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Semana de la Educación Sexual Integral

Marco general. Reflexiones sobre el abordaje de las masculinidades en las instituciones educativas.

Creado: 01/08/2022 | Actualizado: 29/08/2022

Marco general

Reflexiones sobre el abordaje de las masculinidades en las instituciones educativas

En el marco del Calendario Escolar y en consonancia y cumplimiento de la Ley Nacional de Educación Sexual Integral N° 26.150 y la Ley Provincial de Educación Sexual Integral N° 14.744, se desarrolla desde el lunes 22 al viernes 26 de agosto la Semana de la ESI.

En un contexto en el cual ciertas situaciones de violencia de género, o hacia las identidades diversas al paradigma heteronormativo, se han ido agudizando, resulta prioritario que durante la semana de la ESI se pueda reflexionar y hacer hincapié en la enseñanza y el aprendizaje de contenidos que favorezcan el trato igualitario entre varones, mujeres, trans, identidades no binarias, lesbianas, gays, intersex+, con el fin último de prevenir violencias.

Estos objetivos pueden ser trabajados a partir del concepto y la noción de masculinidades con énfasis en el análisis crítico de las mismas caracterizadas como hegemónicas. 

 

Algunas nociones conceptuales: masculinidades hegemónicas, dominación masculina, “pedagogías de la crueldad” y rituales para hacerse varón

Los distintos discursos que circulan en la sociedad –culturales, políticos, estéticos, morales, entre otros– suelen naturalizar (o tomar como afirmaciones) al conjunto de atributos e ideas respecto de lo que es ser varón cis y de lo que es ser mujer cis. También de lo que se espera de cada quien, sus actitudes, modales e incluso posturas corporales que deben adoptar, roles sociales que deben cumplir y de las capacidades que tienen para desempeñar dichos roles. Al mismo tiempo, se construyen representaciones colectivas adecuadas a los géneros que definen criterios de normalidad (o sea, de lo que es normal que sea o haga un varón o una mujer). Los géneros, sus roles y expresiones son instituciones o construcciones sociales que se sostienen sobre lo biológico, y en las que se  asignan cualidades o significaciones de lo que cada cultura y sociedad construye como “lo masculino” y “lo femenino”. 

Los modos socialmente admitidos de ser mujer cis o varón cis, asentados sobre la heteronorma, han cambiado con el tiempo y, con ellos, las nociones de masculinidad y feminidad. 

Según la tesis desarrollada por Silvia Federici en Calibán y la bruja. Mujeres y acumulación originaria¹, en las sociedades occidentales, particularmente a partir del surgimiento del capitalismo, se produce una nueva división sexual del trabajo, donde los varones cis asumen el rol de la manutención económica de la familia, trabajan fuera de la casa y relegan a las mujeres cis al hogar y al cuidado de las hijas y los hijos (producción y reproducción de la fuerza de trabajo no reconocido salarialmente). Al mismo tiempo, emergen ciertas nociones de ser hijo, padre, compañero, macho, “sexo fuerte”, amante, como formas predominantes de ser varón frente a ser hija, madre, “sexo débil”, sujeto no deseante, casta, pasiva y sumisa como formas de ser mujer. De ese modo, el mundo se divide de una manera básica y dual donde se coloca a las mujeres en situaciones de asimetría, ocultamiento y desvalorización dentro de un orden social regido y dominado por los varones y lo masculino.

Para Rita Segato², el patriarcado o relación de género basado en la desigualdad, se caracteriza por una “pedagogía de la crueldad” de los varones cuya máxima expresión es el ataque sexual y la explotación hacia las mujeres y los femicidios. La autora especifica que la masculinidad está más disponible para la crueldad porque la vida social, la socialización y el entrenamiento para la vida de los sujetos varones –ya presente desde los juegos infantiles– obligan a desarrollar una afinidad de significados entre masculinidad y guerra, entre masculinidad y crueldad, entre masculinidad y baja empatía. Y las mujeres son empujadas al papel de objeto, disponible y desechable. 

Para caracterizar esta situación, en los años ochenta del siglo XX, algunas autoras como Raewin Connell³ introducen el concepto de masculinidad hegemónica, entendido como un modelo de prácticas (es decir, cosas hechas, no solo un conjunto de expectativas o una identidad) que permite la continuidad del dominio de los varones sobre las mujeres y legitiman ideológicamente la subordinación global de las mujeres cis a los varones cis, que reciben así los beneficios del patriarcado. 

De este modo, algunas características de la masculinidad hegemónica son las siguientes:

  • Es la manera concreta de expresar el género masculino, la más corrientemente aceptada, la que aporta legitimidad al patriarcado y garantiza la posición dominante de los varones y la subordinación de las mujeres.
  • Es la forma culturalmente idealizada de la virilidad que es social y jerárquicamente exclusiva: Preocupados por ganar el pan cotidiano, los varones se diferencian por su dureza, la competitividad, la contrariedad e inestabilidad psicológica y propensión a la crisis.
  • Se construye en oposición a lo femenino. Ser varón significa no ser mujer y esto implica eliminar todo un conjunto de sensaciones, afectos, debilidades, sensibilidades y necesidades.
  • La definición de “verdadero varón” va ligada al mandato de heterosexualidad. El no cumplimiento de este mandato es sancionado socialmente como homosexualidad o baja del estatus de “hombría”.
  • Un hombre que se precie de tal tiene heroísmo y coraje, no tiene que tener miedo y debe proteger a las personas a su cargo.
  • Su naturaleza de varón protector no le permite rehuir el combate y además debe ser competitivo y tener éxito.
  • El varón es macho, amante, agresivo, sexualmente potente y activo.
  • El varón tiene necesidad de enfrentarse a retos: físicos, profesionales, entre otros. 
  • El varón debe traer el pan a casa: alimentación, vestido y éxito económico.
  • En síntesis, es poseedor de las tres “p”: protección, provisión y potencia.

Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La visión dominante de la masculinidad, o de lo que Pierre Bourdieudenomina dominación masculina, se expresa en discursos, refranes, proverbios, adivinanzas, poemas, dichos tales como “los varones no lloran” “las mujeres son más sentimentales” o letras de canciones como “La mujer que al amor no se asoma no merece llamarse mujer"5 o afirmaciones que adquieren categoría de cierto sentido común como, por ejemplo, “las mujeres no saben conducir vehículos”. Así como en representaciones gráficas, pinturas (las mujeres cuidan o amamantan a sus hijos y los varones están en la guerra) y publicidades (generalmente una mujer es usada como modelo para vender artículos de cocina o electrodomésticos y un varón como modelo para vender herramientas para la casa o automóviles) y de modo más amplio, en todas las prácticas, especialmente en las técnicas y rituales del cuerpo como la postura o los ademanes y el porte. 

A su vez, David Gilmore en Haciéndose hombre. Concepciones culturales de la masculinidad6 hace hincapié en que el código masculino, el culto a la masculinidad, incluye un elemento de dominio que presupone que el hombre es superior a la mujer y quien manda. El autor se focaliza en ciertos rituales de las sociedades occidentales para convertirse en “hombres verdaderos” u “hombres de verdad” que suelen ser violentos y adquieren diferentes formas a través del tiempo: pederastia, “malteada”, pantalón largo, uso del reloj, servicio militar obligatorio, entre otros.

Este marco suele naturalizar, habilitar o dar lugar a las llamadas violencias por razones de género, a la relación asimétrica y desigual entre los géneros, a la discriminación a las diversidades sexuales y a los crímenes de odio. La violencia por razones de género abarca las situaciones de discriminación hacia las lesbianas (doblemente discriminadas por ser mujeres y lesbianas) y la situación de travestis y trans, cuya visibilidad las hizo históricamente víctimas de la marginación del mundo de la educación y del trabajo. A su vez, trans y travestis son históricamente marginadas de los sistemas de salud oficiales, lo cual no les permite contar con los controles sanitarios adecuados en relación a las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y las personas trans son víctimas de prácticas en las que no les administran los productos adecuados para sus modificaciones corporales, acortando su promedio de vida a los treinta o cuarenta años. 

 

Las masculinidades en las instituciones educativas

En la semana de la ESI, y desde estas teorizaciones, destacamos la importancia de reflexionar colectivamente acerca de los modos de concebir las masculinidades en las escuelas, sabiendo que en la vida cotidiana, en los rituales institucionales y en las prácticas docentes habitan múltiples sentidos -muchas veces contradictorios- acerca de cómo deben ser las niñas y los niños, las mujeres y los varones. 

Esta es una oportunidad para detenerse a pensar e interrogarse, junto con otras y otros, sobre cómo se dinamizan las diferentes aristas de la masculinidad hegemónica en las propias interacciones que se producen tanto entre las niñas y los niños, entre estudiantes y docentes, así como también entre las escuelas y las familias. 

  • ¿Qué representaciones se ponen en juego acerca de cómo son y deben ser los varones en los jardines y en las escuelas? 
  • ¿Qué expectativas prevalecen sobre ellos? 
  • ¿En qué se diferencian de las que se producen sobre otras identidades?
  • ¿Cómo aparecen estas representaciones sobre la masculinidad en la organización institucional?  
  • ¿Y cómo se reproducen y resignifican en los espacios de las salas y las aulas? 
  • Estos sentidos cristalizados sobre la masculinidad, ¿qué tensiones y acuerdos generan  en la comunidad educativa? 
  • Como docentes, ¿cómo nos interpelan y cómo intervenimos sobre estos conflictos? 

Como parte de los lineamientos político-pedagógicos de la ESI, problematizar los sentidos y las prácticas en torno a las masculinidades, constituye una apuesta fundamental para promover relaciones e identidades más libres, democráticas e igualitarias. 

 

Nivel Inicial y Nivel Primario - Primer ciclo

En relación con las propuestas de enseñanza dirigidas a las niñas y los niños de jardín y primeros años de la escuela primaria, se propone indagar  juegos, colores, profesiones y deportes que a lo largo del tiempo han estado atravesados por los estereotipos de género, la noción de dominación masculina y masculinidad hegemónica. 

Asimismo, se pueden contraponer con la exhibición y el análisis de materiales (fotografías, publicidades, relatos, etc.) que pongan en cuestión esos estereotipos y propongan nuevas masculinidades y otras formas de ser varón.


Imagen tomada de Pexels.


Imagen tomada de Freepik.

Se pueden analizar películas tales como Zootopia, de Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush o Valiente, dirigida por Mark Andrews y Brenda Chapman, y dialogar con las y los estudiantes en torno a las siguientes consignas: 

  • ¿Quiénes son las protagonistas de cada una de las películas? 
  • ¿Qué profesiones realizan? 
  • ¿En qué se diferencian de otras películas que hayan visto y por qué? 
  • ¿Qué mensaje dejan ambas películas?  

En el caso de la primera película, ¿por qué a la conejita Juddy Hops en la ciudad de animales mamíferos Zootopia le cuesta ser la primera agente de un cuerpo policial? 

  • ¿Cómo reaccionan los otros animales? 
  • ¿Cómo termina la película? 
  • ¿Quién salva a Zootopia

En la segunda película:

  • ¿Qué ancestrales costumbres desafía Mérida al convertirse en arquera? 
  • ¿Qué consecuencias traen sus acciones para el reino? 

 

Nivel Primario – Segundo ciclo y Nivel Secundario

Para el segundo ciclo de Primaria y para el Nivel Secundario se orienta trabajar con el análisis de biografías y personajes de la historia que ejemplifiquen las nociones de masculinidad hegemónica y otras masculinidades. 

Se puede contraponer la clásica noción de “Padres de la Patria” con la visibilización y/o revalorización de figuras tales como Remedios del Valle o Juana Azurduy, entre otras.

También sería posible trabajar sobre diferentes refranes, canciones y publicidades que refuercen la idea de masculinidad hegemónica y proponer que las y los estudiantes piensen otras formas de ser varón. 

Se propone analizar instrumentos jurídicos tales como la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, identificando la marca de género de esos instrumentos y las situaciones históricas y contemporáneas donde se han violado artículos de dichas declaraciones. 

Desde literatura y arte se sugiere analizar críticamente cuentos como Hombre de la esquina rosada de Jorge Luis Borges o la obra de teatro Un guapo del ‘900 de Samuel Eichelbaum, haciendo hincapié en el tipo de masculinidades que aparecen retratadas. 

También se pueden analizar, a través de situaciones históricas o contemporáneas, los rituales o las maneras que las sociedades históricamente han pensado el “hacerse hombre”.

 

Bibliografía consultada

Bourdieu, Pierre (2000). La dominación masculina. Anagrama, Barcelona.

Connell, Rawyn, (1995). "La organización social de la masculinidad". En: Valdés, Teresa; Olavarría, José (Ed.). Masculinidad/es: poder y crisis. Ediciones de las Mujeres, p. 31-48. Santiago de Chile.

Federici, Silvia (2010). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de sueños, Buenos Aires.

Gilmore, David (1994). Hacerse hombre. Concepciones culturales de la masculinidad. Paidós, Barcelona.

Segato, Rita (2018). Contrapedagogías de la crueldad. Prometeo, Buenos Aires.

 


1Federici, S. (2010). Calibán y la bruja. Mujeres y acumulación originaria. Buenos Aires, Traficantes de sueño.

2Segato, R. (2018). Contrapedagogías de la crueldad. Buenos Aires, Prometeo.

3Connell, R. (1995). "La organización social de la masculinidad". En: Valdés, Teresa; Olavarría, José (Ed.). Masculinidad/es: poder y crisis. Santiago de Chile, Ediciones de las Mujeres.

4Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. Barcelona, Anagrama.

5Fragmento de "Una mujer", canción de João Gilberto.

6Gilmore, D. (1994). Haciéndose hombre. Concepciones culturales de la masculinidad. Barcelona, Paidós.