Palabra clave: «Mundial 78»

¿Qué palabras permiten narrar el terrorismo de Estado y transmitir su memoria? Palabras clave para una pedagogía de la memoria reúne 50 términos para pensar la dictadura a 50 años del golpe.

Creado: 16 marzo, 2026 | Actualizado: 19 de marzo, 2026

En 1978, Argentina fue el país anfitrión del evento deportivo más significativo de su historia: el Campeonato Mundial de Fútbol, que se desarrolló entre el 1 y el 25 de junio de ese año. El seleccionado nacional, dirigido por César Luis Menotti, se consagró campeón y logró, así, su primera Copa del Mundo.

El desarrollo del certamen tuvo lugar mientras la dictadura desplegaba el terrorismo de Estado. Por eso, convivieron a la vez el fervor popular, propio de una cuestión tan inmersa en la vida cotidiana de millones de argentinas y argentinos como es el fútbol, con los secuestros, las desapariciones y los centros clandestinos de detención.

A solo 1.300 metros del estadio donde se realizó la ceremonia de apertura y donde, entre otros partidos, se jugó la final −el Estadio Monumental del Club Atlético River Plate− estaba la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde funcionó el mayor centro clandestino de detención de la dictadura y en el que estuvieron cautivas alrededor de 5 mil personas, la mayoría de las cuales continúan desaparecidas.

Por eso, cuando se menciona al Mundial de 1978 es ineludible pensarlo como una operación discursiva de la dictadura para intentar legitimarse ante la opinión pública internacional, que ya venía denunciando las violaciones a los derechos humanos, y ante el pueblo argentino, que sufría el terror estatal pero, al mismo tiempo, tenía expectativa y entusiasmo ante la posibilidad del Mundial.

Tras el golpe del 24 de marzo de 1976, entre los sectores de poder que sostenían a la dictadura se suscitó un debate acerca de si Argentina debía seguir adelante o no con la organización del evento. Existían algunas objeciones respecto a los excesivos recursos que implicaría su realización. Los mayores reparos provenían del secretario de Hacienda, Juan Alemann, que era reticente debido al gasto que implicaría. Por el contrario, quien más insistía en la conveniencia de su realización era el almirante Emilio Massera, máxima autoridad de la Marina y uno de los integrantes de la primera Junta Militar, que sostenía que el Mundial podría ser utilizado como un instrumento propagandístico a favor de la dictadura.

La presión de Massera surtió efecto y el 2 de julio de 1976, a través de la Ley 21.349 sancionada por el dictador Jorge Rafael Videla, se declaró de “interés nacional” la organización de la Copa Mundial de Fútbol de 1978 y se creó el Ente Autárquico Mundial 1978 (EAM 78), con la función de centralizar su organización. El general de brigada Omar Actis (Ejército) fue nombrado como presidente del Ente y el capitán de navío Carlos Alberto Lacoste (Marina), vicepresidente.

No obstante, apenas unos días después, el 19 de agosto, Actis fue asesinado camino a la primera conferencia de prensa del EAM. Aunque nunca se pudo esclarecer el hecho y existen versiones contradictorias, las sospechas rondaron en torno a la Marina. Tras el asesinato de Actis, Lacoste, justamente de la Marina, se convertiría en el hombre fuerte del EAM 78 y de la organización del Mundial. Su gestión se caracterizó por las instrucciones secretas, ya que el decreto 1.261/77 otorgó al EAM 78 la reserva sobre sus acciones. Pese a que nunca fue presentado ningún balance contable, la organización del Mundial le costó al país entre 600 y 700 millones de dólares, diez veces más de lo previsto.

El EAM 78 vinculó la organización del evento con la gestión de la dictadura. El objetivo principal fue promover la imagen de una Argentina “próspera y armónica”. Se buscaba disputar el sentido con los medios extranjeros que hablaban sobre el terrorismo de Estado y también con las personas exiliadas argentinas que promovían las denuncias sobre los delitos de la dictadura y boicoteaban el Mundial. En efecto, una de las principales preocupaciones del EAM era contrarrestar estas denuncias, a las que catalogaba como “campaña antiargentina”.

Para ello, se instauró el denominado “Centro Piloto de París”, una oficina de contrainformación montada en la capital francesa unos meses antes del Mundial para realizar acciones de propaganda, negar las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos e infiltrar en las organizaciones de personas exiliadas a través de los grupos de tareas de la ESMA. Este dispositivo se complementó con el trabajo de la agencia Burson-Marsteller y Asociados, especializada en relaciones públicas, que lanzó diversos eslóganes como “Veinticinco millones de argentinos jugaremos el Mundial” y “En el Mundial usted juega de argentino”.

El objetivo discursivo era generar un poderoso “nosotros inclusivo”, que vinculara el éxito del Mundial con la legitimación de la dictadura. A la par, remarcaba la idea de que había una sola manera de ser argentina o argentino, es decir, una única identidad nacional, y por lo tanto las críticas eran presentadas como elementos distorsionadores que debían ser acallados. Esta operación aspiraba a generar una falsa idea de “normalidad” y “orden” ajena al terrorismo de Estado que imperaba en el país. En esta dirección, el historiador Diego Roldán sostiene que “el Mundial, quizá junto con la guerra de Malvinas, representa uno de los capítulos más espectaculares de las estrategias de fabricación de un consenso autoritario y masivo por parte de la dictadura”.

El jueves 1º de junio fue la apertura y el partido inaugural del Mundial. Casualmente, ese mismo día y en ese mismo horario, las Madres de Plaza de Mayo hacían su ronda en la Plaza de Mayo. La televisión pública holandesa, en lugar de transmitir la inauguración mundialista, decidió mostrar la convocatoria de las Madres. Así, mientras los medios nacionales e internacionales difundían el espectáculo deportivo, los reporteros holandeses amplificaron la desesperada búsqueda de las mujeres de pañuelos blancos. El clamor y las imágenes de las Madres generaron un profundo impacto en diversos puntos de Europa, donde esa voz fue retransmitida. Al jueves siguiente, la Plaza de Mayo se cubrió de periodistas de diversos medios europeos que querían tener el testimonio de las Madres. Este acontecimiento fue una grieta en las aspiraciones legitimantes de la dictadura.

La censura y el control sobre los medios de comunicación, que ya existía, se potenció durante el Mundial. Por otro lado, la mayoría de las empresas periodísticas compartía con la dictadura la voluntad de usar el Mundial con fines propagandísticos. El caso más resonante fue la falsa carta, atribuida al capitán de Holanda, Rudd Krol, que publicó la revista deportiva El Gráfico el 13 de junio de 1978 bajo el título “A mi hija”:

Mamá me contó que los otros días lloraste mucho porque algunos amiguitos te contaron cosas muy feas que pasaban en Argentina. Pero no es así. Es una mentirita infantil de ellos. Papá está muy bien. Aquí todo es tranquilidad y belleza. Esto no es la Copa del Mundo, sino la Copa de la Paz. No te asustes si ves algunas fotos de la concentración con soldaditos de verde al lado nuestro. Estos son nuestros amigos, nos cuidan y nos protegen (…).

El texto fue inmediatamente desmentido por el jugador y el seleccionado holandés amenazó con abandonar la competencia.

Respecto al desempeño deportivo, la selección asumió el protagonismo que le correspondía como local, con Mario Kempes como figura destacada. No obstante, por una serie de resultados, para acceder a la final debía ganarle a Perú por una diferencia de cuatro goles o más. El resultado fue 6 a 0, lo que generó múltiples sospechas sobre el arreglo del resultado, que nunca pudo ser comprobado y ya funciona como un mito urbano.

La conquista de la Copa del Mundo desató festejos multitudinarios en todo el país, entre ellos en Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, donde Videla salió a saludar a la multitud. Por estas condiciones particulares, es factible inscribir la realización del Mundial en una serie de eventos deportivos desarrollados en contextos de excepción: el Mundial de Fútbol de Italia 1934, disputado bajo los auspicios del fascismo; y los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, organizados por el nazismo.

Bibliografía

Bauso, Matías (2018). 78, historia oral del Mundial. Buenos Aires: Sudamericana.

Gilbert, Abel y Vitagliano, Miguel (1998). El Terror y la Gloria. La vida, el fútbol y la política en la Argentina del Mundial ’78. Buenos Aires: Norma.

Llonto, Pablo (2005). La vergüenza de todos. El dedo en la llaga del Mundial ’78. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.

Roldán, Diego (2018). La Copa del Mundo Argentina 1978: Construcciones, economías de juego y celebraciones. X Jornadas de Sociología de la UNLP, 5 al 7 de diciembre de 2018, Ensenada, Argentina. En Actas. Ensenada: Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Departamento de Sociología.

Turner, Alejandro (1998). 25 millones de argentinos. Fútbol y discurso en el Mundial

78. En P. Alabarces, R. Di Giano y J. Frydenberg (Eds.), Deporte y sociedad. Buenos Aires: Eudeba.

Palabras clave (para una pedagogía de la memoria)

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