Palabra 51: Banalidad del mal

Las escuelas bonaerenses construyen memoria. Palabras, conceptos y definiciones.

Creado: 4 septiembre, 2026 | Actualizado: 6 de octubre, 2026

Producción: estudiantes de quinto año: Candelaria Cabanay, Juan Carpanelli, Martina Cerviño, Ana Cortés, Jano Geiger, Marcos Herrero, Victoria Machado, Blas Marino, Ángela Rosa, Lucía Sánchez y Pilar Tejera.
Tutoría: Liliana Descalzo (docente) y Ivana Villar Laskiewicz (docente).
Institución educativa: Colegio de la Reconquista, Tigre.


El concepto de banalidad del mal fue acuñado por Hannah Arendt*. En su tesis, la filósofa describe a este término como un conjunto de acciones pensadas y llevadas a cabo de manera irreflexiva, es decir, actos atroces realizados superfluamente por personas comunes. Afirma que no se actúa por odio, sino por la incapacidad de pensar críticamente sobre la realidad y sobre las consecuencias éticas y morales que presupone la obediencia ciega en el afán de pertenecer al sistema. Según esta premisa, el mal no surge desde un desagrado extremo ni de un deseo de destrucción, sino del acatamiento irracional, la falta de juicio moral y la rutina. Es un mal que se vuelve posible cuando personas comunes dejan de pensar por sí mismas y se vuelven incapaces de ponerse en el lugar de los demás. 

* La banalidad del mal es la tesis presentada por Arendt en su obra Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal, publicado en 1963 en el periódico estadounidense New Yorker. La filósofa asistió a las jornadas como cronista del juicio y entrevistó a Eichmann, teniente coronel de las SS, responsable de la solución final y del traslado de los deportados a los campos de concentración. Analizó que Eichmann no era un sujeto sádico o demoníaco, sino alguien “terriblemente normal”, totalmente común. Arendt observó que hombres normales, en determinadas circunstancias, se involucran en una empresa asesina y están dispuestos a todo exculpando la responsabilidad por sus actos. Eichmann seguía las reglas impuestas por el régimen nazi, repetía frases hechas y era incapaz de pensar por sí mismo con criterios propios, No cuestionó las normas establecidas. No mostró culpa, odio, ni arrepentimiento. Afirmaba no tener ninguna responsabilidad porque estaba haciendo su trabajo, cumpliendo con su deber, obedeciendo órdenes y en conformidad con la ley. 

El concepto tuvo gran impacto al romper con la idea clásica de que el mal proviene solo de las personas crueles y, con su tesis, Arendt demuestra que individuos normales también pueden cometer atrocidades. Aplicando este pensamiento, sistemas totalitarios favorecen la banalización de los actos atroces porque relativizan las responsabilidades individuales y transforman los crímenes en procedimientos administrativos impersonales. 

Asimismo, junto con el concepto banalidad del mal, Hannah Arendt introduce el de mal radical como forma de llamar a las prácticas desubjetivantes instauradas por el régimen nazi, en las cuales se buscaba la aniquilación de la singularidad del individuo y la desaparición de las huellas de la existencia. La radicalidad del mal requería tres pasos para realizarse: 1) La supresión de la persona y de su carácter de ser humano borrando todo rastro o recuerdo de su existencia misma, además de matar a la persona jurídica, situarla como fuera de la ley a través de la desnacionalización. 2) La aniquilación de la persona moral, a través de la corrupción de toda forma de solidaridad humana, llegando al extremo de involucrar a los sometidos en la delación y asesinato de sus compañeros. 3) La aniquilación de cualquier rastro de individualidad y dignidad humana. Se proponían la eliminación de la subjetividad, de lo que Arendt denomina espontaneidad de los hombres, a fin de procurar la dominación total. 

La tesis sobre la banalidad del mal, sostenida por Hannah Arendt, junto con el concepto de mal radical, son aplicables a las acciones planeadas y llevadas adelante por la última dictadura cívico- militar en Argentina a partir de 1976. La represión se organizó de manera burocrática y sistemática: secuestros, torturas, desapariciones forzadas y apropiación de infantes, hechos que se ejecutaban siguiendo una lógica administrativa en la que muchos funcionarios civiles, militares y de las fuerzas de seguridad, actuaban como simples engranajes de la maquinaria represiva. Fue el cumplimiento del deber o de su trabajo, antes que el odio personal lo que motivó sus actos planeados dentro de un sistema en el cual no había lugar al cuestionamiento, solo la reproducción sistemática de la violencia. A su vez, parte de la sociedad naturalizó el terror, aceptándolo o sometiéndose a él como algo cotidiano. 

La dictadura argentina demostró cómo el mal puede volverse rutinario y “banal“ cuando las personas dejan de reflexionar, de pensar críticamente y se limitan a obedecer. 

Un ejemplo de esta banalidad es el libro La otra campana del Nunca Más publicado por el represor Miguel Etchecolatz, director de Investigaciones de la policía bonaerense y mano derecha del general de brigada Ramón Camps, durante la dictadura militar, en el que se minimiza el número de desaparecidos, se pone en duda la responsabilidad del Estado y el carácter criminal de la represión. El represor declaró, también, en el programa “Hora Clave” el 28 de agosto de 1997, que “se manipuló con arbitrariedad (la situación)” y remarcó que “publicaron gente de más para mancharlos”. También se presentaba a sí mismo como “alguien que solo cumplía órdenes o que restablecía el orden”*.

Se puede ver el video Pelea entre Echecolatz y Alfredo Bravo (1997) (Archivo DiChiara, 2021 [YouTube]). 

Otro de los entrevistados, Alfredo Bravo, dirigente político y ex detenido desaparecido, en respuesta, lo calificó como un personaje siniestro y habló de su propia tortura detalladamente. En el programa, el represor le preguntó a Bravo si lo había torturado y en qué consistía esa tortura, lo que obligó a Bravo a revictimizarse, tras el recuerdo de haber sido picaneado por Etchecolatz, que con una enorme carga sarcástica, lo llamó “maestro”: “Maestro, escupa todo y no trague nada”*.

* Se puede ver el video Alfredo Bravo habla de la justicia por mano propia - hechos de violencia (1996). (DiFilm, 2017 [YouTube]).

Etchecolatz expuso también como una burla, como si fuera algo menor, casi médico, denominando la tortura que había aplicado sobre Bravo como un “tratamiento de pie”*. Comunicó el acto con un lenguaje técnico o neutral para algo atroz como la picana eléctrica y la sumersión en agua hirviendo. Lo hizo sin mostrar remordimiento, lo cual transforma un crimen en un hecho normal, como si hablara de un trámite. 

*  El uso de falanga es un método de tortura que deliberadamente tiene como objetivo infligir dolor intenso en los pies y la parte inferior de las piernas mediante golpes con varas.

Este detalle es simbólico porque muestra cómo en la dictadura los represores tomaban el sufrimiento como si fuera rutina, sin percibirlo como maldad. Para ellos era simplemente parte del trabajo. 

Otro ejemplo de análisis sería el ex capitán de corbeta Scilingo. En su relato reflejó cómo los jefes militares justificaban sus actos con versículos falsos de La Biblia: “...siempre se hablaba de lo mismo. Se empleaba la parábola de Cristo relacionada con que había que separar la hierba mala del trigo y que nuestra función era esa, que no pecábamos. Y yo siempre lo creía así, o sea... Era lo último que tenía para agarrarme como justificativo”. 

*Se puede ver el video Caso Scilingo 1: La confesión de un genocida. (Más que crónicas, 2017 [YouTube]). 

Este caso muestra cómo los propios soldados intentaban autoconvencerse para aceptar esta falsa justificación. 

Entre las detenidas desaparecidas de la cárcel de Devoto, un testimonio muestra la humillación cotidiana a la que eran sometidas, por miembros del servicio penitenciario, todas mujeres “Ustedes van a salir cuando la barba blanca llegue al piso” (Testimonio de Blanca Blecher Beguán, 2006).

Uno de los ejemplos más claros de la banalidad del mal es el del dictador Jorge Rafael Videla. En una conferencia de 1979, al ser consultado por los desaparecidos, respondió que “no tienen entidad, no están… ni muertos ni vivos”, mostrando total frialdad y deshumanización. Años después, en una entrevista con el periodista Ceferino Reato, explicó que decidieron hacer desaparecer personas para que la sociedad no notara los crímenes. Esta estrategia encubría el exterminio mediante el silencio y la confusión, presentando el horror como algo administrativo. Así, Videla encarna la banalidad del mal: la justificación racional de la violencia y la negación de la humanidad ajena. 

El concepto de la banalidad del mal desarrollado por Hannah Arendt permite comprender cómo las atrocidades no siempre surgen del fanatismo o del odio, sino de la obediencia ciega y la renuncia a reflexionar críticamente sobre los propios actos. Tanto en los sistemas totalitarios europeos como en la última dictadura cívico-militar argentina, se evidencia cómo la violencia pudo ser llevada adelante por personas comunes que, amparadas en la rutina, el deber o las órdenes superiores, transformaron crímenes aberrantes en meros procedimientos administrativos. Esta deshumanización no solo afectó a las víctimas directas, sino también a la sociedad en su conjunto, que naturalizó o aceptó el terror como parte de la vida cotidiana. 

Los ejemplos de Etchecolatz, Scilingo y Videla muestran cómo el mal puede presentarse de manera “normal”, oculto tras el lenguaje técnico, religioso o administrativo, despojando de humanidad tanto a las víctimas como a los criminales. Así, la banalidad del mal nos advierte sobre los peligros de la obediencia ciega y la indiferencia moral, recordándonos la necesidad de pensar, cuestionar y asumir responsabilidad ética frente a las acciones y estructuras que nos rodean. 

Reconocer la banalidad del mal en estos hechos resulta fundamental para comprender que la responsabilidad individual no se diluye en el sistema, y que la reflexión ética y el pensamiento crítico son esenciales para impedir que la historia vuelva a repetirse. 

Referencias y recursos bibliográficos

Archivo DiChiara. (2021). Pelea entre Echecolatz y Alfredo Bravo (1997) [Video]. YouTube.

Arendt, H. (1999). Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal. Editorial Lumen.

Beguán, V. (comp.) (2006). Nosotras presas políticas: Obra colectiva de 112 presas políticas entre 1974 y 1983. Nuestra América Editorial.

DiFilm. (2017). Alfredo Bravo habla de la justicia por mano propia - hechos de violencia (1996). [Video]. YouTube.

Fontevecchia, J. (2022). La banalidad del mal. Perfil.

Más que crónicas. (2017). Caso Scilingo 1: La confesión de un genocida. [Video]. YouTube.

Merlin, N. (2016). El mal radical y la banalidad del mal. Página/12.

Prip, K., Persson, A. L., y Sjölund, B. H. (2012). Funciones sensoriales en las plantas de los pies de víctimas de tortura generalizada, víctimas que también sufrieron golpes en los pies (falanga) y controles sanos: un estudio ciego con pruebas sensoriales cuantitativas. BMC International Health and Human Rights, 12, 39.

Salvi, V. (2020). Justificar, silenciar, encubrir. Las declaraciones de Videla sobre los desaparecidos. Revista Anfibia.

Walsh, R. (2000). Carta abierta de un escritor a la junta militar. En Operación Masacre. Ediciones de la Flor.

Este trabajo fue realizado en el marco de la convocatoria Palabra 51. Para su publicación, se han realizado correcciones tipográficas respetando el formato original de la presentación y el uso del lenguaje elegido por sus autoras y autores.

Palabra 51

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