Cromañón: nunca más
Actividades para acompañar la reflexión en las aulas sobre lo sucedido en Cromañón.
Creado: 26 marzo, 2025 | Actualizado: 1 de abril, 2025
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Índice
¿Por qué es necesario reflexionar sobre este tema en la escuela secundaria?
Memoria, reflexión y acción colectiva
La fotografía como trabajo de la memoria
Cromañón en la literatura
Cromañón en la música
“La memoria se juega en lo que hacemos hoy.”
(Héctor Schmucler)
¿Qué pasó en Cromañón?
El 30 de diciembre de 2004 ocurrió un incendio en el boliche “República de Cromañón”, ubicado en el barrio de Once de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Esa noche perdieron la vida 194 jóvenes que habían asistido a un recital del grupo de rock Callejeros. Además, hubo 1400 personas heridas, muchas con diversas secuelas físicas y psicológicas. Casi todos los fallecimientos se produjeron por la inhalación de monóxido de carbono y ácido cianhídrico, y cerca de la mitad por haber regresado al boliche a intentar ayudar a otras personas. Es decir que, en medio del peligro y el desamparo, las y los jóvenes sostuvieron vínculos de solidaridad.
Luego de lo sucedido, las y los sobrevivientes, junto a familiares de las personas fallecidas, conformaron un amplio y diverso colectivo de movilización en demanda de memoria y justicia.
Este acontecimiento dio cuenta de la importancia de las políticas de cuidado y las obligaciones del Estado al respecto.
Aquel 30 de diciembre de 2004, el grupo Callejeros se presentó por tercera vez consecutiva en Cromañón. La banda, conformada en Villa Celina, La Matanza, estaba en su pico de popularidad y era en ese momento el grupo más convocante del denominado “rock barrial”, una corriente en que las canciones y la estética se centran en vivencias e intereses de la juventud, sobre todo de los sectores populares.
Quienes estaban aquella noche en Cromañón eran jóvenes, cuyo promedio de edad rondaba los 22 años y en su mayoría del conurbano bonaerense, que habían asistido al recital para despedir el año y disfrutar de su banda favorita.
Mientras sonaba el primer tema, luego de que una bengala impactara en una media sombra –tela de plástico inflamable– que estaba colgada en el techo, comenzó el incendio. Las personas intentaron salir del lugar pero la evacuación tuvo diversas dificultades; una de ellas fue que las salidas de emergencia se encontraban cerradas con candados y alambres. Pese a todas esas irregularidades, el local estaba habilitado, lo que evidenció la desidia estatal.
El propio Papa Francisco –en aquel momento arzobispo de Buenos Aires– reflexionó que la Argentina “no había llorado lo suficiente a las personas muertas en Cromañón porque eran jóvenes que no entraban en la cuenta del dolor social”. Hacer memoria es un modo de reparar esa herida y recordar a las víctimas para recuperar sus historias: quiénes fueron, qué les gustaba, qué soñaban, dónde vivían, cómo eran sus familias, en qué creían, por qué estaban ahí esa noche.

Plaza de la memoria. Fuente: Wikimedia Commons.
¿Por qué es necesario reflexionar sobre este tema en la escuela secundaria?
En 2005, mediante el Decreto 391, la provincia de Buenos Aires estableció el 30 de marzo como efeméride escolar para “conmemorar a las víctimas de la tragedia acaecida en la confitería bailable denominada República de Cromañón”.
Se dispuso esa fecha porque es el primer día número 30 de un mes regular de clases en el cual se pueden realizar acciones conmemorativas en las escuelas y, de este modo, invitar a recordar a las víctimas y fortalecer la memoria colectiva, con centralidad en la protección y las políticas de cuidado para que este tipo de acontecimientos no vuelva repetirse.
A más de 20 años de lo ocurrido, las instituciones educativas constituyen un espacio destacado para ponderar el valor de la vida y abordar la responsabilidad del Estado como garante de los derechos de la ciudadanía.
Propuestas de trabajo
Memoria, reflexión y acción colectiva
Se propone a las y los estudiantes recabar información a partir de las siguientes preguntas:
- ¿Qué datos tienen acerca de los eventos ocurridos en República de Cromañón la noche del 30 de diciembre de 2004?
- ¿Qué grupo musical se presentaba durante esa noche?
- ¿Qué particularidades o características compartían las víctimas?
- ¿Es importante recordar lo que pasó? ¿Por qué?
Luego de debatir sobre lo que fueron encontrando, se sugiere buscar información sobre las organizaciones de sobrevivientes y familiares de las víctimas y analizar las consignas que enarbolaron.
- ¿De qué manera se agruparon las y los sobrevivientes, así como sus amistades y familiares, tras lo sucedido en Cromañón? ¿Qué metas buscan alcanzar con su organización? ¿Formaron una única agrupación o varias? ¿De qué manera se expresaron las exigencias de justicia? ¿Cuáles son las principales consignas o los mensajes de sus reclamos?
Finalmente, se propone sistematizar las respuestas y construir un texto expositivo con la información encontrada.
Materiales sugeridos
- Tragedia de Cromañón (Wikipedia).
- Cromañón: 20 años de una tragedia. (Universidad Nacional de Córdoba, Museo de Antropologías, 2024).
- El Santuario de Cromañón (Comisión Provincial de la Memoria, Revista Puentes, N° 26, p. 47, 2009).
- 10 años de Cromañón (2004-2014) (Canal Encuentro, 2014).
Tras investigar y profundizar en la temática se propone realizar una puesta en común. Para ampliar las posibilidades de abordaje se comparte el documental Cromañón, que no se repita (Canal Encuentro, 2017).
A modo de cierre, se sugiere que cada grupo elabore un texto (puede ser un artículo periodístico, un breve texto de opinión o posteo en una red social, un poema, una canción) que permita transmitir los aspectos trabajados y que, de alguna manera, brinde respuesta a las preguntas orientadoras. Esa producción puede compartirse con el resto de la escuela en alguna cartelera.
La fotografía como trabajo de la memoria
Otra actividad posible para trabajar la temática es analizar algunas de las fotografías presentes en la “Plaza de la Memoria” y en el “Pasaje de los Pibes de Cromañón”. Se trata de santuarios que armaron en el lugar familiares, amigas y amigos de las víctimas, y sobrevivientes como un espacio de encuentro para mantener viva la memoria sobre lo acontecido.





Fuente: Fotos de Violeta Rosemberg. Archivo DGCyE.
- ¿Qué emociones despiertan estas imágenes? ¿Por qué es importante recordar a las víctimas de Cromañón? ¿Qué enseñanza deja este acontecimiento? ¿Qué demandas siguen vigentes hoy en relación con la seguridad y los derechos de las juventudes? ¿Cómo contribuyen la memoria y el arte (fotografías, murales, afiches) a mantener viva la lucha por la justicia y la prevención? Si se tuviera que transmitir un mensaje a partir de estas imágenes, ¿cuál sería? ¿Cómo se podría expresar en un mural, un afiche o una cartelera?
Para profundizar sobre lo sucedido se sugiere ver el material audiovisual “Fotos. Retratos de un país”, producido por Canal Encuentro, que se encuentra en el recurso 30 de marzo, Día en Homenaje a las víctimas de la tragedia acaecida en la confitería bailable República de Cromañón (Portal Continuemos Estudiando, 2023). Allí se narra lo sucedido en Cromañón a partir de fotografías emblemáticas.
A modo de cierre, se puede producir una cartelera, un afiche o un mural participativo para recordar a las víctimas desde un enfoque de derechos que destaque el valor de la memoria y la importancia de las políticas de cuidado para que hechos como estos no vuelvan a repetirse.
Cromañón desde la literatura
En 2019, la escritora, cineasta y seguidora del grupo Callejeros, Camila Fabbri, publicó El día que apagaron la luz, una novela sobre Cromañón que luego llevó a la pantalla de cine con la película “Clara se pierde en el bosque”.
El fragmento del libro que se comparte a continuación reconstruye el regreso a la escuela durante el mes de marzo de 2005. Un patio de una escuela secundaria, donde hay estudiantes sobrevivientes y donde faltan compañeras y compañeros que fallecieron. El presidente del centro de estudiantes pide un minuto de silencio. El dolor y la angustia son tan grandes que no encuentra palabras para expresarse.
Joaquín*
Milagrito
Son las siete de la mañana y está empezando a hacer mucho frío. Acaba de hacerse completamente de día. En el patio, hileras de adolescentes miran como la bandera argentina asciende por la soga plástica, dos chicas de jean y remera se unen en un ritual elemental que las convierte en abanderadas el primer día. Los cuellos de todos los adolescentes se arquean hacia arriba mientras el cielo despilfarra esa potencia de marzo.
Nicolás es el director del centro de estudiantes. Casi siempre está afónico, y tiene un tic nervioso que lo obliga a tocarse constantemente la garganta, como si desde ese control de mando pudiera arreglar algo. Las chicas de jean dejaron la bandera a media asta y volvieron a unirse a la fila. Ahora Nicolás pide la palabra, hace señas con los brazos para que nadie se desconcentre. No es él quien grita pidiendo orden, es Alicia, la vicepresidenta del centro de estudiantes. El movimiento de brazos de Nicolás denota liderazgo, pero no haría más que eso. Es Alicia la encargada de poner en juego la voz.
Muchos adolescentes están al tanto de lo que pasa, pero muchos otros no, sobre todo los más chicos. A los de primer año se les nota cierta actitud prepúber, se tiran del pelo, se cuentan secretos, se pisan las zapatillas nuevas. Pero ahí está Alicia pidiendo silencio, y lo logra, se hace un silencio total porque los chicos de segundo año en adelante no están con ánimos. Tienen los ojos turbios, como si todavía estuvieran deglutiendo una pesadilla.
Cuando Nicolás saluda a sus compañeros se hace un silencio. Piensa lo que va a decir. Confió demasiado en su poder de improvisación y ahora se enfrenta, otra vez, a todas las imágenes que vio en televisión, a los relatos de sus amigos, a los temores de sus padres. Toma la palabra y a lo único que atina es a pedir un minuto de silencio. Excepto los más pequeños que todavía un poco se ríen, los demás hacen caso. Las autoridades del Normal 1 se acercan al patio descubierto y también hacen silencio, así como la mujer que atiende el buffet y las chicas de la fotocopiadora, el hombre y la mujer encargados del mantenimiento, la psicopedagoga, los profesores y las profesoras que van llegando, entre dormidos y cansados, el hombre que trabaja de seguridad en la puerta. En las ventanas del edificio nuevo de la estructura del Normal 1 Roque Sáenz Peña, se puede ver cómo de a poco se van asomando los niños de la primaria. Son cada vez más cabezas asomadas a las ventanas. Algo saben, sospechan. El ventanal de educación primaria está lleno de curiosos que miran serios hacia abajo, ese patio descubierto en el que un grupo muy grande de adolescentes y adultos mira al suelo en silencio. Todo el colegio está ahí, acompañando la bandera a media asta. Nadie habla, nadie se atreve, nadie podría siquiera intentarlo. Nicolás, finalmente, mira su reloj y agradece a todos haberse detenido un momento para pensar en los compañeros que ya no están. Cuando termina de hablar camina directamente hacia un chico que estuvo parado todo el tiempo ahí, con una remera de Callejeros mirando hacia la pared. Se llama Joaquín y parece inmutable. Quien lo conoce se da cuenta de que está más flaco que antes, pero sigue teniendo la espalda derecha, los ojos celestes, las zapatillas de lona. En las orejas lleva aros, tiene los dedos de los manos llenos de anillos de coco, de metal, y la mirada más desorientada de todo el patio descubierto del Normal 1 Roque Sáez Peña. Alguien le ordenó que se quedara ahí adelante, como homenajeado, y él se quedó. Ahora Nicolás abraza a su amigo Joaquín con fuerza, y todos los adolescentes, los profesores, los adultos, los niños de primaria, los del buffet, todos, los miran. Nicolás y Joaquín son un abrazo magnético. Los grupos de adolescentes se empiezan a desconcentrar para volver a las aulas. Los profesores intentan dar órdenes que se pierden un poco en el viento del final del verano.
Nicolás hace fuerza, porque eso de que un presidente del centro de estudiantes se muestre débil delante del resto no es una opción, pero aun así los ojos se le llenan de lágrimas. Se quedaron solos en el patio y el llanto de Nicolás es ahogado. Desde el buffet llega un ruido de máquina de café. Ya se activó el murmullo de las aulas. Joaco sigue recibiendo el abrazo y Nicolás no lo deja ir. Ese día todos descubren cómo la idea de la supervivencia tomó cuerpo en Joaquín. Nadie quiere dejarlo ir.
Después de una pausa vienen los pasos hacia las aulas, aunque continúe el silencio. Zapatillas de muchas marcas rayan el suelo de granito del colegio. También hay bostezos. En la primera clase hay una fila infinita de números en un pizarrón verde. El profesor entrado en edad, pero delgado, mira de reojo a Joaquín cada tanto, intentando sonreír, hacer de cuenta que estar en esa habitación por la mañana puede ser un acto divino también. La clase de matemática parecerá eterna. Algunas chicas y chicos tomarán nota, otros en cambio, compartirán comentarios sobre un programa de televisión de la noche anterior en donde una pareja de baile cayó al suelo con disfraces de pluma. Joaquín intentará prestar atención al soliloquio de la de matemáticas, aunque sea inútil, siente que ahí afuera o adentro, alguien dejó la música en un volumen demasiado alto. Quiere que alguien la apague, por favor, que la guitarra eléctrica, el bajo, la batería, hagan silencio. Es inútil. Una vez que se incorpora, esa música no para.

*Fragmento tomado de Fabbri, C. (2019). El día que apagaron la luz (pp. 113-117). Buenos Aires, Seix Barral. Imagen de tapa tomada de Planeta de Libros.
Es posible proponer a las y los estudiantes la lectura del fragmento seleccionado. Luego de conversar acerca de sus impresiones sobre el texto, sugerirles que trabajen con las siguientes preguntas disparadoras:
- ¿Por qué creen que Nicolás, el presidente del centro de estudiantes, no encuentra las palabras para expresar lo que le pasa? ¿De qué otra manera logra expresarse y comunicarse? ¿Por qué no toman la palabra las personas adultas presentes, docentes, autoridades? ¿Qué piensan? ¿Qué lugar le dan a la o al sobreviviente?
- A dos décadas de este acontecimiento, si tuvieran que organizar un acto sobre lo sucedido en Cromañón en las escuelas a las que asisten: ¿a quién/es elegirían para hablar? ¿Por qué? ¿Qué texto podría leerse? ¿Qué música pondrían? ¿Qué lugar le darían a la bandera argentina?
Cromañón en la música
El acontecimiento Cromañón está vinculado al rock como una experiencia vital que marcó la vida de muchas y muchos jóvenes durante la década del noventa. Desde esa práctica también se ha intentado dar cuenta de lo sucedido. A través de diferentes géneros de esa música popular se compusieron canciones que abren distintas dimensiones de la temática.
En este apartado, se propone trabajar en grupos y buscar canciones relacionadas con Cromañón. Hacer una selección de cinco canciones que funcionen como banda de sonido de la temática, lo que antes se llamaba compilado y hoy se nombra como playlist. Cada canción de la lista debe estar mencionada con su título, el nombre de la banda o solista que la interpreta, la compositora o el compositor, el año en que se creó y/o difundió, en qué disco está incluida, a qué género musical pertenece, etcétera.
También, se sugiere pensar un nombre para la lista de temas y elegir la canción más representativa. Además, indagar en el impacto de esas canciones y explicar el por qué.
Luego, proponer a las y los estudiantes que pongan en común algunas cuestiones:
- ¿Cómo fue el proceso de selección de las canciones? ¿Por qué eligieron ese nombre para la lista de temas? ¿Con qué criterio seleccionaron la más representativa? ¿Qué sensaciones transmiten estas canciones? ¿Brindan información sobre el acontecimiento o se proponen generar emociones?
Tomando las listas de cada grupo se pueden establecer semejanzas y diferencias entre unas y otras (comparar los estribillos, los estilos musicales, las bandas seleccionadas, el ritmo de las canciones, etcétera).
Otra actividad posible es investigar sobre la historia del grupo Callejeros y sobre lo que en la década de 1990 se llamaba “rock barrial” o “rock chabón”.
- ¿Cómo eran esas bandas? ¿Cómo sonaba su música? ¿De qué hablaban sus letras? ¿Cómo era el público que las seguía? ¿Cómo eran los recitales? ¿Qué rituales desarrollaban en esos espacios de encuentro?
Pensar los cuidados
Para nombrar el acontecimiento Cromañón hay quienes usan la palabra “tragedia”; otras personas consideran que es equivocada y lo llaman “masacre” porque, según dicen, lo trágico es lo inevitable y Cromañón se podía haber evitado. ¿Cómo? Si hubieran funcionado los cuidados integrales, los que dependían del Estado, de quienes eran responsables del recital, de quienes acudieron después del incendio y también, aunque en otro nivel de injerencia, de la propia autonomía como forma de cuidado.
En este apartado, los materiales propuestos están destinados a las y los docentes. Son guías que, además de reflexionar sobre el sentido de las políticas integrales del cuidado, brindan información específica sobre marcos normativos, instituciones y acciones posibles para sostener el cuidado desde un paradigma de derechos. Qué se entiende por cuidado, qué significa el calificativo “integral”, qué instituciones deben garantizar el cuidado, qué significa que se garantice como un derecho, qué rol cumple la escuela.
Materiales de apoyo sugeridos
Cuidados (Ministerio de Educación de la Nación, Colección Colección Derechos Humanos, Género y ESI, 2021).
Pensar la escuela desde una pedagogía del cuidado (Portal Educar, 2023).
Referencias bibliográficas
Fabbri, C. (2019). El día que apagaron la luz (pp. 113-117). Buenos Aires, Seix Barral.