Palabra clave: «Derechos humanos»
¿Qué palabras permiten narrar el terrorismo de Estado y transmitir su memoria? Palabras clave para una pedagogía de la memoria reúne 50 términos para pensar la dictadura a 50 años del golpe.
Creado: 12 marzo, 2026 | Actualizado: 19 de marzo, 2026
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“Los argentinos somos derechos y humanos” fue una de las frases que en 1979 hizo circular la dictadura para recibir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos, cuyos miembros viajaron al país para corroborar las denuncias que habían recibido sobre los crímenes del terrorismo de Estado. El ministro del Interior de entonces, el general Albano Harguindeguy, había mandado a imprimir 250 mil calcomanías con el cínico lema para contrarrestar lo que se consideraba una “campaña antiargentina”.
Pese a los intentos de la dictadura, la demanda por los derechos humanos se fue instalando en la esfera pública a medida que el gobierno de facto perdía legitimidad entre la población. Desde aquel entonces hasta la actualidad, la idea de “derechos humanos” se instaló en la sociedad argentina, por un lado, asociada a la memoria y a las luchas de los organismos de derechos humanos y, por otro, a nuevas organizaciones que fueron surgiendo para reclamar por diferentes deudas pendientes de la vida democrática.
Pero ¿qué son los derechos humanos? En principio, los derechos a ser libres e iguales, tener una nacionalidad, poder votar, no ser víctimas de discriminación, acceder a una vivienda, contar con la alimentación adecuada y asistencia médica, recibir educación, hacer actividades culturales, circular con libertad, exigir y respetar los derechos de las demás personas, entre otras cosas. ¿Y por qué deberían cumplirse? Podría decirse que porque “así lo establece la ley” o porque “los Estados deben garantizarlos”. Pero estas respuestas, que son adecuadas, no son suficientes.
Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, en 1945, y luego de que la comunidad internacional condenara el horror de los crímenes cometidos por el nazismo durante el Holocausto, el derecho internacional revisó el poder de los Estados y sus responsabilidades. En este sentido, la filósofa Hannah Arendt escribió que todas las personas tienen “derecho a tener derechos”. Con este enunciado, señalaba que era necesario evitar que los Estados dejaran sin derechos humanos a aquellas minorías, por ejemplo la población judía o gitana, que el poder consideraba por fuera de la nacionalidad, tal como había sucedido en Europa con millones de personas durante el nazismo.
Surge, entonces, la necesidad de que los derechos humanos tengan una protección internacional. Para Arendt, la situación de millones de personas carentes de derechos durante el Holocausto fue generando la conciencia de que los derechos humanos debían regir más allá de las fronteras de los Estados nacionales.
En 1948 se estableció la Declaración Universal de los Derechos Humanos y posteriormente se firmaron numerosos pactos, tratados y convenciones internacionales que buscaron arribar a un piso respecto de los atributos básicos de la condición humana. Por el hecho de ser personas, todas y todos tenemos un conjunto de derechos.
De esta forma, los derechos humanos pueden ser entendidos como una respuesta a los genocidios del siglo xx. Como señala la socióloga argentina Elizabeth Jelin, estos derechos son el producto “de conquistas logradas por hombres y mujeres que, en contextos históricos específicos, se han preocupado por lograr que las instituciones reconozcan los atributos humanos que deben ser garantizados”. Además, estos derechos provienen de haber entendido que es necesario ampliar el acceso a “más y más seres humanos previamente discriminados y excluidos en función de su género, raza, edad, etnicidad, educación”. Por eso, conocer la historia de los derechos humanos siempre es conocer la historia de las luchas sociales por su ampliación.
Esa ampliación, siempre inconclusa, permite distinguir derechos de primera generación (derechos civiles y políticos); de segunda generación (derechos económicos, sociales y culturales); y de tercera generación (los que afectan a colectivos que comparten intereses comunes, como por ejemplo los derechos ambientales). Hay, incluso, quienes hablan de una cuarta generación de derechos, relacionados con el acceso a la tecnología y la comunicación.
En Argentina, hay registro de organizaciones de derechos humanos desde mediados de los años treinta. La Liga Argentina por los Derechos del Hombre se constituyó en 1937 para defender a quienes se encarcelaba y torturaba por sus ideas. A partir de la última dictadura, y como respuesta a los crímenes masivos cometidos por el terrorismo de Estado, surgieron otros organismos de derechos humanos que se constituyeron en un nuevo actor colectivo de relevancia, de carácter ético y pacificista, conocido como “movimiento de derechos humanos”.
Este movimiento se organizó en clave humanitaria y subrayó la defensa del derecho humano de toda persona a que el Estado no la secuestre, la torture ni la haga desaparecer. Este marco interpretativo que coloca en el centro los derechos humanos, más allá de las identidades políticas de las personas desaparecidas, permitió construir un andamiaje legal para denunciar internacionalmente los crímenes que estaban ocurriendo en Argentina y evidenciarlos como delitos de lesa humanidad.
La caracterización de estas agrupaciones como “movimiento” remite, por un lado, a que no se identificaban con un partido político específico, sino que defendían derechos universales. Por otro, a que su construcción se hizo “desde abajo”, con una organización flexible y diferenciadas del Estado, que era el actor al que se dirigían y demandaban. Por último, su multiplicidad permitió desplegar estrategias de intervención novedosas (iniciativas legales, movilización callejera, contención afectiva para las víctimas y vínculos con las agencias del Estado). A su vez, sí hay un elemento que aglutinó estas múltiples experiencias: la lucha por la memoria, la verdad y la justicia en relación con el pasado reciente y la defensa de los derechos humanos en el presente. Durante las últimas décadas de la vida democrática, algunos organismos de derechos humanos tuvieron un rol activo en la construcción de políticas públicas de memoria, encontrando nuevas formas de articular con el Estado.
Dentro de la multiplicidad de los organismos de derechos humanos están los conocidos como los “ocho históricos”: la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (1937), el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ, 1974), la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH, 1975), el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH, 1976), Fami liares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas (1976), Madres de Plaza de Mayo (1977), Abuelas de Plaza de Mayo (1977) y Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS, 1979). A este grupo se sumaron posteriormente la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas (1984), el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF, 1984) y el colectivo Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia y contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S., 1995).
Algunos análisis diferencian a aquellos integrados por “afectados directos” (los organismos fundados en el lazo sanguíneo con las víctimas del terrorismo de Estado) y los integrados por “no afectados” (personas de la sociedad civil comprometidas con la lucha). Esta distinción, sin embargo, es más “teórica” que real, ya que en muchas de las organizaciones de “no afectados” participan familiares de víctimas.
Algunas de estas organizaciones se conformaron en distintas ciudades argentinas como Buenos Aires, Neuquén, Santa Fe, Rosario, Córdoba y Mar del Plata. Otras tienen representación nacional y hay algunas que, incluso, tienen presencia en otros países a partir de las iniciativas de las comunidades de exiliados. Por otro lado, a partir del regreso de la democracia en 1983, surgieron comisiones de derechos humanos en facultades, hospitales, fábricas, escuelas secundarias, sindicatos, clubes y barrios. Estos agrupamientos permiten recuperar memorias locales y conocer cómo operó la represión en diferentes escalas.
Las organizaciones de derechos humanos son un actor clave de la vida colectiva. Fueron, de alguna manera, los que evidenciaron que solo era posible la recuperación de la democracia si se restauraba el respeto básico por la vida humana. Ese “marco teórico” permite que el legado de la memoria, la verdad y la justicia sea un piso para ampliar las deudas pendientes del presente.
Bibliografía
Alonso, Luciano (2022). “Que digan dónde están”. Una historia de los derechos humanos en Argentina. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Prometeo.
Arendt, Hannah (2013). Los orígenes del totalitarismo. Madrid: Alianza Editorial.
Comisión Provincial por la Memoria (2001). Dossiers Historia de los Organismos de Derechos Humanos 25 años de Resistencia. La Plata: Comisión Provincial por la Memoria.
Crenzel, Emilio (2019). Más allá de organizaciones históricas, las figuras emblemáticas y las prácticas reconocidas. Elementos para repensar al movimiento de derechos humanos en la Argentina. Estudios IberoAmericanos, 45(1), 416. Jelin, Elizabeth (2011). Los derechos como resultado de luchas históricas. En E. Jelin, S. Caggiano y L. Mombello, Por los derechos. Hombres y mujeres en la acción colectiva. Buenos Aires: Editorial Nueva Trilce.