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Actividades para continuar estudiando

Propuestas para que las niñas y los niños continúen aprendiendo con el acompañamiento de sus docentes y familias

Creado: 27/07/2020 | Actualizado: 04/05/2021

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Estimadas familias:

Les acercamos este 7°cuadernillo, con propuestas para realizar en el hogar. El objetivo es que las niñas y los niños continúen aprendiendo y que ustedes puedan acompañar, valorando los avances que cada día van haciendo.

El aislamiento produce cansancio y numerosas preocupaciones. Es por eso que este material está pensado para que las niñas y los niños puedan realizar actividades que, además de ser divertidas, les permitan avanzar en sus conocimientos y, que, para ustedes, no implique una sobre carga de tareas.

Sabemos que las familias con niñas y niños de 5 años, están preocupadas, se preguntan inquietas por el ingreso a Primer Grado, del año próximo. Por ese motivo, en esta propuesta, hemos incorporado algunas actividades comunes para todas las salas y otras, más específicas para las más grandes del jardín de infantes.

Volvemos a recordarles la importancia de establecer una rutina posible de ser sostenida en cada hogar. Esta organización del tiempo diario permite, entre otras cosas, prever qué tiene que hacer cada familiar para colaborar entre todas y todos en la realización de las actividades básicas de sostén. En este sentido, insistimos en que las niñas y los niños pueden hacerse responsables de realizar ciertas tareas que son necesarias en el hogar: poner la mesa, juntar los juguetes, guardar la ropa, ayudar en la cocina, etc. Por supuesto que nos referimos a propuestas que no impliquen peligro para su seguridad física, y que estén en condiciones de realizarlas de manera más o menos autónoma. Llevar a cabo tareas implica aprendizaje y, a la vez, les permite compartir tiempo con las personas adultas y sentir que su colaboración ayuda al funcionamiento del hogar.

Asimismo, importa que cada día haya un tiempo para conversar en familia acerca de lo que están haciendo, de cómo se sienten, de lo que les gustaría hacer. También aprovechar la ocasión para hablar sobre las historias familiares, las anécdotas de cuando eran pequeñas y pequeños, o del resto de la familia y de la comunidad. Conversar no sólo enriquece los vínculos, sino que también desarrolla el lenguaje y el pensamiento, muy importantes en estos años.

Este cuadernillo, como los anteriores, está organizado día por día. Pueden seguir este orden o modificarlo, de acuerdo a las situaciones particulares de cada familia y a los gustos e intereses de las niñas y de los niños. Por supuesto que podrán volver a realizar muchas de las actividades que les acercamos en los cuadernillos anteriores.

Si ustedes no tienen tiempo de leer las propuestas, pidan ayuda a las hermanas y los hermanos mayores o, a quienes estén presentes en sus casas, para que acompañen a las y los menores en la realización de las actividades.

 

Primer día

1.- Vamos a escuchar una poesía

Se llama “¿Quién le puso el nombre a la luna?”. La escribió Mirta Goldberg

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¿Habrá sido la laguna?

¿Qué de tanto verla por la noche decidió llamarla Luna?

 

¿Y quién le puso el nombre al elefante?

¿Habrá sido el vigilante, un día que paseaba muy campante?

 

¿Quién le puso el nombre a las rosas?

¿Quién le pone nombre a las cosas?

 

Yo lo pienso todos los días

¿Habrá un señor que se llama Ponenombres?,

que saca los nombres de la nombrería

 

¿O la arena sola decidió llamarse arena?

¿Y el mar solo decidió llamarse mar?

 

¿Cómo será?

Menos mal que a mí me puso el nombre mi mamá

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Conversen con las niñas y los niños acerca de quién les puso el nombre, cómo lo decidieron. Si tienen un sobrenombre, por qué y quien lo eligió. Cómo les gusta que las y los llamen. También pueden conversar con otros familiares para averiguar quién les puso el nombre y por qué.

 

2.- A dibujar a las personas con quienes están viviendo

Sobre hojas, o sobre la tierra con un palito, dibujar a la familia.

Las nenas y los nenes de 5 años podrán escribir el nombre de cada una y de cada uno. Para eso pueden pedir a una persona adulta o una hermana o hermano mayor que escriban los nombres en un cartoncito o en un papel y ellas y ellos podrán copiarlos.

 

3.- Vamos a jugar a la zapatería

Se necesitan los zapatos, zapatillas, alpargatas de quienes integran la familia, bolsas plásticas y billetes de cartón o papel de 2$, 5$, 10 $. Pueden buscar un rinconcito para armar “la estantería” y exponerlos.

Las chicas y los chicos de 5 años podrán hacer los billetes y también ponerle precio a los zapatos.

¡Ahora sólo se precisan que lleguen clientas y clientes a comprar!

 

Segundo día

1.- A jugar al veo-veo

¿Se acuerdan cómo se juega?

Se comienza diciendo: veo-veo.

Se responde: ¿Qué ves?

Y la o el que comienza el juego observa los objetos de la casa y su color, y entonces dice: Veo-veo una cosa de color....

Las y los demás participantes tienen que descubrir de qué objeto se trata.

 

2.- Vamos a escuchar un cuento

Se llama La coneja Pirula y lo escribió Marta Giménez Pastor. Lo editó Sigmar en 1978.

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Pirula, la conejita, iba a la escuela del maestro Repollo, un conejo con anteojos y largos bigotes que sabía contar hasta diez y escribir “mi mamá me mima”, “ese oso sale solo” y “papá me ama”. Por eso Don Repollo estaba considerado como el mejor maestro del bosque y su escuela estaba repleta de alumnos.

Todos los días, frente al árbol donde Repollo tenía su madriguera, se formaban en fila el castor Juanito, la liebre saltarina, el osito Toto y Chela, la tortuga. Todos con delantal bien planchado, las uñas bien cortadas y los pelitos bien peinados. Algunos llevaban una pizarrita y tizas de colores, otros un cuaderno y un lápiz. Pirula, en cambio, sólo llevaba un sándwich de zanahoria y un caramelo de leche guardados en una bolsita con su nombre, porque ella... ¡iba al Jardín de Infantes!

Como era la más chiquita, siempre quedaba última en la fila y a ella le encantaba ese lugar porque la última era la que retiraba el felpudo y cerraba la puerta cuando entraban a clase.

La escuela de Don Repollo funcionaba en invierno y descansaba en verano como todas las escuelas, por eso las niñas y los niños, además del delantal, tenían que ponerse alguna prenda de abrigo para no sentir frío por el camino.

Juanito el castor llevaba una bufanda larga envuelta en el cuello de manera que apenas se le veía la nariz, la liebre saltarina usaba guantes peluditos y la tortuga se ponía el tapado de lana que le había regalado su abuelita.

A Pirula su mamá le había tejido un precioso gorrito, para que no sintiera frío en las orejas, y unos escarpines bien gruesos para que no se le mojaran las patitas en la escarcha.

Aquella mañana hacía frío y también corría un fuerte viento que hacía hamacar las ramas de los árboles de aquí para allá y de allá para acá...Pirula iba muy apurada camino a la escuela cuando, de pronto, una ráfaga de viento pasó haciendo ¡sszzuuummm! y le arrancó el gorrito.

-¡Eh...! ¡Mi sombrero! –gritó Pirula, pero el viento no le hizo caso y se lo llevó lejos. La conejita corrió detrás de él y cuando ya estaba por alcanzarlo, otra ráfaga hizo ¡shhhfff! Y el gorrito se escapó quedándose enganchado en la rama de un pino.

-Por suerte es una rama baja –pensó Pirula y parándose en la punta de las patitas trató de recuperarlo, pero tampoco lo logró.

-¡Quizás dando un saltito lo alcanzo! –se dijo. A ver, ¡a la una, a las dos y a las....!

Pero ¿Qué pasó? ¿A dónde se iba su sombrerito volando sin detenerse?

¿Saben qué había ocurrido? ¡Un gorrión se lo llevaba en su pico hacia las últimas ramas de un alto árbol!

-¡Pare, señor, pare! ¡Ése es mi gorrito! –gritó Pirula que ya empezaba a ponerse nerviosa pues oía que don Repollo ya estaba tocando la campana de entrada y a ella no le gustaba llegar tarde a clase.

Como el pajarito no le contestaba ni pi ni pa, Pirula amontonó varias ramas contra el árbol a manera de escalera y se subió por ella para reclamarle al gorrión su sombrero de lana.

Pero cuando llegó a la parte más frondosa del árbol no pudo hacerlo, porque con gran sorpresa encontró cuatro pichones muy acomodados en el gorrito como si éste fuera un nido.

Pirula intentó protestar, pero mamá gorriona no le dio tiempo, pues enseguida se puso a pedirle disculpas y a darle toda clase de explicaciones con respecto a sus hijitos que eran muy friolentos, muy mimosos y que patapín y que patapán...

Además, le regaló unas cascaritas de huevo que tenía guardados para que se entretuvieran los pichones mientras ella se iba a almorzar.

-Tomá –le dijo- para que juegues a la rayuela con tus compañeros de escuela.

Convencida, la conejita le dijo:

-Bueno, está bien, te lo dejo en préstamo. Pero en la primavera, cuando tus hijitos ya no sufran frío, me lo devolvés.

Entonces, muy contenta, bajó apuradísima porque la campana de la escuela comenzó a sonar otra vez.

Apenas había avanzado unos metros cuando comenzó a sentir frío en las orejas. Pero como las conejitas siempre encuentran solución a todo, se sacó los escarpines peluditos y se los calzó en las orejas.

-¡Ah! ¡Ya está! Así las llevaré bien abrigadas. ¿Y en las patitas qué me pongo para no resfriarme?

-En las patitas... ¡dos lindos zuecos de cáscara de huevo! –opinó el papá gorrión desde lo alto de un árbol.

-¡Oh! Tiene razón... ¡Qué bien me quedan! Y todavía me sobran dos para jugar a la rayuela –dijo Pirula.

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Conversen sobre el cuento: ¿Qué habrá dicho la mamá de Pirula cuando volvió a la casa sin el gorro?

 

3.- Armar rompecabezas

Busquen una imagen de una revista.

Si pueden péguenla en un cartón, no muy grueso. Córtenla en 3/4 partes si es para las nenas o nenes de 3 años, en 5 para las y los de 4 años y en 6 partes para las y los de 5 años. Los cortes, para las y los más chicos, pueden ser ondulados y para las y los más grandes, rectos.

Tercer día

1.- Vamos a armar diferentes figuras...

Se necesitan piedritas o tapitas o verduras, frutas, ramitas, plumas, envases...o lo que encuentren en casa. Con esos elementos hagan diferentes figuras, combinándolos. Trabajen sobre una mesa o en el suelo. Después inventen un nombre para lo que hicieron.

Si se animan, las chicas y los chicos de 5, pueden escribir el nombre de su obra.

 

2.- A jugar a moverse

Pongan una música que les guste. Empiecen moviendo las manos, luego los brazos, el torso, las caderas, las piernas. Y después a mover todo el cuerpo. Seguidamente dejen de mover las piernas, luego las caderas, el torso, los brazos y al final las manos. Y volvemos a empezar.

 

3.- A escuchar unas poesías raras

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Había una vez un gato

que tenía los pies de trapo

y la barriga al revés

¿Quieres que te lo cuente otra vez?

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Por la calle Larreta

Pasaba un perrito

Pasó una carreta

Le cortó el rabito

Pobre perrito

Como lloraba

Por su rabito

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Paco Paquito vendió su galera

Para casarse con la cocinera

La cocinera vendió su abanico

Para casarse con Paco Paquito

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Había una nenita en Tucumán

Que solamente hablaba con la i

Qué papelón un día delante de su tía

En lugar de decir papá dijo pipi

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Cuarto día

1.- Vamos a jugar a ordenar las cartas para las chicas y los chicos de 5 años

Se necesita un mazo de cartas, si no tienen pueden fabricarlas con cartones. En este caso, corten 15 rectángulos y en cada uno pongan los números del 1 al 15. Mezclen los cartones y pidan a las nenas y a los nenes que las ordenen de menor a mayor, y después si se atreven, de mayor a menor.

2.- Explorando cosas curiosas

Se necesita un vaso de vidrio, agua y un papel con una flecha dibujada. 

Llenar el vaso con agua. Luego colocar el papel con la flecha dibujada de forma horizontal detrás del vaso con agua. Mover lentamente el papel hacia atrás. ¿Qué pasa con la flecha a medida que se aleja el papel? Las nenas y los nenes verán que, al alcanzar cierta distancia, la flecha parece apuntar en la dirección contraria.

Repitan la experiencia, pero con el vaso vacío. ¿Pasa lo mismo?

 

3.- A jugar con títeres de dedos o dedos títeres

En la yema del dedo índice, dibujar ojos y boca, y si quieren pelo con un marcador, con birome o con un pedacito de carbón. Atar un pedacito de tela por debajo, a modo de pañuelo. Y ya tenemos un hermoso títere para jugar. También pueden hacerse más títeres en los otros dedos.

 

Quinto día

1.- A escuchar un cuento

Se llama “El fuego rescatado por un pájaro”. Es una leyenda brasileña.

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Hace muchos, muchos años, cuando no existían tantos objetos ni comodidades como las que tenemos ahora, el fuego era tan importante para los hombres que lo consideraban un regalo de los dioses.

Gracias al fuego las noches de invierno eran menos frías. Por medio de él se podían cocinar algunos alimentos, iluminaba cuando ya se había ido la luz del día y también ayudaba a comunicarse, porque con el humo cada tribu hacía señales a otras que estaban lejos.

Cada choza tenía su pequeña hoguera, que es el fuego que se forma con un montoncito de ramas. Los hombres las cuidaban mucho, como un tesoro importante. Todas las noches cada familia se reunía alrededor de su hoguera a conversar, admirando la belleza de las chispas que bailaban en las llamas.

Cuenta la leyenda que un día, de pronto, todas las hogueras se apagaron. ¿Qué había pasado? Nadie lo sabía. Los chicos les preguntaban a los grandes. Los grandes, a los ancianos más sabios. Y todos al hechicero de la tribu. Pero ni siquiera él tenía una respuesta.

Solamente habían quedado cenizas y el fuego había desaparecido. Empezaron a buscar, caminaron hacia otros lugares y se encontraron con que también había pasado lo mismo. Cuando ya todos estaban muy tristes y sin saber qué hacer, alguien vino con la noticia de que en un rincón muy escondido de la selva había una brasita encendida. Era muy pequeña y en cualquier momento se podía apagar. ¡Era necesario rescatar al fuego cuanto antes! Pero... ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo entrar rápidamente a esa selva tan tupida, llena de plantas y árboles de todos tipos y tamaños?

Los hombres pensaron que los animales podrían ayudarlos. Algunos porque eran muy veloces, otros porque eran ágiles o pequeños y podían internarse entre las ramas con facilidad. Por eso los llamaron y les explicaron el problema. Pero los animales tenían miedo y empezaron a dar excusas:

-La selva es demasiado peligrosa para mí.

-Me puedo quemar el pelo.

-Yo no sabría encontrar el lugar.

Entonces alguien dijo con voz firme:

-Iré yo.

Era Juruva, un pájaro muy manso de hermosos colores. Los hombres levantaron la vista y lo vieron, posado en la rama de un árbol. Sin perder tiempo, Juruva abrió sus alas y comenzó a volar rumbo a la selva.

Voló y voló sin detenerse hasta que alcanzó a ver la débil luz de la brasita perdida. Estaba casi escondida entre un montón de cenizas. Juruva se lanzó en vuelo hacia abajo hasta que llegó a ella. La tomó suavemente con el pico. La brasita, aunque era pequeña comenzó a quemarlo. Juruva comprendió que no iba a poder resistir el ardor de la quemadura durante su vuelo de regreso y entonces decidió llevarla en su cola, envolviéndola entre las últimas plumas. Así la sujetó y emprendió el regreso hacia la tribu.

Llegó muy cansado, pero se sintió feliz al ver con cuánta alegría lo recibían los hombres. La brasita estaba casi a punto de apagarse, pero fue colocada en seguida sobre paja y hierbas secas. Comenzaron a soplar y, poco a poco, se fue poniendo más colorada. Luego acercaron una hoja bien seca y al fin surgió la primera llama. Todos comenzaron a saltar y dar gritos de alegría. El fuego se encendió nuevamente con sus hermosas chispas de colores. Luego, uno a uno, fueron llevando un poquito de fuego a cada choza para encender otra vez las hogueras.

Esa noche fue noche de festejo. Alrededor del fuego recuperado hubo tambores, risas, danzas y cantos. Grandes y chicos se unieron compartiendo la alegría.

Juruva, posado sobre la rama de un árbol se sentía muy feliz. Su hermosa cola de colores se había quemado un poco, dejándole para siempre un pequeño hueco entre las últimas plumas.

-¡No importa!- decía Juruva. Parece un agujerito, pero es también mi premio. Cuando alguien me mire sabrá que fui yo quien rescaté al fuego.

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Conversen con las nenas y los nenes acerca del fuego. ¿Alguna vez pensaron que era tan importante, pero también tan peligroso?

 

2.- Vamos a construir la selva de Juruva

Se necesitan ramitas, palitos o escarbadientes, corchos, hojas, plumas, piedras, barro, masa. Con todo eso, más lo que puedan encontrar en casa, pueden hacer árboles, pájaros, serpientes, monitos, etc.

 

3.- A jugar al gallito ciego con toda la familia

Todas y todos en la familia se ponen en ronda.

Las primeras veces, una persona adulta, una hermana o un hermano mayor hace de “gallito ciego”. Se tapan los ojos con un trapo o un pañuelo o tapa boca. La ronda gira y la o el que hace de gallito debe buscar a una persona de la ronda y tocándola descubrir quién es. Luego podrán hacer de gallito ciego las nenas o los nenes, una vez que conozcan el juego y que no les dé miedo taparse los ojos.