Palabra 51: Desaparecer en democracia
Las escuelas bonaerenses construyen memoria. Palabras, conceptos y definiciones.
Creado: 2 septiembre, 2026 | Actualizado: 6 de octubre, 2026
Autoría:
Producción: estudiantes de segundo año: Diego Almirón, Edgar Algarin, Alan González, Emanuel Gonzálaez, Bruno Borrachia, Gustavo Giugliano, Lucas Tomasi, Luca Silva, Jonathan Benítez, Tobías Sacheri, Juan Manuel Costa, Lautaro Herrera y Horacio Cantero.
Tutoría: Marisol Serna.
Institución educativa: Centro Educativo de Nivel Secundario N° 451, General Alvear.
En lo más profundo de sus definiciones, "desaparecer" y "democracia" representan conceptos diametralmente opuestos. La desaparición forzada es la negación más extrema del ser humano; es un acto de violencia que busca borrar la existencia de una persona. El Estado, a través de sus agentes, se apropia de un individuo, lo saca del ámbito público y lo niega ante su familia y la sociedad. La persona "desaparecida" pierde todos sus derechos: su derecho a la identidad, a la libertad, a un juicio justo y, en última instancia, a la vida. Su existencia legal y social es borrada, creando un limbo de incertidumbre y dolor para sus seres queridos. La desaparición es la herramienta del terror, diseñada para silenciar la disidencia, infundir miedo y desintegrar el tejido social.
Por otro lado, la democracia se fundamenta en la protección de los derechos y la afirmación del individuo. Se basa en la idea de que cada persona es un ciudadano con derechos inalienables y un valor intrínseco. El sistema democrático garantiza la libertad de expresión, el debido proceso, la presunción de inocencia y la rendición de cuentas del poder. La esencia de la democracia radica en la visibilidad y el reconocimiento de cada persona. Cada ciudadano tiene una voz, un voto, una identidad legal y una existencia que el Estado debe proteger.
La desaparición en democracia demuestra la existencia de un "Estado dentro del Estado", una fuerza oscura que opera al margen de la ley. Evidencia que las vulnerabilidades del sistema de justicia, la corrupción policial y la impunidad pueden abrir una brecha por la que las viejas prácticas de la dictadura se filtren y persistan. Así, la antítesis entre ambos términos no solo es teórica, sino que se manifiesta de manera trágica en la vida de quienes, en teoría, deberían estar protegidos por el sistema.
La desaparición forzada es la detención ilegal de una persona por fuerzas de seguridad, sin informar su paradero. Este es un acto que choca directamente con los principios de la democracia, un sistema de gobierno en el que el poder reside en el pueblo y se ejerce a través de la elección libre de sus representantes.
Mientras que en las dictaduras la desaparición de personas era una práctica sistemática del terror de Estado, hoy en día, en un sistema democrático, este fenómeno adquiere una complejidad mucho mayor. No es solo un acto de violencia, sino también un reflejo de las profundas fallas institucionales. Desaparecer en democracia expone la vulnerabilidad de los derechos humanos, la ineficacia del sistema de justicia, la corrupción y el abuso de poder. Se espera que el Estado proteja a sus ciudadanos y, cuando no lo hace, esta falla demuestra que las viejas prácticas de violencia y opresión no han desaparecido del todo.
Uno de los ejemplos más conmovedores de esta paradoja es la historia de Jorge Julio López. Este albañil platense, militante político, peronista, fue secuestrado en 1976 durante la última dictadura cívico-militar argentina. Permaneció cautivo durante tres años hasta su liberación en 1979. Sin embargo, su historia tomó un giro trágico y revelador el 18 de septiembre de 2006. Ese día, en plena democracia, Jorge Julio López fue secuestrado nuevamente. Había salido de su casa en el barrio de Los Hornos para asistir a la audiencia en la que se daría a conocer la sentencia contra Miguel Etchecolatz, un represor de la dictadura a quien él había señalado en su testimonio. Su desaparición se vinculó de inmediato a su rol crucial en los juicios por crímenes de lesa humanidad.
La historia de López demuestra que, a pesar del tiempo transcurrido y de la vuelta a la democracia, ciertas prácticas violentas y la impunidad no han mermado lo suficiente. Su caso subraya cómo la memoria y el testimonio se convierten en un acto de valentía y, a su vez, en un riesgo en un contexto donde el Estado no logra garantizar la seguridad de quienes buscan justicia.
El testimonio de las víctimas y sobrevivientes es fundamental para la reconstrucción de la verdad histórica. Durante la dictadura, los perpetradores de crímenes buscaron eliminar toda evidencia documental. Ante esta estrategia de borrado, la voz de quienes sobrevivieron se convirtió en la prueba irrefutable de lo sucedido.
En el siglo XX, como señaló la historiadora Annette Wieviorka, se inauguró "la era del testigo". Por primera vez, los relatos de las víctimas obtuvieron legitimidad social y política para narrar las atrocidades. Sus testimonios, difundidos masivamente, se convirtieron en la base para la construcción de la memoria colectiva y en una herramienta para la justicia, demostrando que, aunque los cuerpos puedan desaparecer, las historias y las verdades permanecen.
La democracia se basa en la idea de que todos tienen derecho a la justicia, a la verdad. La desaparición forzada niega ambos y anula la memoria de una sociedad que aún tiene mucho por aprender.
La importancia del testimonio de López se ve dramáticamente reforzada por su segunda desaparición en 2006. Al haber declarado contra Etchecolatz, se convirtió en un testigo clave y su desaparición un día antes de la lectura del veredicto demostró la persistencia de los aparatos de represión que no se someten al derecho. Este hecho no solo resalta la vulnerabilidad de los derechos humanos en democracia, sino que también subraya el peligro que corren quienes se atreven a romper el silencio y a buscar justicia, dando cuenta que la democracia aún no ha logrado sanar completamente las heridas del pasado.
En la actualidad hay otra especie de "desaparecidos en democracia", concepto que aunque no refiere a la desaparición forzada sistemática de las dictaduras, apunta a una grave forma de invisibilización y exclusión estructural que socava la promesa de igualdad de los regímenes democráticos. Se trata de aquellos grupos cuya existencia y padecimientos son borrados, ignorados o minimizados por la agenda pública y las políticas de Estado, a pesar de vivir en un sistema formalmente plural. Esta "desaparición" se manifiesta como ausencia de derechos plenos, invisibilidad mediática y política, vulnerabilidad extrema -sufrida por grupos minoritarios como pueblos originarios, sujetos en situación de pobreza, migrantes y refugiados, personas en contexto de encierro, comunidades LGBTQIA+, mujeres e individuos con discapacidad-.
En síntesis, la comparación se centra en la naturaleza de la ausencia:
Desaparecidos en la dictadura: Fueron eliminados físicamente para acallar una amenaza política, un crimen que el Estado negó activamente.
Desaparecidos en democracia: No son eliminados, sino invisibilizados social y políticamente; son relegados al margen hasta el punto de que su padecimiento no parece existir para el cuerpo social mayoritario. Su exclusión es el resultado de la desigualdad estructural y la falta de voluntad política para incluirlos realmente, lo que constituye un profundo déficit de la calidad democrática.
Entonces, ¿cuál de los casos será más peligroso? El primero de ellos afortunadamente forma parte de nuestra historia y sobre todo de nuestra memoria, honrando así la verdad. Respecto al segundo, la formulación e implementación de políticas públicas, en particular en el ámbito de la educación, es el motor fundamental de esperanza para la reversión de las vulnerabilidades que afectan a estos grupos históricamente excluidos. Estas políticas, no solo buscan mitigar las desventajas actuales, sino que aspiran a fomentar una sociedad más equitativa y cohesionada donde el origen no determine el destino y, donde el ejercicio de la justicia –individual y social- sea una garantía válida para cualquier ciudadano.
Referencias y recursos bibliográficos
Caterbetti, J. (2023). Jorge Julio López: memoria escrita. Marea.
Ministerio de Educación de la Nación (2023). Memorias.
Ministerio de Educación de la Nación (2015). Política y ciudadanía.
Moler, E. (2023). La larga noche de los lápices: relatos de una sobreviviente. Marea.
Tercer Coloquio Interdisciplinario de Abuelas de Plaza de Mayo, 2004. Violaciones a los Derechos Humanos frente a los derechos a la verdad e identidad.Tomado del sitio Abuelas de Plaza de Mayo.
Walsh, R. (2012). Ese hombre y otros papeles personales. Ediciones de la Flor.
Este trabajo fue realizado en el marco de la convocatoria Palabra 51. Para su publicación, se han realizado correcciones tipográficas respetando el formato original de la presentación y el uso del lenguaje elegido por sus autoras y autores.