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25 de noviembre: Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

Del 22 al 25 de noviembre: Semana de la Promoción de espacios educativos libres de violencias por razones de género.

Creado: 16/11/2021 | Actualizado: 18/11/2021

MARCO GENERAL

En la Semana de la educación en la igualdad, acercamos a las comunidades educativas materiales para trabajar con los grupos docentes, de crianza, familias y estudiantes para la prevención y erradicación de las violencias por motivos de género.

El calendario de actividades escolares 2021 pauta la fecha del 25 de noviembre como el Día Internacional de la No Violencia remarcando la importancia de abordar las desigualdades e inequidades por razones de género, especialmente en ámbitos escolares en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

Esta fecha tiene como objetivo contribuir a que estudiantes y docentes desarrollen y afiancen actitudes, saberes y prácticas que promuevan la prevención y erradicación de las violencias de género. Se propone un abordaje desde la perspectiva de la prevención, así como de la promoción de vínculos y prácticas basadas en el respeto.

La fecha se estableció internacionalmente en el año 1993 por la Asamblea de las Naciones Unidas, la cual define a la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

El 25 de noviembre refiere al día en que las hermanas Mirabal –activistas políticas dominicanas conocidas como “Las Mariposas”– fueron asesinadas por orden del dictador Trujillo en 1960. Quienes pusieron en agenda esa fecha, como reivindicación de su lucha, fueron las participantes del Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y de El Caribe que se realizó en Bogotá, Colombia, en 1981.

Las mujeres cis1 (es decir mujeres cuyo género autopercibido coincide con el género asignado al nacer según su genitalidad), feminidades travestis y trans, las lesbianas, bisexuales y también las masculinidades no hegemónicas, atraviesan y padecen diferentes formas de violencias que se ejercen a través del sexismo2, cisexismo3 y machismo; mecanismos sistémicos de producción y reproducción de las inequidades. Es necesario también incorporar a esta mirada una lectura interseccional4 como herramienta de análisis, que nos permite entender cómo las identidades son atravesadas por múltiples categorías dejando en evidencia que hay grupos más vulnerados sistemáticamente: las niñas y las ancianas, las lesbianas, bisexuales, transgénero o intersex, las migrantes y refugiadas, las de pueblos indígenas o minorías étnicas, o mujeres en crisis humanitarias. Es decir, desde una perspectiva interseccional podemos pensar las divisiones de género en conjunción con otras categorías de exclusión, que dan cuenta de las muchas variables que definen la posición en el mundo de cada persona, cuestionando los planteos que tienden a la homogeneización.

Las escuelas pueden reproducir las desigualdades o bien generar prácticas y hábitos que contribuyan a las transformaciones culturales y sociales que precisamos para promover y prevenir las diferentes formas de exclusión y de violencias que se generan a razón del género.

Es una de las prioridades de la política educativa promover una educación desde una perspectiva de derechos humanos y desde la equidad de género. Para ello resulta fundamental reconocer los distintos tipos de violencias –en especial la violencia institucional– que se generan a partir de la naturalización de las inequidades en los distintos ámbitos de participación y en la distribución de los tiempos, roles, tareas y los espacios en el ámbito escolar.

Entendemos en este sentido que poder trabajar esta temática desde la escuela en relación con la formación, así como la dimensión de la crianza vinculada a las familias, resulta prioritario para poder también acercarnos, acompañarnos y construir herramientas de promoción de derechos y de prevención de las violencias por razones de género de manera conjunta y articulada en pos de construir vidas dignas y libres de violencias.


1. Cis: Deviene del latín y significa “de este lado”. Aplicado a cuestiones de género, Carl Buijis, activista trans propuso el uso del término “cis” en la década de los ´90 para hacer referencia a aquellas personas que no son trans, por un lado para evitar que se utilizara el concepto de “sexualidad normal “y por el otro como explica Blas Radi, activista trans argentino, utilizar este concepto también implica una devolución de gentilezas, frente al constante nombramiento de las personas trans, por personas que no lo son.

2. Sexismo: Es la práctica simbólica y material que jerarquiza las experiencias y vidas según sea la identidad sexo-genérica. Generalmente el sexismo trabaja en vinculación a la ideología machista desde las cuales todo lo asignado o representativo a las masculinidades hegemónicas tiene mayor valor, por ejemplo: “corres como una nena”

3. Cisexismo: Según Blas Radi, es el sistema de exclusiones y privilegios simbólicos y materiales, vertebrado por el prejuicio de que las personas cis son mejores, mas importantes y más auténticas que las personas trans.

4. Interseccionalidad: Según esta perspectiva las diferentes variables de opresión son relacionales. Por ejemplo: no es lo mismo ser mujer cis, heterosexual, blanca y propietaria, que ser una lesbiana afro descendiente, discapacitada y propietaria; podemos tener algunas características que nos atraviesen a todas, pero nunca es de igual manera, ya que hay otras cosas que también somos o que tenemos, o no tenemos que también construyen nuestro lugar en el mundo. Fue la activista y académica Kimberlé Williams Crenshaw, en 1989 quien acuñó este concepto como perspectiva de análisis, con el objeto de poner de manifiesto como diferentes formas de opresión se entrelazan.