Palabra 51: Sindicatos

Las escuelas bonaerenses construyen memoria. Palabras, conceptos y definiciones.

Creado: 3 septiembre, 2026 | Actualizado: 6 de octubre, 2026

Producción: estudiantes de tercer año del profesorado de Educación Primaria.
Tutoría: docente Facundo Quiroga.
Institución educativa: Instituto Superior de Formación Docente N° 243 de Ingeniero Pablo Nogués, Malvinas Argentinas.


Si hay un elemento fundamental que ha caracterizado a la historia argentina en cuanto a capacidad de movilización, cohesión, formación política y resistencia a las dictaduras es el movimiento obrero argentino, en especial sus organizaciones sindicales. La sociedad argentina ha contado con un fuerte componente obrero que, gracias a las políticas de integración al trabajo y al bienestar social desarrolladas por los gobiernos populares, le otorga uno de sus rasgos más particulares y ejemplares en el continente.

Cada vez que se habla del proceso de la dictadura, se suele hacer hincapié, de manera justa, en los intelectuales, los exiliados, los estudiantes, los artistas, los desaparecidos en general, pero se ha tendido a subestimar el lugar histórico de las figuras sindicales, delegados de fábrica, y toda la formación política que incluyó a los trabajadores en una lógica virtuosa que, a la manera argentina, caracterizó todo un período histórico. Esa confrontación que se llevaba a cabo entre los sectores trabajadores organizados y los poderes económicos que requerían para imponer sus intereses de un disciplinamiento de la clase obrera sin precedentes fue calificado por el sociólogo Juan Carlos Portantiero como “empate hegemónico”.

Esta situación se da cuando las fuerzas populares, que cuentan con suficiente poder de base y legitimidad social, se topan en un momento histórico con un bloque oligárquico asociado a los poderes clásicos como los sectores agroexportadores, parte de la industria y, posteriormente, el sector financiero (que será el gran ganador de las políticas económicas de la dictadura). El orden social se encuentra en tren de asumir uno u otro rumbo, y las fuerzas enfrentadas se “empatan” en capacidad de movilización. Los sindicatos, asociados al modelo industrial que había permanecido y se había fortalecido con el peronismo, deben confrontar distintas represiones a partir del cambio de matriz económica orientada hacia el sector financiero. Es decir, no solo la dictadura militar se encargó de disciplinar culturalmente a la sociedad sino también económica, productiva y laboralmente. 

Desde la represión de la Liga Patriótica al movimiento anarquista, las huelgas de los talleres Vasena, La Forestal en el Chaco, la Patagonia Rebelde en Santa Cruz, por nombrar los hitos fundamentales que ubicaron como protagonista al movimiento obrero en las primeras décadas del siglo XX, el Estado tuvo por momentos una relación de represión con este sector y en otras ocasiones de negociación estratégica, como en el gobierno de Yrigoyen. Pero será con la organización de la CGT durante el peronismo y la consolidación del movimiento obrero de masas, que el sindicato pasará a formar parte de las instituciones intermedias fundamentales de la sociedad, junto con la escuela y la fábrica. A partir del golpe de estado de 1955, las masas obreras pasarán, a veces con el uso de la violencia, a la resistencia, bajo distintas denominaciones y organizaciones nuevas, articulando con las capas estudiantiles en la organización de protestas masivas como el Cordobazo, el Rosariazo o el Choconazo, e incluso generando cuadros que se dirigirán a la lucha armada. 

La presidenta derrocada, María Estela Martínez de Perón, se ha referido al proceso de destrucción del tejido industrial como el de “apagado de las chimeneas” que había encendido el gobierno de Perón a lo largo de todos sus mandatos. Para poder gestar un desmantelamiento semejante, se requería, de parte de la junta militar, descabezar las organizaciones y desaparecer a todos los referentes sindicales que no estuviesen alineados con las nuevas pautas de configuración de la economía y con las nuevas coordenadas laborales. 

El comportamiento que la dictadura cívico-militar tuvo con el movimiento sindical fue de represión y aniquilamiento. Según el Nunca Más, el 67,4 % de las personas detenidas-desaparecidas denunciadas ante la CONADEP eran: obreros, empleados, docentes, profesionales, periodistas, actores y artistas. Estas cifras muestran el impacto de la represión sobre los trabajadores y trabajadoras en su conjunto. La Junta Militar consideró a delegados y activistas como uno de sus enemigos principales; la razón era que el movimiento obrero organizado representaba un poder social con una fuerte tradición de lucha por reivindicaciones laborales y políticas, que el proyecto económico de la dictadura (impulsado por Martínez de Hoz) buscaba desmantelar por completo.

La Junta Militar justificó su accionar bajo la Doctrina de la Seguridad Nacional, que dividía a la sociedad entre "amigos" y "enemigos" del "ser nacional"; imaginarios que ya habían sido aplicados en gobiernos militares anteriores como el de Juan Carlos Onganía. Los sindicatos combativos, los delegados que cuestionaban a la patronal y los trabajadores que luchaban por mejoras salariales fueron encuadrados dentro de la categoría de "subversivos". El plan económico de apertura, desregulación y endeudamiento requería de una precarización laboral, también teniendo en cuenta la reconfiguración de la matriz económica ahora ligada a la banca y la especulación financiera. 

La dictadura intervino los sindicatos más importantes e hizo lo mismo con la CGT. Suspendió las actividades gremiales y colocó a sindicalistas colaboracionistas con el régimen en las cúpulas. En concordancia con estas acciones, se persiguieron y desaparecieron numerosos delegados de fábrica y activistas, quienes mejor conocían las plantas de las fábricas y sabían de los problemas de los obreros. Miles de ellos fueron secuestrados, torturados y asesinados. 

La dictadura también desarrolló una logística para la desaparición en los propios ámbitos laborales: se han hallado centros clandestinos de detención en fábricas y talleres. En varias fábricas de envergadura como automotrices (Ford, Mercedez Benz), metalúrgicas (Acindar) o astilleros (Astarsa) las fuerzas represivas se coordinaron con las cúpulas empresariales para emprender desapariciones y amedrentamientos. Sin duda alguna el caso más macabro fue el del ingenio azucarero Ledesma de la familia Blaquier en Jujuy, titulado “la noche del apagón”, en el que, a oscuras, se secuestraron decenas de personas.

La relación con las cúpulas sindicales fue más compleja. Líderes sindicales como Augusto Vandor o José Ignacio Rucci ya habían sido asesinados antes del golpe. Con la dictadura, algunos sectores del sindicalismo (conocido como "la burocracia sindical") optaron por una estrategia de colaboracionismo y negociación para preservar sus estructuras y privilegios. Figuras como Lorenzo Miguel de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) mantuvieron una relación ambigua, tratando de negociar espacios de supervivencia sin confrontar abiertamente al régimen.

Ante la emergencia de un grupo de sindicalistas dispuestos a colaborar con la dictadura, en 1980 se formó la CGT Brasil (por la calle en que funcionaba), compuesta por un grupo de sindicalistas opositores a la dictadura y a la conducción colaboracionista de la CGT. Este grupo fue un núcleo importante de reorganización del movimiento obrero y se constituyó en precursor de la central obrera que luego confrontaría a la dictadura en sus últimos años.

En este retomar la resistencia del movimiento obrero, La huelga general del 30 de marzo de 1982 -días antes de la Operación Virgen del Rosario que desarrollaría la junta en las Islas Malvinas-  organizada por la CGT Brasil que lideraba Saúl Ubaldini, fue una masiva demostración de fuerza del movimiento obrero contra la dictadura, ya debilitada por la insostenibilidad del modelo propuesto. Esa huelga, que hizo una enorme mella en la legitimidad del gobierno, fue duramente reprimida.

En síntesis, el movimiento sindical argentino no estuvo exento de transformaciones ni de contradicciones en su interior, pero fue evidente que, al repasar su historia posterior a 1955, nunca dejó de ser una de la las caras fundamentales de la resistencia contra los regímenes represivos, por ser una de las instituciones más legitimadas socialmente (por más que se ruboricen algunos actores del poder económico y cultural del país) y con mayor articulación con la política de base en todas sus expresiones.  

Referencias y recursos bibliográficos

Basualdo, E. (2010). Estudios de historia económica argentina: Desde mediados del siglo XX a la actualidad. Siglo XXI Editores.

Basualdo, V. (2010). La clase trabajadora durante la última dictadura militar argentina 1976-1983. Apuntes para una discusión sobre la resistencia obrera. Comisión Provincial por la Memoria.

Brennan, J. P., y Gordillo, M. (2008). El sindicalismo en tiempos de la última dictadura militar (1976-1983). En J. P. Brennan (Ed.), A 30 años del golpe: continuidades y rupturas en la historia argentina reciente. Ediciones Al Margen.

Comisión Provincial de la Memoria. (2016). La represión a los trabajadores y el movimiento sindical. Programa Interuniversitario de Historia Política.

Este trabajo fue realizado en el marco de la convocatoria Palabra 51 (edición 2025). Para su publicación, se han hecho correcciones tipográficas respetando el formato original de la presentación y el uso del lenguaje elegido por sus autoras y autores.

Palabra 51

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