la cantidad de mujeres en puestos directivos en el último año en Argentina”?

O presentarles otros fragmentos de la nota como el siguiente: “El nivel salarial del género masculino se encuentra en la Argentina un 13% en promedio por encima del nivel salarial del género femenino, ampliándose la diferencia especialmente en los niveles jerárquicos más altos” para posteriormente preguntarnos ¿Por qué será que los varones cobran más por su trabajo que las mujeres? ¿Cuáles podrían ser los motivos por el cual hay más varones que mujeres en los cargos más importantes de las empresas? ¿Hay trabajos de varones y trabajos de mujeres? ¿Los varones necesitan ganar más que las mujeres? ¿Por qué? Para posteriormente dar lugar a que comparen esta nueva información con la que poseen de su propio entorno.

Las respuestas, las posibles explicaciones que se armen -los puntos de acuerdo y también los de desacuerdo- de manera colectiva o individual son un excelente ejercicio para pensar la discriminación laboral, la desigualdad salarial y división sexual del trabajo.

Para complejizar este abordaje sobre la desigualdad, con expresión en el ámbito laboral, es necesario relacionarlo con el lugar asignado socialmente a las mujeres en las tareas de cuidado de las infancias y las y los adultos mayores. Hace unos años el periódico Página 12 publicó una nota titulada “La desigualdad crece con la crisis”[6], en ella se muestra la cantidad de tiempo que las mujeres dedican al trabajo del cuidado y cómo estas tareas repercuten en su inserción en el mercado de trabajo.

Tomar algunos fragmentos como los siguientes y presentarlos para debatir, escuchar lo que piensan las y los estudiantes y realizar oportunas intervenciones es otra posibilidad de trabajo.

En América Latina las mujeres realizan el 73,5 por ciento del trabajo de cuidado no remunerado, en promedio dedican 2,8 veces más tiempo que los hombres a esas tareas que no suelen ser reconocidas como trabajo. “El trabajo de cuidados no remunerado constituye la principal barrera para la participación de las mujeres en los mercados laborales. En la región el 42,4 por ciento de las mujeres en edad laboral declararon que no estaban disponibles o que no buscaban trabajo debido al trabajo no remunerado. Los hombres en las mismas condiciones son solo el 5,2 por ciento”, explicó Arteta al referirse a una de las principales problemáticas de las estructuras laborales y distributivas latinoamericanas.

Desde esa perspectiva las tareas no remuneradas como el cuidado de niños y adultos mayores representan un obstáculo para la calidad del trabajo de las mujeres ya que afecta la cantidad de horas que pueden estar empleadas y, por lo tanto, limita sus ingresos. En otras palabras, existe la brecha salarial porque hay desigualdad en el hogar. “Las mujeres con responsabilidades de cuidado tienen más probabilidades de trabajar por cuenta propia y estar ocupadas en la economía informal y menos probabilidades de aportar al régimen de seguridad social”, consideró Arteta ante la consulta de este diario.

Sabemos que no es fácil abordar la violencia en la escuela y mucho menos la violencia por motivos de género. La visibilización, la desnaturalización y la problematización de las violencias son el camino para la construcción de otras maneras de relacionarnos. La escuela primaria nos ofrece un rol protagónico para esta construcción.   

Si se cuenta con la posibilidad de acceso a internet, se brindan algunos sitios de donde seleccionar recursos para ampliar este tema:

 

Notas periodísticas:

 


[1] Nuestras propias identidades de género, la manera en que nos han socializado y nos hemos socializado, así como las experiencias puntuales de nuestro recorrido de vida, hacen a una subjetividad que también intercede en la manera en la que pensamos y sentimos las violencias de género. Y por supuesto, esta subjetividad también está presente en nuestro quehacer docente. Es importante que seamos conscientes de ello y podamos trabajar con nuestros pares como un equipo en el cual apoyarnos y fortalecernos.   

[2] Muchas veces, la violencia de género y los femicidios aparecen en los medios de comunicación de manera sensacionalista. Noticias o programas enteros abordan el detalle de esos hechos, recogen testimonios desgarradores o muestran imágenes de violencia explícita. También, reconstruyen la vida de la persona que ha sido violentada tratando de justificar lo buena que era, como si existieran “buenas y malas víctimas”. Esta clase de materiales, además de tener un contenido de violencia explícita e innecesaria, no nos ayuda a comprender el problema, e introduce un horror que genera miedo e inmovilización ante la violencia.

[3] La Guía de Orientación para la Intervención en Situaciones Conflictivas en el escenario Escolar fue elaborada por la Dirección de Psicología Comunitaria y Pedagogía Social de la DGCyE en 2012.

[4] La violencia por motivo de género no recae solamente sobre las mujeres. Las personas trans, travestis, transgero, homosexuales y lesbianas también reciben cotidianamente la violencia estructural del patriarcado. Además es importante tener presente que  estas violencias, por motivo de género, se articulan con las violencias que sufren las personas por otros motivos especialmente aquellas que se desprenden de su clase social y el grupo etnico al que pertenecen. 

[5] Cecilia Giordano (8/03/2020) Aumentó la cantidad de mujeres en puestos directivos en el último año en Argentina en BAE Negocios. Disponible en   (26/5/2021).

[6] Tomás Lukín (9/10/2018) “La desigualdad crece con la crisis” en Página 12 disponible en (26/5/2021).