Palabra 51: Censura y desinformación

Las escuelas bonaerenses construyen memoria. Palabras, conceptos y definiciones.

Creado: 4 septiembre, 2026 | Actualizado: 6 de octubre, 2026

Producción:estudiantes de segundo y tercer año: Barrios, Rebeca; Condor Figueroa, Milka; Feijoo, Nicole; Ferreira, Liz Camila; Florenciañez, Mavel Milena; Godoy, Daiana; Mollo, Edwin; Pacheco, Rodrigo; Ramírez, Angélica; Rodríguez, Facundo; Velásquez, Viviana; Zorrilla, Franco.
Tutoría: Müller, Daniel; Ruiz, Amneris; Valdez, Andrés.
Institución educativa: Centro Educativo de Nivel Secundario N° 472, Lomas de Zamora.


En el contexto de la historia argentina, la manipulación mediática y la desinformación han sido instrumentos clave en procesos de control social y político, como podemos ver en este caso en particular, tras el golpe cívico militar de 1976, la Junta Militar implementó un sistema de propaganda y censura que transformó los medios de comunicación en herramientas de control ideológico.

Los medios de comunicación fueron utilizados a diestra y siniestra como herramientas de propaganda y control. Desde los medios se manipulaba la información a fin de difundir mensajes ideológicos aprobados únicamente por el régimen militar, reprimiendo la libertad de expresión y esgrimiendo la censura como norma principal. 

Todos los medios estaban obligados a seguir las órdenes del Gobierno y a transmitir solo lo que los militares aprobasen. La censura y el control produjeron una atmósfera social y un clima cultural que hicieron factible el horror a través de la implantación del terrorismo de Estado, en el marco de un tópico más amplio y todavía pendiente de profundización y reflexión, que es el de la responsabilidad que en lo ocurrido le cabe a distintos sectores de la sociedad civil.

Entre los comunicados de la Junta de Comandantes Generales dados a conocer el 24 de marzo de 1976, se incluyó el N.º 19, que expresaba que sería:

“reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidos a asociaciones ilícitas o a personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o de terrorismo” y “con reclusión de hasta diez años el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados e imágenes con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar la actividad de las Fuerzas Armadas, de seguridad o policiales”. 

Por otra parte, el régimen mostró desde el principio su inclinación a actuar al margen de toda normativa, incluso la dictada por ellos mismos por medio de las intervenciones a canales de televisión, radios y la expropiación, clausura temporaria o definitiva de algunas revistas y periódicos. Se sucedieron encarcelamientos, secuestros intimidatorios, desapariciones y asesinatos de periodistas y editores, incluso de algunos favorables a la dictadura que terminaron siendo víctimas de las internas entre los jefes de las diferentes armas. 

Las condiciones de circulación también estuvieron severamente limitadas; cuando los mecanismos de control previo o la autocensura fallaban, se recurría al secuestro de la tirada antes de que llegara al público y, último, las condiciones de consumo también se vieron afectadas a raíz de la suspensión de las actividades gremiales de trabajadores, empresarios y de profesionales, y toda actividad política, imponiéndose el estado de sitio y por la prohibición de realizar reuniones en la vía pública. 

En ese sentido, se debe tener en cuenta que un régimen autoritario suprime la escena política y la palabra pública pasa a canalizarse principalmente a través de los medios, que están sujetos a un estricto control. 

Ante esta situación, la respuesta de los medios fue diversa, pues algunos optaron por la clandestinidad y la resistencia frontal, como la Cadena Informativa y la agencia ANCLA. 

Otros, como La Prensa y La Opinión, mostraron formas parciales de resistencia, a menudo equilibrando el apoyo al régimen con críticas a las violaciones de los derechos humanos. Podemos destacar también al diario The Buenos Aires Herald, el diario de la comunidad británica, y la revista Humor, que se destacaron por su crítica.

Por otro lado, hubo medios que colaboraron abiertamente con la dictadura, como Extra y Carta Política, o que se vieron comprometidos por intereses económicos, como La Nación y Clarín. Finalmente, existió una prensa abiertamente cómplice, que colaboró estrechamente con la dictadura.

Esta manipulación mediática se extendió como una estrategia para suprimir y desvirtuar la información desde el poder político, recurriendo a la retórica, la desinformación y la propaganda. El objetivo era generar un favor emocional en el público, apelando a prejuicios, promesas, emociones, miedos y esperanzas populares.

La manipulación mediática a menudo asociada a discursos políticos pseudopopulistas, se basa en la demagogia, definida como el manejo indirecto de la voluntad política de las masas. No obstante, la Junta Militar, utilizando falacias, omisiones, alteración del significado, estadísticas fuera de contexto, control del lenguaje, demonizaciones y falsas dicotomías, buscaba manipular la emocionalidad de las mayorías para mantener el poder. Por eso, quizás podríamos visibilizar su práctica mediante una nueva categorización, como una “demagogia fáctica".

El lúgubre gobierno de Reorganización Nacional, encabezado por Videla y sus secuaces, utilizó todos y cada uno de los medios para desinformar sobre la realidad del día a día y adornar y embelesar las cualidades de sus actos de gobierno y/o sus funcionarios de turno, en nombre del bien común.

Da cuenta de esto la inauguración de Argentina Televisora Color en el ámbito de Canal 7 (la TV pública Oficial) y la realización del Mundial de Fútbol de 1978, todo gracias al supuesto esfuerzo del Gobierno Nacional y, en teoría, para el bienestar del pueblo.

Otro caso singular se desarrolló en el año 1982: “Banderazo argentino”, “Recuperación histórica”, “Las Malvinas son argentinas”, “Hundimos el Sheffield”, “Aparición del TIAR” (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), “Estamos ganando”, “Que venga el principito”, “Hundieron el Belgrano”, “Rendición de Puerto Argentino”, “Galtieri llorando en el balcón de la Rosada”. No hay en la historia argentina un ejemplo tan flagrante de manipulación por parte de un gobierno, sea o no democrático. Esto sumado a los miles de desaparecidos, la persecución política, la violación de los derechos humanos y el uso y abuso de una de las peores herramientas de la dictadura, la desinformación.

Como podemos ver, la manipulación de los medios hace uso y abuso de todas las herramientas a su alcance, y las que no hay las inventa. En la actualidad asistimos nuevamente a estas prácticas de control y desinformación. No es nada nuevo; hemos pasado de las simples cartas, carteles, libros, telegramas, radio, cine, televisión, teatro y telefonía a su uso actual en Internet y las redes sociales. Se trata de un método de manipulación que depende de nosotros identificar. Sobre todo, para seguir haciendo buen uso de la frase: “Nunca Más”.

Referencias y recursos bibliográficos

Centro Nacional Patagónico. (s.f.). Centro Científico Tecnológico del CONICET.

Fadi, N. (2017). Los medios de comunicación en la dictadura militar de 1976.

Menajovsky, J. (2016). Medios y dictadura a 40 años del 24 de marzo de 1976. UNICEN.

Este trabajo fue realizado en el marco de la convocatoria Palabra 51. Para su publicación, se han realizado correcciones tipográficas respetando el formato original de la presentación y el uso del lenguaje elegido por sus autoras y autores.

Palabra 51

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