Palabra clave: «Organizaciones político-militares»

¿Qué palabras permiten narrar el terrorismo de Estado y transmitir su memoria? Palabras clave para una pedagogía de la memoria reúne 50 términos para pensar la dictadura a 50 años del golpe.

Creado: 13 marzo, 2026 | Actualizado: 19 de marzo, 2026

El siglo XX estuvo caracterizado por guerras mundiales, genocidios y revoluciones. La violencia, en sus diferentes formas, marcó el paisaje social. En Argentina, en particular, la situación transcurría entre golpes de Estado que impedían la consolidación de la democracia. En ese contexto, desde los años sesenta en adelante, surgieron en el país organizaciones político-militares que, inspiradas en la experiencia de la Revolución Cubana, consideraron que la lucha armada era el camino para resolver los conflictos sociales y políticos. Estas organizaciones, a las cuales no es posible analizar sin una mirada crítica, fueron acompañadas por parte de una generación que rechazaba al orden existente y soñaba con lo que denominaba el “hombre nuevo”.

Las organizaciones político-militares surgieron en diferentes países de América Latina durante el contexto de la Guerra Fría (el conflicto que entre 1947 y 1991 mantuvieron los Estados Unidos y la Unión Soviética, y que dividió al mundo en los bloques occidental capitalista y oriental comunista). Se oponían con firmeza a la injerencia de los Estados Unidos en el continente y se consideraban parte del movimiento tercermundista de liberación, emparentado con las luchas de descolonización de África y Asia. Combinaban la acción política con la acción militar, pero esta última no se reducía exclusivamente al uso “defensivo” contra la persecución y la represión estatal. Para estas agrupaciones, el camino de la lucha armada era el único posible para concretar sus ideas: estaban dispuestas a matar y dar la vida por sus ideales.

En América Latina, la referencia fundamental de esta concepción era la figura de Ernesto “Che” Guevara, protagonista de la Revolución Cubana, quien en su libro La guerra de guerrillas (1960) desarrollaba lo que después se llamaría la “teoría del foco”. Esta teoría sostenía tres principios:

  1. Las fuerzas populares pueden ganar una guerra contra el Ejército.
  2. No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución, sino que el foco insurreccional puede crearlas.
  3. En la América subdesarrollada, el terreno de la lucha armada debe ser, fundamentalmente, el campo.

Si bien Guevara advertía que ningún foco debía instalarse donde hubiera gobiernos constitucionales, esa idea prontamente se relativizó.

Muchas de las organizaciones latinoamericanas que se inspiraron en la figura de Guevara y la Revolución Cubana visitaron ese país en los años sesenta para recibir entrenamiento político y militar.

Las primeras agrupaciones guerrilleras argentinas fueron los Uturuncos y el Ejército Guerrillero del Pueblo, liderado por el periodista Jorge Masetti, que se instaló en Salta con la idea de apoyar el foco guerrillero que el propio Guevara crearía en Bolivia. El asesinato de Guevara en ese país en 1967 dejó a la vista las limitaciones y lo errado de su proyecto de foco rural. Estas experiencias argentinas de guerrilla, que fueron rápidamente reprimidas, constituyeron antecedentes directos de las organizaciones de los sesenta y principios de los setenta.

Esta forma de entender la política implicó en nuestro país que una franja de la juventud no encontrara en los partidos tradicionales de izquierda un lugar donde identificarse por considerar que eran “etapistas” y no revolucionarios, es decir que partidos como el Socialista o Comunista consideraban que el cambio tenía que darse de forma gradual. Asimismo, esta generación hizo una relectura del peronismo, similar a la que venían realizando desde fines de la década de 1950 grupos de intelectuales y personas ligadas a la acción social católica. Consideraban que el peronismo, además de ser la identidad política de las trabajadoras y los trabajadores, era una ideología nacional, popular y antiimperialista que podía ser “potencialmente” revolucionaria.

En 1970, en medio de una dictadura que ya estaba desgastada por sus propias internas y la movilización popular, surgió la organización Montoneros, de identidad peronista. Se presentó con una acción resonante: el secuestro y asesinato de Pedro Eugenio Aramburu, un militar que había sido responsable de los fusilamientos de militantes peronistas y civiles en 1956 y que estaba involucrado en la desaparición del cuerpo de Eva Perón. En 1970 también surgió el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que tenía una filiación marxista, trotskista e indigenista y se constituyó en el “brazo armado” del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Con el tiempo emergieron otras organizaciones como las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), ligadas originalmente con el “peronismo de base”; Descamisados, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), cuyos miembros provenían del marxismo.

La lucha armada como método de transformación política, que hoy genera tanto rechazo como extrañeza, era parte del escenario político y social. En Los años setenta de la gente común, el sociólogo Sebastián Carassai plantea que una gran parte de la población, cuya vida había transcurrido mayoritariamente en dictaduras militares, tenía naturalizada la violencia. En su libro pone ejemplos: en la telenovela más exitosa de entonces, Rolando Rivas Taxista, uno de los personajes se “hace guerrillero” y la publicidad del diario “El Cronista Comercial” –especializado en finanzas– utilizaba para promocionar su salida una foto de Fidel Castro, líder de la Revolución Cubana, con un texto que decía: “Si este señor leyera el Cronista Comercial sabría mejor cómo organizar la subversión”.

Según explica la politóloga Pilar Calveiro en el libro Política y/o violencia, el apogeo de estas organizaciones político-militares se produjo durante la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-1970), en los años previos a las elecciones presidenciales que consagraron a Héctor Cámpora como presidente (1973). Montoneros cumplió un rol en las acciones que pusieron fin a la dictadura de 1970 y colaboraron en el retorno de Juan Domingo Perón, que había estado proscripto durante 18 años. Sin embargo, cuando comenzó el nuevo gobierno democrático, su “sesgo militarista” se fue acentuando y provocó, incluso, que desconociera al gobierno elegido democráticamente en 1973 y pasara “a la clandestinidad”. ¿Por qué sucedió esto, si se suponía que luchaban contra la dictadura y por el regreso de Perón al país? Porque Montoneros consideraba que no se estaban llevando adelante los cambios revolucionarios prometidos, lo que generó una fuerte disputa con otros sectores del peronismo, e incluso con el propio Perón, lo que provocó una ruptura que con el tiempo sería trágica. En el caso del ERP, su accionar por fuera del aparato legal ya se había consumado en 1973, cuando había sido declarado ilegal por el gobierno constitucional.

Sin embargo, como señalan los historiadores Hernán Confino y Rodrigo González Tizón, esta radicalización política nunca implicó control de territorio ni paridad alguna con el aparato militar del Estado: “De ahí que la definición del proceso político como una guerra sea insostenible”, afirman en Anatomía de una mentira.

Previamente al golpe de 1976, estas organizaciones se enfrentaron con la Triple A, la Alianza Anticomunista Argentina, una organización paramilitar de derecha. También fueron reprimidas en el “Operativo Independencia” en Tucumán, ejecutado por el propio Ejército en 1975. Y, finalmente, resultaron militarmente aniquiladas durante los primeros meses del golpe de Estado de 1976.

Bibliografía

Calveiro, Pilar (2006). Política y/o violencia. Buenos Aires: Norma.

Confino, Hernán y González Tizón, Rodrigo (2024). Anatomía de una mentira.

Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Oberti, Alejandra y Pittaluga, Roberto (2006). Memorias en montaje. Escrituras sobre la militancia y pensamientos sobre la historia. Buenos Aires: El Cielo por Asalto.

Peralta, Amanda (2020). …por otros medios. De Clausewitz a Guevara: guerra, revolución y política en la tradición del pensamiento marxista. Buenos Aires: Caterva.

Terán, Oscar (1989). Nuestros años sesentas. Buenos Aires: Puntosur.

Palabras clave (para una pedagogía de la memoria)

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