FICHA 1 

Creado: 3 junio, 2026 | Actualizado: 8 de junio, 2026

Educar a niñas, niños y jóvenes: una necesidad compartida por todas las sociedades

Aprender sin escuelas

Si pudiéramos recorrer el mundo del pasado encontraríamos que en todos los momentos y en todos los lugares las personas adultas enseñaron a las y los jóvenes lo que necesitaban saber para desarrollar sus vidas. 

En ese recorrido en el tiempo, notaríamos que siempre hubo saberes que chicas y chicos aprendieron solo por participar de actividades junto con las personas adultas. Por ejemplo, en el pasado muy lejano, cómo hacer fuego, cómo fabricar algunas herramientas, cómo cultivar, cómo construir una vivienda, cómo pedir, agradecer y honrar a sus dioses. 

En la mayoría de los casos fueron las personas muy mayores, que ya no tenían fuerza ni destreza física para realizar tareas pesadas, quienes se ocuparon del cuidado y de la educación de las y los jóvenes en el pasado remoto. En muchas de esas sociedades se diferenciaba lo que debían aprender las niñas –hilar, tejer, cultivar, preparar alimentos– de lo que necesitaban aprender los varones –cazar, pescar, luchar–.

Las escuelas más antiguas del mundo

En algunas sociedades antiguas no solo las ancianas y los ancianos enseñaban a las y los más jóvenes, sino que también hubo instituciones pensadas y organizadas para enseñar. Se las considera las antecesoras de las escuelas actuales. En ellas se enseñaban cosas bastante variadas, aunque siempre se incluía la escritura, la lectura y la religión. Sin embargo, estas escuelas no eran para todas y todos: estaban reservadas para los hijos varones de los grupos nobles, ricos o más reconocidos socialmente.

Las investigaciones demuestran que hace muchísimos años, en el inicio de los tiempos de los faraones (3500 años) hubo instituciones de este tipo en el Antiguo Egipto. 

Otros estudios comprobaron que, en la Grecia antigua (hace unos 2500 años) hubo maestros que daban clase de lectura, escritura y gimnasia en sus hogares. Los hijos de las familias prestigiosas iban a la casa del maestro acompañados y cuidados por sus esclavos (pedagogo).

Los especialistas en antiguas civilizaciones americanas pudieron saber que la sociedad azteca, asentada en lo que hoy es México, tenía (hace 1500 años) dos tipos de escuelas: el Calmecac y el Tepochcali. Al Calmecac asistían los hijos de los nobles para aprender deportes, rituales, canto, poesía, artes militares y también a interpretar el calendario. Al Tepochcali o “casa de los jóvenes”, en cambio, iban los niños de las familias comunes, del pueblo. A ellos les enseñaban a cultivar, a criar animales, distintas técnicas como la alfarería y también a manejar armas.

La educación como derecho

Para encontrar las primeras escuelas parecidas a las que conocemos en la actualidad tenemos que ubicarnos en Francia e Inglaterra y en tiempos más recientes: hace unos 400 años. Pero recién hace 200 años que las “escuelas para todas y todos” se multiplicaron en distintos lugares del mundo. Y hace menos de 150 años que, por ley, la escuela primaria es gratuita y obligatoria para todas y todos en la Argentina. 

La ampliación del derecho a la educación avanzó lentamente, no sucedió de un día para otro. Los hijos de los grupos más acomodados accedieron antes a las escuelas que las chicas y los chicos de los sectores populares. Y, en todos los casos, la incorporación de las niñas llegó más tarde que la de los varones 

En la actualidad, todavía hay lugares donde las niñas no van a la escuela o estudian durante menos tiempo. Esto sucede en algunas zonas de África y de Asia y se debe a diferentes razones: en la mayoría de los casos, porque las chicas tienen que quedarse en sus hogares para ayudar en las tareas domésticas; en otras oportunidades, porque se casan siendo aún muy jóvenes. También existen lugares donde todavía no está bien visto que las niñas aprendan y sepan lo mismo que los varones.

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