Palabra clave: «Noche de los lápices»
¿Qué palabras permiten narrar el terrorismo de Estado y transmitir su memoria? Palabras clave para una pedagogía de la memoria reúne 50 términos para pensar la dictadura a 50 años del golpe.
Creado: 16 marzo, 2026 | Actualizado: 19 de marzo, 2026
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A mediados de septiembre de 1976, un grupo de estudiantes de nivel secundario fue secuestrado en la ciudad de La Plata por miembros de la policía de la provincia de Buenos Aires. El acontecimiento, conocido como la “Noche de los lápices”, se transformó en un hito identitario del movimiento estudiantil. No solo por la identificación que se produjo con las víctimas jóvenes sino también por cómo, a partir de 1986, fue narrado por un libro y una película del mismo nombre, lo que puso de manifiesto que sin narración no hay memoria ni tampoco historia.
El 16 de septiembre, fueron secuestradas y secuestrados María Clara Ciocchini, Claudio de Acha, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro y en días anteriores y sucesivos, Emilce Moler, Pablo Díaz, Patricia Miranda y Gustavo Calotti. Fueron trasladadas y trasladados a centros clandestinos del Circuito Camps y solo cuatro –Díaz, Moler, Calotti y Miranda– lograron sobrevivir.
Este caso no fue el único ni el primero donde estudiantes de secundaria fueron víctimas del terrorismo de Estado. En el Colegio Nacional Vicente López (hoy EES Nº 6) asesinaron y desaparecieron a nueve estudiantes entre 1976 y 1977. También “los chicos de la ENET” en Bahía Blanca tuvieron el mismo destino en diciembre de 1976 y en el ex-ENAM de Banfield, bajo el nombre “la división perdida”, se sigue recordando la desaparición de 31 personas, entre mayo y agosto de 1977, entre las que había docentes, estudiantes, exalumnas y exalumnos. Por último, en el colegio Santa Lucía de Florencio Varela entre 1975 y 1981 ocurrió lo mismo con diez estudiantes, en un episodio que fue retratado en el libro y el documental Los pibes del Santa.
Si bien no se han encontrado documentos oficiales que hagan referencia a lo ocurrido el 16 de septiembre como la “Noche de los lápices”, sí aparece nombrado de este modo en un comunicado de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), publicado en el diario Clarín en 1984 y en el libro Nunca Más. Luego, a partir del libro del periodista Héctor Ruiz Núñez y la escritora María Seoane, y de la película homónima del director Héctor Olivera, la denominación circuló masivamente y se transformó en un símbolo. Por un lado, por el uso de la palabra “noche” para aludir a la clandestinidad de la represión y, por otro, por la forma de nombrar a las víctimas, jóvenes estudiantes, con la imagen de los “lápices”.
El informe Nunca Más, el testimonio de Pablo Díaz en el Juicio a las Juntas Militares, y posteriormente el libro y la película contaban cómo era la vida de estas y estos jóvenes: la amistad, sus gustos musicales, sus preferencias deportivas, sus historias de amor.
El otro rasgo generacional que compartían era la participación política. Los primeros testimonios explicaban que se habían movilizado durante el año 1975 para pedir el “boleto estudiantil” (finalmente se obtuvo en julio de 1976, con la dictadura ya comenzada). Además, participaban en distintas agrupaciones, entre ellas la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), vinculada al peronismo; la Juventud Guevarista, relacionada con el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT); la Federación Juvenil Comunista, ligada al Partido Comunista Argentino; la Juventud Socialista, perteneciente al Partido Socialista y el Grupo de Estudiantes Socialistas Antiimperialistas.
La película que narra esta historia ha tenido la capacidad de generar identificación en estudiantes de diferentes generaciones, por eso a esta altura se convirtió en un “clásico” de la enseñanza del pasado reciente. Para ampliar el relato que propone, muy propio de los años ochenta, existen testimonios y libros de sobrevivientes, entre ellos La larga noche de los lápices, de Emilce Moler. En una entrevista de 2005, contaba que la lucha por el boleto había sido una parte del reclamo que sostenían, que se completaba con otras consignas como “Abajo la dictadura”, “Libertad a los presos políticos” y “Que se vayan los militares”. Los secuestros y las desapariciones de este grupo de estudiantes platenses, como el de todas las personas desaparecidas, fue un ataque contra un proyecto de transformación social y política.
En esta clave, con la voluntad de construir horizontes sociales más justos, en 1988 la Legislatura de la provincia de Buenos Aires promulgó la Ley 10.671 que estableció el 16 de septiembre como el “Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios”. Ese día también se desarrollan las elecciones en los centros de estudiantes de las secundarias bonaerenses, un ejercicio fundamental para la construcción de más democracia en las escuelas.
Bibliografía
Núñez, Héctor y Seoane, María (1986). La Noche De Los Lápices. Buenos Aires: Editorial Contrapunto.
Raggio, Sandra (2017). Memorias de la Noche de los Lápices: tensiones, variaciones y conflictos en los modos de narrar el pasado reciente. La Plata: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación; Los Polvorines: Universidad Nacional de General Sarmiento; Posadas: Universidad Nacional de Misiones.
Vezzetti, Hugo (2009). Sobre la violencia revolucionaria. Memorias y olvidos. Buenos Aires: Siglo XXI.