50 años de La noche de los lápices. Marco general

Historia y memoria de jóvenes estudiantes que querían cambiar el mundo

Creado: 1 septiembre, 2026 | Actualizado: 7 de septiembre, 2026

El 16 de septiembre se conmemora “La Noche de los Lápices” en recuerdo de un grupo de estudiantes de La Plata víctimas de secuestro durante la última dictadura. Para honrar el legado de la participación política que sostenían, se estableció esta fecha como el “Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios”. 

Este año se cumplen 50 años del acontecimiento, una distancia histórica que obliga a reponer qué pasó y cómo fue posible; y sigue convocando a la memoria para resignificar su sentido en el presente. 

Manifestación en conmemoración de la Noche de los Lápices en la ciudad de La Plata, en 2023. Fuente: Wikimedia Commons.

En la opinión pública se conoce como “La Noche de los Lápices” a una serie de secuestros de jóvenes de entre 16 y 18 años llevados adelante por las fuerzas represivas bonaerenses comandadas por el General Camps en septiembre de 1976. El 16 de ese mes se secuestró a estudiantes de distintos colegios: Claudia Falcone (Bachillerato Bellas Artes UNLP), Francisco López Montaner (Bachillerato Bellas Artes UNLP), María Clara Ciocchini (Escuela Normal Superior de Bahía Blanca), Horacio Ungaro, Daniel Racero (Escuela Normal Nº 3) y Claudio de Acha (Colegio Nacional).

Antes y después de esa fecha también fueron víctimas de secuestro: Gustavo Calotti (Colegio Nacional), Emilce Moler y Patricia Miranda (Bachillerato Bellas Artes UNLP) y Pablo Díaz (colegio La Legión). De este grupo de estudiantes sobrevivieron cuatro -Díaz, Moler, Miranda y Calotti- mientras que el resto continúa desaparecido. 

Este grupo de jóvenes participaba en diferentes organizaciones políticas que, además de reivindicaciones puntuales como el boleto estudiantil, tenían proyectos emancipatorios. Por eso una de las consignas que enarbola el movimiento estudiantil cuando recuerda esta fecha es: “no fue por el boleto, querían cambiar el mundo”.

La represión contra este grupo de jóvenes no fue un hecho aislado sino que, durante la última dictadura, el terror estatal tuvo especial ensañamiento con el ámbito educativo. Según el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) de 1984, el 21 % de las personas desaparecidas eran estudiantes y más del 43 % tenía entre 16 y 25 años. El colectivo docente fue víctima de secuestros, detenciones y desapariciones; las universidades fueron intervenidas; y las escuelas vigiladas y controladas con autoritarismo.

Para ampliar la información se sugiere visitar el Portal Continuemos Estudiando: #Noche de los lápices 

Trabajar con fuentes

Este 2026 se cumplen 50 años del último golpe de Estado y de "La noche de los Lápices". Medio siglo es mucho tiempo. Este aniversario invita a mirar el pasado desde dos caminos que se cruzan: la memoria y la historia.

Por un lado, es un hecho de la memoria colectiva porque el tema sigue vivo en la sociedad y se elabora colectivamente. Todavía hay personas que vivieron esa época y dan su testimonio en primera persona. Por otro lado, ya es un tema de la historia. La producción historiográfica trabajó intensamente en estudiar, analizar y entender mejor lo que sucedió. Producir conocimiento desde los marcos epistemológicos de la disciplina ayuda a ampliar el análisis y la conceptualización de los problemas del pasado. 

Si el pasado que se está investigando o enseñando está atravesado por prácticas genocidas, como en este caso, es muy probable que muchas fuentes no existan porque los perpetradores se ocuparon de borrar las huellas de sus crímenes. Entonces, las marcas de esas vidas no siempre están en los archivos institucionales. En este sentido, la búsqueda y producción de otras fuentes es una forma de recuperar esas experiencias de vida y sus memorias. También se puede reconocer que existieron formas de resistencia ante esas prácticas represivas e indagar los indicios que dejaron en los archivos personales, el silencio y la ausencia, que nos habilita otros registros para ser analizados. 

Los registros históricos se tornan relevantes cuando se los aborda con preguntas e hipótesis que permiten descubrir en ellos alguna clave para ampliar la comprensión histórica. Dicho de otro modo, las fuentes son registros cuya selección depende de un conjunto de preguntas, ideas y/o hipótesis que permiten abrir el campo de su significación. 

Por ejemplo, en relación con la memoria de “La noche de los Lápices”, existían desde la década de 1980 testimonios sobre los delitos sexuales que se habían cometido contra algunas de las secuestradas, pero recién en 2024, en un contexto de creciente visibilización de las cuestiones de género, se logró que el juicio por estos delitos se concretara y se condenara a prisión perpetua a los represores que había ejercido violencia sexual sobre dos de las jóvenes. Es decir: fue necesario que diferentes ámbitos de conocimiento abordaran esas fuentes desde una mirada de género para que puedan decir otras cosas y luego se construyera el camino de la justicia.

De este modo, el trabajo con fuentes, su búsqueda, su interpretación y su relectura ayudan a comprender críticamente el modo en que se conoce el pasado. Esta tarea se amplía si se propone que las y los estudiantes construyan textos en los que puedan volcar el análisis de las tensiones, las luchas y los conflictos que atraviesan aquellos pasados vinculados a delitos de lesa humanidad, donde hay una verdad y también memorias en conflicto y muchas cosas por seguir pensando. 

Para ampliar sobre el tema se puede leer: El uso pedagógico de los archivos. Reflexiones y propuestas para abordar la historia, la memoria y los Derechos Humanos (Portal Educar, 2026).

Para las y los docentes se sugiere ver el encuentro con Emilce Moler, sobreviviente de La Noche de los Lápices, que tuvo lugar en septiembre de 2026 en el marco del conversatorio Desafíos para una pedagogía de la memoria.

Propuestas por niveles

Nivel Secundaria: Entre la memoria y el presente

Nivel Superior: Fuentes para volver a mirar

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