Palabra 51: El falcon verde

Las escuelas bonaerenses construyen memoria. Palabras, conceptos y definiciones.

Creado: 2 septiembre, 2026 | Actualizado: 6 de octubre, 2026

Producción: estudiantes de segundo año: Juan, Ana Paula; Ramos, Nara. 
Tutoría: Navarro, Romina; Ladux, Miguel. 
Institución educativa: Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 5 Eduardo Galeano, Adolfo Alsina.


El falcón verde militar fue el vehículo que más se identificó con la dictadura militar argentina que empezó el 24 de marzo de 1976. Fue el más utilizado para secuestrar trabajadores, trabajadoras y estudiantes, en sus casas, en sus lugares de estudio y en la calle.

Su presencia en los barrios generaba mucho miedo, cuando se los veía pasar sin patente que permitiera identificarlos. Los conducían miembros de la policía y el ejército o grupos de tarea civiles, encapuchados, ejecutores de los secuestros. 

El objetivo era meter miedo y amenazar a la población, además de trasladar a muchísimos detenidos-desaparecidos aprovechando que era un auto muy espacioso.

No hay película de la época que no muestre un Falcón verde patrullando las calles.

El Falcón verde, además, muestra la complicidad que había entre la dictadura y algunas grandes empresas, ya que Ford, que hasta tenía un campo de concentración dentro de su establecimiento, hizo un acuerdo con el gobierno para entregarle 90 de estos autos.

El modelo de auto más popular del país, el más confiable y seguro, era usado como arma en contra del pueblo trabajador, para imponer un feroz plan de ajuste y disciplinamiento social mediante el terror.

El Falcón fue un símbolo de la dictadura, las Fuerzas Armadas lo utilizaron para secuestrar dirigentes, militantes de base, trabajadores y trabajadoras en general. En esa época, todos los lugares de trabajo y producción pasaron a ser considerados objetivos militares. 

En los casos de Acindar, Astarsa, Dálmine-Siderca, Ford, Ledesma y Mercedes Benz, las empresas facilitaron vehículos, infraestructura, personal y financiamiento para la represión y franquearon el acceso a las plantas permitiendo la operación de los llamados “grupos de tareas”. Estos grupos se encargaban del secuestro de personas y estaban integrados en general por militares de bajo rango, incluyendo agentes encubiertos entre el personal de la fábrica. Lo que pretendía la dictadura y los grupos empresarios aliados era exterminar a la oposición obrera y popular encuadrada en organizaciones sociales tales como sindicatos, centros barriales y nuevas formas de organización de base que surgieron en aquella época.

Santiago Garaño, investigador del Conicet, dice que a veces un objeto material puede representar un proceso histórico. Eso fue lo que ocurrió con el Ford Falcón en relación al accionar del terrorismo de Estado en tiempos de la última dictadura argentina. Ese automóvil se volvió memoria material de la labor clandestina de los grupos de tareas que acecharon nuestro país, patrullas que sembraban el miedo en las calles y funcionaron como correa de transmisión entre los operativos de secuestros y los centros clandestinos de detención. Seguramente, muchos autos de otras marcas y modelos fueron utilizados para esa tarea, pero solo uno –el Ford Falcon Verde– se volvió el emblema, la cara visible de un poder secreto, oculto e ilegal. Por esas casualidades o sincronías de la historia, el modelo lo afiliaba directamente al linaje de un represor llamado Ramón Falcón, aquel Jefe de Policía emblema de otra época de fuerte persecución política –los albores del siglo XX–.

Al igual que sucedió con otras tantas facetas de la represión, la conocimos a través de la memoria social de una sociedad que se volvió audiencia privilegiada de las puestas en escena del terror. Fue ese relato oral el que volvió a los “Falcons” emblemas, símbolos, íconos, narraciones contadas y recontadas, por momentos aterrorizadas o cómplices, pero muy persistentes. 

Sin embargo, ¿cómo probar que esa memoria era verdadera? Al igual que sucedió en el marco del proceso de Memoria, Verdad y Justicia, primero contamos con los testimonios valientes de familiares y sobrevivientes sobre los centros clandestinos de detención ante la CONADEP y el Juicio a las Juntas; luego las exhumaciones de restos de personas desaparecidas (el cuerpo del delito); y finalmente, y recién dos décadas después del retorno de la democracia, el acceso a los “archivos de la represión” ampliados. Estas fuentes leídas en su contexto permiten probar la serie mayor en la que se inscribía la represión. Entre estos documentos está el que constata la compra de los Ford Falcón. Son parte del fondo de Expedientes Secretos, Confidenciales y Reservados de Ministerio del Interior, que también reunía los decretos que ponía a disposición del Poder Ejecutivo Nacional a miles de prisioneros políticos, cartas de familiares pidiendo información sobre personas desaparecidas y delaciones que enviaban ciudadanos cómplices con la llamada “lucha contra la subversión”. 

En síntesis: este expediente es una huella burocrática más que nos permite sostener que el accionar represivo fue –como han sostenido los familiares de las víctimas– realizado desde el aparato del Estado, pero fundamentalmente que el mapa de la represión ha sido el fruto de una tarea ardua, artesanal y colectiva basada en unir huellas, indicios y testimonios; preservados y accesibles –en este caso– por profesionales con compromiso con el rol social de su tarea.

Referencias y recursos bibliográficos

DGCyE (2025). Palabras clave para una pedagogía de la memoria: una herramienta para abordar el terrorismo de Estado y los derechos humanos en las escuelas bonaerenses / Celeste Adamoli ... [et al.]; Contribuciones de Julieta Elffman; Ziomara De Bonis Orquera; Editado por Cecilia Flachsland; Prólogo de Alberto Sileoni. - 1a ed. - La Plata.

Memoria y Derecho a la Identidad en el Nivel Secundario y Superior. Módulo 2 (pp. 25-2) 8.

Santiago Garaño. Investigador de CONICET y docente universitario.

Este trabajo fue realizado en el marco de la convocatoria Palabra 51. Para su publicación, se han realizado correcciones tipográficas respetando el formato original de la presentación y el uso del lenguaje elegido por sus autoras y autores.

Palabra 51

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