Palabra clave: «Guerra de Malvinas»

¿Qué palabras permiten narrar el terrorismo de Estado y transmitir su memoria? Palabras clave para una pedagogía de la memoria reúne 50 términos para pensar la dictadura a 50 años del golpe.

Creado: 12 marzo, 2026 | Actualizado: 19 de marzo, 2026

La guerra de Malvinas fue un enfrentamiento bélico entre Argentina y Gran Bretaña ocurrido en 1982. Es un acontecimiento difícil de explicar porque implica reconocer que se libró por una causa soberana justa, aunque en el contexto de una dictadura donde la soberanía popular estaba suspendida.

Las islas Malvinas están ubicadas en el Mar Argentino, a unos 600 km de la costa patagónica, en una zona de abundantes bienes naturales. Tienen una superficie de 11.728 km² (53 veces la ciudad de Buenos Aires y 434 veces la ciudad de La Plata) que se compone de dos islas principales, Soledad y Gran Malvina, y unos 200 islotes pequeños. Por motivos geográficos, históricos y diplomático-jurídicos pertenecen a la República Argentina, pero fueron usurpadas por Gran Bretaña, que las invadió en 1833 como parte de su proyecto de expansión imperial de ultramar.

La guerra de Malvinas se extendió por 74 días, entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982. En ella perdieron la vida 649 argentinos y 255 británicos. Las tropas nacionales estaban integradas por personal de las Fuerzas Armadas; soldados conscriptos de todas las provincias del país, mayoritariamente de las clases 1962 y 1963 que se encontraban bajo el régimen del Servicio Militar Obligatorio; y mujeres que viajaron en calidad de instrumentadoras quirúrgicas, enfermeras o radio operadoras, entre otras funciones. Según los datos oficiales del Ministerio de Defensa, en la guerra participaron más de veinte mil combatientes.

Para comprender lo sucedido en esta guerra es necesario conocer el contexto en el que se desarrolló. A principios de 1980, la dictadura militar sufría un desgaste producto de las denuncias por violaciones a los derechos humanos y las consecuencias de un plan económico desindustrializador que generaba pobreza y desocupación. En ese marco, el 30 de marzo de 1982 la Confederación General del Trabajo (CGT) convocó a una marcha bajo el lema “Paz, pan y trabajo”. Si bien debido a la represión las y los manifestantes no pudieron llegar a la Plaza de Mayo, donde se convocaba a marchar, expresaron su oposición al grito de “se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar”.

Dos días después de esta marcha, el 2 de abril, la dictadura sorprendió a la opinión pública con el desembarco en Malvinas, en las cercanías de Puerto Argentino. Con esta acción, llamada Operación Rosario, logró el control argentino sobre las islas. En el continente, la medida recibió apoyo de buena parte de la sociedad, que salió a las calles a celebrar la recuperación, aunque eso no implicara necesariamente el apoyo a la dictadura.

El gobierno militar pretendía con esta operación forzar una negociación con el Reino Unido, pero no imaginaba una respuesta militar. Este fue uno de sus primeros errores políticos, ya que Gran Bretaña movilizó hacia la zona una fuerza militar poderosa, la más grande desde la Segunda Guerra Mundial. Durante abril, se sucedieron las negociaciones diplomáticas con el objetivo de resolver la tensión. Si bien Argentina consiguió el acompañamiento de varios países latinoamericanos, el gobierno de facto cometió otra equivocación de lectura del contexto cuando creyó que Estados Unidos se mantendría neutral. Lejos de ocurrir esto, los estadounidenses declararon su apoyo a Gran Bretaña. Otro tanto hizo la OTAN que, aunque no intervino directamente, brindó su apoyo logístico a Gran Bretaña.

Con este panorama, la hipótesis del combate se volvió cada vez más cercana. A finales de abril, los británicos expulsaron a los argentinos de las islas Georgias y, el 1º de mayo, bombardearon Puerto Argentino. Un día después, el 2 de mayo, continuaron los ataques y hundieron el crucero ARA General Belgrano, que navegaba fuera de la zona de exclusión establecida por los mismos ingleses el 12 de abril de 1982, por lo que el hecho está considerado como crimen de guerra. Allí murieron 323 tripulantes argentinos y otros lograron sobrevivir gracias a heroicas acciones de salvataje. Unos días después, los aviones argentinos contraatacaron y bombardearon el crucero Sheffield con un misil Exocet, donde murieron 21 ingleses.

Durante el mes de mayo, mientras los soldados esperaban en sus “pozos de zorro” con frío, ansiedad y hermanados con sus compañeros, la aviación argentina intentó durante muchos días evitar el desembarco enemigo. Pero, a pesar de su empeño, no pudo impedirlo: el 21 de mayo los ingleses desembarcaron en el noroeste de la Isla Soledad y marcharon hacia Puerto Darwin. Entre el 27 y 28 de mayo se desarrollaron duras batallas que terminaron con la rendición argentina. Los ingleses, entonces, avanzaron hasta los cerros que rodean Puerto Argentino y atacaron diariamente, por cielo y por tierra, las posiciones defensivas nacionales. El 10 de junio comenzaron los sangrientos combates de Monte Longdon, Monte Dos Hermanas, Cresta del Telégrafo y Monte Tumbledown y el 14 de junio, finalmente, el gobernador militar Mario Benjamín Menéndez firmó la rendición argentina.

A partir de allí comenzó una posguerra que se extiende hasta el presente y que implicó para la sociedad argentina procesar la herida colectiva, encontrar un modo de alojar a quienes regresaron y establecer un vínculo democrático con una causa nacional que había sido utilizada de modo ilegítimo por una dictadura que ejerció el terrorismo de Estado hacia su población en nombre de “la patria”.

Las primeras décadas de este período fueron conocidas con el nombre de “desmalvinización”, ya que tanto la cuestión como la causa Malvinas fueron marginadas de la escena pública. La ausencia de políticas de reconocimiento para los combatientes y la falta de acompañamiento parecieron ser las causas de lo más doloroso: una cantidad significativa de suicidios entre quienes habían regresado.

La contracara de este drama fue la organización colectiva de los ex combatientes para exigir sus derechos y procesar lo vivido desde su propia experiencia generacional. El escritor y soldado Gustavo Caso Rosendi representa esta búsqueda en su poemario sobre Malvinas. Utiliza la palabra “sobremurientes” para identificar a sus compañeros y, a la vez, los describe como los que “todavía sueñan con regresar algún día”.

Hubo agrupaciones de soldados, en esos años, que hicieron importantes esfuerzos por separar la causa nacional del uso que la dictadura había hecho de ella y distinguir entre los soldados conscriptos y los miembros de las Fuerzas Armadas, ya que algunos que habían ido a las islas también habían cometido delitos de lesa humanidad como integrantes de la dictadura.

En los años noventa los excombatientes recibieron una pensión vitalicia y en 1998 se los reconoció como “héroes nacionales”, una distinción imprescindible pero que en esta ocasión se otorgó, incluso, a los que habían cometido crímenes en el marco del terrorismo de Estado. En esta década, además, se reanudaron los viajes humanitarios a Malvinas y se avanzó en la construcción del cementerio de Darwin en las islas. Sin embargo, no se lograron avances en las negociaciones internacionales por la soberanía. Hubo que esperar hasta los años 2000 para superar la “desmalvini zación”. A partir de 2003, las alianzas establecidas con países latinoamericanos y de otras regiones del mundo permitieron plantear en los foros internacionales el reclamo de soberanía en el Atlántico Sur. En esa década también se desarrollaron políticas educativas y se inauguró en 2014 el Museo Malvinas en el predio de la exESMA. Por otro lado, se desclasificó y se hizo público el Informe Rattenbach, un documento elaborado en 1982 por una comisión integrada por miembros de las propias Fuerzas Armadas que analiza su desempeño en la guerra concluyendo que el conflicto fue encarado “de forma improvisada”. Por último, en estos años se logró identificar con nombre y apellido a 121 soldados que estaban enterrados en el cementerio de Darwin bajo la leyenda “Soldado argentino solo conocido por Dios”.

A la guerra de Malvinas hay quienes la llaman “gesta” o, por el contrario, quienes le dicen “guerra absurda” o “manotazo de la dictadura”. Tal vez, más que adjetivar, habría que insistir en la complejidad de este acon tecimiento: una guerra decidida por una dictadura; apoyada por buena parte de la sociedad, incluso por opositores al gobierno de facto; y soste nida en una reivindicación justa que sigue pendiente, ya que en la actua lidad Malvinas es uno de los diecisiete enclaves coloniales que subsisten en el mundo, catorce de los cuales están bajo jurisdicción británica. Por eso, desde 1994 la Constitución Nacional incluye una Disposición Transitoria que expresa: “La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescrip tible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional”.

Bibliografía

Archivos Abiertos. Informe Rattenbach. Comisión de Análisis y Evaluación de Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur. Ministerio de Defensa de la Nación.

Caso Rosendi, Gustavo (2009). Soldados. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Nación.

Lorenz, Federico (2006). Las guerras por Malvinas 1982-2022. Buenos Aires: Edhasa.

Ministerio de Educación de la Nación (2010). Pensar Malvinas: una selección de fuentes documentales, testimoniales, ficcionales y fotográficas para trabajar en el aula. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Nación.

Speranza, Graciela y Cittadini, Fernando (1997). Partes de guerra. Malvinas 1982. Buenos Aires: Edhasa.

Palabras clave (para una pedagogía de la memoria)

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