Palabra 51: Empatía

Las escuelas bonaerenses construyen memoria. Palabras, conceptos y definiciones.

Creado: 3 septiembre, 2026 | Actualizado: 6 de octubre, 2026

Producción: estudiantes de la Tecnicatura Superior en Higiene y Seguridad en el Trabajo: Delfina Villarrubio, Carina Giménez, Nahir Medina, Joaquín Serventi,  Raquel Ribera, Ramiro Oviedo, Tomás Vescovo, Paola Seoane, Felipe Zuleta, Tamara Acosta.
Tutoría: Natalia Molinari (profesora).
Institución educativa: Instituto Superior de Formación Técnica N° 188, General Rodríguez.


Durante la última dictadura militar en Argentina (1976-1983) se implementó un plan sistemático, no solo en el campo económico y político, sino en el entramado social; el quebrantamiento de los lazos entre las personas: vecinos, familiares y amigos, enemigos o extraños. Se impuso el terror, el caos, la desconfianza y el silencio. En medio de tanta desesperación, surgía la necesidad de sentirse protegidos, sin el temor constante de ser perseguidos, secuestrados, acusados, desaparecidos, asesinados…

Frente a toda esta situación que afrontábamos, en contra de nuestros opresores o dictadores, más bien dicho que buscaban aislarnos, generarnos terror al querer defender a nuestros seres queridos, nos demostraban lo que ocurría si no guardábamos silencio logrando así que nadie pudiera ni quisiera ayudar al otro, consiguiendo que la EMPATÍA tal como la conocemos, se convirtiera en una forma de resistencia silenciosa.

Una palabra sencilla, un sentido profundo

La palabra empatía viene de “empatheia”, del griego “sentir por dentro”. En sus orígenes se utilizó en el campo del arte para describir la emoción que una obra despertaba en quien la contemplaba. Con el tiempo, se incorporó a la psicología y las ciencias sociales para definir la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Sin embargo, en el contexto argentino de la memoria y los derechos humanos, empatía adquiere una dimensión política. Implica no solo sentir con el otro, sino reconocerlo como sujeto de derechos e identidad conformándose a todos como parte de una historia en común.

Empatía y memoria

Durante los años más oscuros de la dictadura militar, los argentinos fueron testigos de hechos atroces: secuestros, torturas, censura, exilios y desapariciones forzadas. Ante tanto terror muchas personas eligieron callar por el miedo; sin embargo, otros acompañaron, ayudaron o simplemente hicieron oídos sordos ante la situación que teníamos enfrente. Miles de familias quedaron marcadas por la ausencia, y el miedo se extendió como forma de control.

Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo representaron esta empatía en su forma más profunda; ellas transformaron el dolor personal en un compromiso con todos. Buscaron a sus hijos y nietos, pero también defendieron la vida, los derechos, la justicia y la memoria de un país entero. Cada uno de esos actos, muchas veces anónimos, fueron expresiones de empatía: pequeñas luces que desafiaron la oscuridad del terror.

La empatía como puente generacional 

A  50 años del golpe, la empatía se expresa en la relación entre las generaciones. Los jóvenes que no vivieron esta dictadura escuchan relatos de algunos sobrevivientes teniendo la empatía, el sentimiento, la tristeza e impotencia de estos testimonios; algunos incluso han llegado a interesarse y visitar sitios de memoria o investigar estos hechos que lograron cautivar su atención. En cada una de esas experiencias se produce un encuentro emocional con el pasado: comprendiendo así lo que sucedió no desde la distancia, sino desde el vínculo humano.

Las escuelas también tienen un papel fundamental ya que, en las aulas, la empatía se enseña en espacios libres de diálogos o debates de respeto. Enseñar sobre terrorismo de Estado, no es solo mostrar los documentos y testimonios del pasado reciente, sino brindar el espacio a los estudiantes para comprender, sentir, pensar y abrir nuevos debates que, no exentos de tensiones necesarias, permitan a las juventudes alcanzar un pensamiento crítico que dialogue entre pares y continúe contrayendo memoria.

Empatía frente a la negación 

El negacionismo y los discursos de odio, radicalizados en la actualidad por algunos sectores, constatan que, aunque todas las voces puedan decir, no todos los argumentos son respetables en la vida pública. Frente a la violación de los derechos humanos, que marcó para siempre la historia argentina, ni un paso atrás. Sin embargo, ante tanto ruido, la empatía se volvió una herramienta en democracia, que nos permite establecer puentes de diálogo; para comprender, pero además renovar el compromiso colectivo con el pasado reciente.

¿Cómo mantenemos vivo el pasado?

Lo hacemos a través de millones de testimonios en los juicios por estos delitos: cada sobreviviente que contó su realidad, cómo sufrió, qué es lo que vio, lo que sintió, sus pensamientos. Escuchar cada una de sus voces permitió que la sociedad empatizara con el horror vivido, que ninguna persona tendría que haber sufrido.

Las escuelas y las artes también han participado, por ejemplo a través de películas, tales como “La Noche de los Lápices” que relata sobre la lucha de estudiantes por tener un boleto estudiantil; libros como “La casa de los conejos” sobre una niña hija de un militante pasando la clandestinidad, bajo una fachada de crianza de conejos cuando la realidad era otra; y también obras de teatro como “Celina y las cartas”, una historia de amor que cuenta la historia de Celina (presa política durante la última dictadura cívica militar). Esto invita a que las personas vivan en la piel de quienes fueron silenciados.

Tenemos marchas del 24 de marzo donde miles de personas se reúnen para recordar, acompañar y decir “Nunca Más”; allí la empatía se convierte en presencia y compromiso ciudadano.

La empatía como base en la democracia 

Una sociedad democrática necesita la empatía para sostenerse y comprender las necesidades de la sociedad. Sin la capacidad de reconocernos en los otros, el diálogo se rompe y la violencia vuelve a encontrar lugar; la empatía no es solo una emoción, sino el valor político que nos une en toda diversidad.

Como decía Julio Cortázar en su discurso “El valor de las palabras”, hay términos que deben brillar como estrellas mentales: libertad, justicia, dignidad, derechos humanos, democracia. A esa lista hoy podemos sumar empatía porque sin ella ninguna de las anteriores podría sostenerse.

Conclusión: sentir para no olvidar 

Nombrar empatía como la palabra clave 51 es una manera de reconocer que la memoria se construye no solo con datos o documentos sino también con sentimientos, recuerdos, voces y los relatos que nos han dejado en todas sus formas quienes fueron testigos o vivieron el horror de nuestra historia. Que la justicia empieza cuando somos capaces de mirar el dolor de los demás sin dar vuelta la cara y alzando la voz sin temor.

La empatía nos enseña que recordar no es un acto solitario sino un encuentro con nosotros, y con los otros; con las historias que duelen, y que resignificamos en diálogo con el pasado y el presente, en un continuum que resuena en el pecho, que nos sostiene en la identidad de un pueblo. Es, en definitiva, el corazón de la memoria colectiva y el cimiento de un futuro humano y democrático.

Ser empáticos con quienes sufrieron es mantener vivo el compromiso con el “Nunca Más”. Es entender que, detrás de cada nombre, hubo un sueño, una familia, una historia.

Y que mientras sigamos siendo capaces de sentir por los otros, la memoria seguirá siendo una forma de esperanza.

La empatía nos enseña que la democracia se sostiene con humanidad, nos recuerda que no hay justicia sin compresión, ni futuro sin memoria. Nos invita a salir del lugar del espectador y a involucrarnos en la historia que heredamos.

Referencias y recursos bibliográficos

Abuelas de Plaza de Mayo. (2018). Historias de búsqueda y restitución. Ediciones Abuelas de Plaza de Mayo.

Alcoba, L. (2007). La casa de los conejos. Ediciones de la Flor.

Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP). (1984). Nunca más: Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. Eudeba.

Cortázar, J. (1981). El valor de las palabras. (Discurso).

Gottlieb, E., y Mendoza Peña, D. (2023). Celina y las cartas [Obra de teatro].

Ministerio de Educación de la Nación. (2015). Educación y Memoria: cuadernos para el aula.

Olivera, H. (Director). (1986). La noche de los lápices [Película]. Aries Cinematográfica Argentina.

Este trabajo fue realizado en el marco de la convocatoria Palabra 51 (edición 2025). Para su publicación, se han hecho correcciones tipográficas respetando el formato original de la presentación y el uso del lenguaje elegido por sus autoras y autores.

Palabra 51

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