9 de julio: Día de la Independencia

En 1816, el Congreso de Tucumán declaró la independencia “del rey Fernando VII y de sus sucesores”; luego agregó la fórmula “y de toda dominación extranjera”. Marco general.

Creado: 28 junio, 2022 | Actualizado: 5 de julio, 2024

La sociedad y la escuela se movilizan para recordar ciertas fechas que resultan significativas. Esta puede ser una buena ocasión para discutir diferentes perspectivas y así enriquecer las propias miradas. La Declaración de la Independencia suele ser presentada como fruto de la unión y del consenso, sin embargo fue producto de conflictos políticos y sociales.

Hacia 1815, la Revolución de Mayo de 1810 se encontraba en una situación particular. El rey Fernando VII había vuelto a ocupar su trono luego de permanecer cautivo de Napoleón desde 1808. A su regreso, el monarca español encabezó una política absolutista y dispuso el envío de tropas a América declarando así la guerra a las colonias insurgentes.

Pronto las revoluciones iniciadas en 1810 fueron derrotadas en casi toda la América hispana. Los realistas controlaron nuevamente el territorio desde el Alto Perú y comenzaron a descender con el objetivo de llegar al Río de la Plata, donde aún el gobierno revolucionario se encontraba de pie.

En el Río de la Plata la situación era muy delicada. Por un lado, había un frente de guerra con los ejércitos realistas y, por el otro, se sucedían continuos enfrentamientos con aquellas provincias que no aceptaban al gobierno central constituido en Buenos Aires.

Dividida por las luchas facciosas y regionales, aislada internacionalmente y casi sin apoyos tras la derrota de los otros focos insurgentes en el continente, la revolución rioplatense se encontraba en una situación crítica. Buenos Aires solo parecía tener dos opciones: rendirse o redoblar la apuesta declarando la independencia. A tales fines, se convocó a un nuevo Congreso soberano y constituyente que se reunió en Tucumán evitando la cita en Buenos Aires, que para muchos se había convertido en emblema del centralismo despótico.

La composición del Congreso no fue novedosa. Sus miembros eran hombres de los sectores que conformaban la dirigencia revolucionaria, mayoritariamente abogados, clérigos y militares.

En 1816, el Congreso de Tucumán declaró la independencia. Detrás de esa proclamación todavía no se adivinaba la forma actual de la Argentina. De hecho, algunas provincias que hoy conforman nuestro país no estuvieron presentes. Tal es el caso de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes que integraban la Liga de los Pueblos Libres, un proyecto de confederación y autonomismo provincial, dirigido por el caudillo oriental José Gervasio Artigas, que expresaba su disidencia frente a la política centralista de Buenos Aires. Tampoco asistió a la cita la provincia del Paraguay, que mantenía una posición distante tanto de España como de las provincias rioplatenses. Sí participaron, en cambio, otras provincias que actualmente pertenecen a Bolivia y que en aquel momento formaban parte del Alto Perú, como Cochabamba, Mizque y Chuquisaca.

La independencia se declaró en nombre de las “Provincias Unidas en Sud América” con la intención de que se pudieran sumar otros pueblos. “El término era ambiguo porque la propia entidad política a la que se refería lo era. La guerra, las disputas entre provincias, las contradicciones en la representación del Congreso de Tucumán (…) permiten comprender las Provincias Unidas del Río de la Plata menos como un territorio unido que como un territorio incierto en búsqueda de una unidad, siempre disputada por la guerra” (Entin, 2016, p. 12).

La creciente militarización de la sociedad dio lugar a una cierta movilidad social si se la compara con la rígida estructura de la sociedad heredada del período colonial, incorporando a los ejércitos revolucionarios a amplios grupos sociales, en especial a las clases bajas conformadas por negros esclavos, pardos y mestizos. Es decir, la guerra tuvo también una dimensión productiva forjando identidades y mecanismos de movilización social y política de vastos sectores sociales interpelados bajo nuevos principios como la libertad y la igualdad.

La guerra era la principal razón para convertirse en nación puesto que era necesario legitimar la lucha contra los realistas presentándola como una guerra entre naciones. Tal como lo explicara José de San Martín, sin independencia las Provincias Unidas del Río de la Plata seguirían considerándose rebeldes contra el rey de España. Asimismo, no bastaba solo con proclamar la independencia; para que fuera efectiva debía ser reconocida por el resto de las naciones soberanas y así poder relacionarse jurídicamente con ellas.

El Acta de la Independencia fue un texto breve con el cual los diputados participantes del Congreso de Tucumán declararon la independencia “del rey Fernando VII y de sus sucesores” mientras que, en ocasión de la jura, se agregó la fórmula “y de toda dominación extranjera”.

Sin embargo, la idea de independencia no era necesariamente la que tenemos en la actualidad. Se trata de un concepto cuyo significado ha ido variando a lo largo del tiempo, además de adoptar significados distintos según los diferentes actores sociales. En el inicio del proceso revolucionario, la independencia fue concebida como lucha de los españoles y los americanos contra la ocupación francesa. Pero los cambios fueron muy rápidos y, a partir de 1810, en América se formaron juntas que comenzaron a plantear la ruptura con la metrópoli. Para algunos, suponía la independencia absoluta. Para otros, implicaba una mayor autonomía del poder del rey, pero sin cuestionar la pertenencia a la monarquía española.

En 1816, con la excepción de Estados Unidos, todas las naciones eran monárquicas. Una gran parte de los diputados del Congreso defendían la monarquía como forma de gobierno para la nueva nación. Pero estos proyectos no prosperaron. En ese marco, tampoco tuvo éxito la idea de coronar a un descendiente de los incas como una de las políticas tendientes a captar el apoyo de los pueblos indígenas. Aún así, con este mismo propósito, el Acta de la Independencia fue publicada también en quechua y aimara, tal como había sucedido antes con otras declaraciones políticas importantes.

Es decir que el Congreso de Tucumán declaró la independencia pero los congresales no se pusieron de acuerdo acerca de la forma de gobierno a adoptar. “El incierto contorno que habría de asumir la nueva entidad política proclamada en 1816 no dependía solo del derrotero de la guerra sino también de la capacidad de negociación de las elites para alcanzar un acuerdo estable bajo una forma de gobierno consensuada con las regiones disidentes que proclamaban sus derechos a la autonomía y al autogobierno” (Ternavasio, 2016, p. 37).

Uno de los silencios más llamativos de la declaración fue la ausencia de referencias a la revolución, a la que los diputados consideraban como un peligroso avance de la insubordinación. Tres semanas después del 9 de julio, el Congreso aprobó un decreto que comenzaba con la frase “fin a la revolución, principio al orden”. “Distanciado de la revolución, el tiempo que inauguraba la independencia se asociaba al orden” (Entín, 2016, p. 17).

La Declaración de la Independencia fechada el 9 de julio de 1816 -junto con la Revolución de Mayo- se convertiría en uno de los mitos fundacionales de esa nación que se conformaría como tal recién en la segunda mitad del siglo XIX. Pese a su importancia simbólica, el Acta de la Independencia no fue suficiente para crear la nación. “El problema interpretativo, entonces, deviene de los relatos que a posteriori de los acontecimientos cristalizaron la imagen de una revolución de independencia que colocó en el punto de partida lo que en realidad fue un punto de llegada” (Ternavasio, 2016, p. 32).

Sin dudas, conocer las nuevas perspectivas que aporta la historia y reflexionar críticamente sobre el pasado, constituyen un modo de iluminar los significados que tiene, en el presente, ser un país independiente.

Recursos y recomendaciones para un mayor desarrollo del tema:

  • Los expertos nos cuentan”. Educ.ar. Video en el cual el historiador Fabio Wasserman expone acerca del 9 de julio de 1816, mientras Ana Dorado acompaña con la realización de infografías y dibujos.

 

  • Colección Independencia”. Educ.ar. Historiadoras e historiadores presentan de forma sintética distintas aristas en torno a los procesos de 1816. El video “Un país con dos fechas” aborda la temática de la doble celebración patria en Argentina y el historiador Fernando Aliaga explica los cambios en la Casa de Tucumán.

  • Especial 9 de Julio. Portal ABC, de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires. Presenta diversos apartados temáticos referidos a la fecha, los principales sucesos, su contexto, y protagonistas, así como también recomendaciones bibliográficas y fílmicas. El material incluye una valiosa carpeta de imágenes.

Bibliografía

Área de Ciencias Sociales, INFD (2016). Nuevas miradas, viejos problemas: revolución, independencia y guerras civiles en los orígenes de la nación argentina (1806-1880). En Clase 5: Revolución, guerra e independencia. Segunda parte (1814-1820), Especialización docente en la Enseñanza de las Ciencias Sociales en la escuela primaria. Buenos Aires, Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.

Entin, Gabriel (2016). Enigmas y dilemas de la independencia. En Entin, Gabriel y otros: Crear la independencia. Historia de un problema argentino. Buenos Aires, Capital Intelectual.

Linare, Cecilia y otros (2016). Celebrar los 200 años de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata y enseñar los procesos históricos que le dan sentido y significación en la Escuela Primaria. Buenos Aires, Dirección Provincial de Educación Primaria.

Ternavasio, Marcela (2016). La independencia y sus silencios. En Entin, Gabriel y otros: Crear la independencia. Historia de un problema argentino. Buenos Aires, Capital intelectual.

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Imagen de portada: Wikimedia Commons.

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