Palabra 51: Trauma
Las escuelas bonaerenses construyen memoria. Palabras, conceptos y definiciones.
Creado: 3 septiembre, 2026 | Actualizado: 6 de octubre, 2026
Autoría:
Producción: Anchaño, Candela; Erbin, Magalí; Infante, Mailén; General, Camila.
Tutoría: Brendel, Teresa.
Institución educativa: Colegio Presidente Sarmiento de Ingeniero White, Bahía Blanca.
El trauma es una experiencia de daño que puede ser físico o psicológico. En medicina, se lo asocia a lesiones causadas por accidentes, golpes, heridas o eventos violentos, y puede afectar afectar cualquier parte del cuerpo y requerir, en consecuencia, atención médica urgente. En psicología, el trauma es descrito como aquellas experiencias emocionalmente impactantes, tales como la violencia, el abuso o la pérdida de seres queridos, lo que puede conllevar a trastornos como estrés postraumático, ansiedad o depresión. En ambos casos, el trauma deja huellas profundas, afectando la salud, el bienestar y la manera en que las personas se relacionan con su entorno.
Ahora bien, ¿cómo puede ser relacionado con el periodo de 1976? El golpe de Estado efectuado el 24 de marzo de 1976 marcó un antes y un después en la historia argentina. La instauración del denominado Proceso de Reorganización Nacional produjo un clima de violencia sistemática, donde la represión política se tradujo en secuestros, torturas y desapariciones forzadas. Esto generó un trauma masivo debido a la violencia efectuada por ese Estado: secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos. No solo afectó a las víctimas directas, sino también a sus familias, comunidades y generaciones posteriores.
¿Cómo poner en palabras las vivencias traumáticas? ¿Cómo sobrellevar ese dolor? ¿Cómo el tiempo ayuda o no a superar las marcas mnémicas y del cuerpo frente a una situación de desasosiego? Un ejemplo concreto es el de la familia Avellaneda, que vivía en el barrio de Munro. El 15 de abril de 1976 fue allanado su domicilio. Buscaban al jefe de la familia. Como no estaba decidieron llevarse a su esposa e hijo, Floreal Edgardo Avellaneda (Legajo N° 1639) que en aquel entonces tenía 14 años, en carácter de rehenes. El testimonio de la madre remitida a la Justicia cuenta lo siguiente: “Me sacaron junto con mi hijo a la calle. Tenía a este tomado de la mano. En determinado momento nos indicaron que debíamos poner las manos en el techo de un automóvil. Fue la última vez que lo vi, mirándome cómo me ponían la venda sobre los ojos”. Estuvieron detenidos en la Comisaría de Villa Martelli. Allí fueron torturados: “Largo rato estuve oyendo la música y los gritos de dolor de mi hijo. Y después de nuevo el silencio aterrador. A Floreal lo mataron. Todavía no se ha esclarecido cómo ni cuándo. Luego vi una noticia periodística cuyo título rezaba ‘Cadáveres en El Uruguay’”. Uno de los ocho cuerpos encontrados en el Río de la Plata pertenecía a Floreal Edgardo Avellaneda. Las fotografías tomadas por la policía son espeluznantes: “Mi hijo aparece con sus manos y piernas atadas, desnucado y con signos de haber sufrido graves torturas”. La madre vivió el miedo, la pérdida y el horror al enterarse de la muerte violenta de su hijo a través de noticias, mientras él había sido torturado y asesinado. Este caso refleja un trauma personal y político, cuya memoria perdura en la familia y en la sociedad.
Otro ejemplo es Adriana Calvo de Laborde, licenciada en Física, una de las primeras en declarar en el Juicio a las Juntas, en 1985. Su testimonio fue estremecedor. Contó que fue secuestrada el 4 de febrero de 1977 en su casa de Tolosa, en las afueras de La Plata, y que pasó por varios Centros Clandestinos de Detención y Tortura del llamado Circuito Camps hasta terminar en El Pozo de Banfield: “Mi trabajo de parto comenzó alrededor de las 7 de la noche, era mi tercer hijo. Yo iba acostada en el auto, vendada, los ojos vendados y con las manos atadas atrás. Ellos me dijeron que me llevaban a un hospital, me insultaban, les decía que estaba por nacer mi criatura, que no podía aguantar más, que pararan, que no era mi primer hijo, yo sabía que estaba por nacer. El que manejaba y el que lo acompañaba se reía, me decía que era lo mismo, que igual me iban a matar, iban a matar al chico, qué me importaba. Por fin, yo no sé ni cómo alcancé a sacarme la ropa interior para que naciera, realmente no lo recuerdo. Les grité, íbamos a toda velocidad por la ruta que une La Plata con Buenos Aires, y yo les grité ‘ya nace, no aguanto más’, y efectivamente nació, nació mi beba”. Adriana es un ejemplo de un testimonio que pudo expresar en palabras y públicamente en los juicios todo lo que vivió. Poner en palabras es acción liberadora no solo para su vida, sino también para mostrar el horror de lo que significó el terrorismo estatal.
Teresa Laborde, hija de Adriana Calvo, hoy no se cansa de dar charlas en colegios y dice que sobrevivió “para poder contar la historia”. Nació presa, pero pudo conservar su vida y su identidad. Es un testimonio decisivo en la lucha contra la impunidad, la de ayer y la de hoy. “Soy una Teresa que nació desaparecida pero que no solo no perdió la vida, sino que tampoco perdió la identidad. Y aunque no fue una tragedia natural sino terrorismo de Estado y genocidio, me pasa algo que supongo que les sucede también a los sobrevivientes de cualquier tragedia, que te salvás y decís: ‘¿Por qué me salvé yo y el resto no?’ ‘¿Qué voy a hacer de mi vida?’ ‘¿Voy a ser común, como cualquiera?’. Esa pregunta estuvo siempre. Pero esa Teresa también tuvo un momento de giro”. Ha utilizado el arte como herramienta de sanación: “Yo hacía circo y empecé con acrobacia aérea. Y ahí, un día, me desmayé y empecé con problemas en la espalda. La manera en que yo nací hizo que finalmente me dedique a la Historia del Arte, a la teoría, que no pueda seguir haciendo danzas, teatro, tablas. La columna siempre estuvo dobladita, porque mi mamá me parió en la parte de atrás de un auto, esposada, rodeada de policías. Yo caí en el piso, quedé colgando del cordón. Cuando conseguí una beca para estudiar en Cuba, en 2001, me tuve que hacer aptos físicos y ahí saltó que tenía la espalda llena de escoliosis pronunciadas. Me terminaron diciendo que me tenía que poner un corset a lo Frida Kahlo y operarme o dedicarme a otra cosa. Por eso terminé estudiando Historia del Arte, teoría”. Teresa se ha planteado por qué ella fue elegida para vivir; tiene en su cuerpo las huellas del pasado, pero es el arte lo que le posibilita expresar en libertad su identidad: sobrevivir al horror, pero sin descartar esas marcas que muestran que Nunca Más deberá pasar.
Los testimonios muestran que el trauma de la dictadura no terminó con la liberación de las víctimas. El miedo, la desconfianza y la imposibilidad de elaborar el duelo siguieron marcando su vida cotidiana. A través del arte, la palabra y la memoria, muchos sobrevivientes transformaron el dolor en una forma de resistencia y búsqueda de sentido. Estas experiencias evidencian que el trauma no es solo personal, sino también una herida colectiva que continúa modelando la identidad y la historia argentina, mediante la documentación, los juicios y la transmisión familiar. Resulta trascendental abordar el trauma de manera integral, reconociendo sus dimensiones individuales (que contempla el impacto físico y psicológico), colectivas (que analiza cómo el miedo y los silencios alteran la vida social) y transgeneracional (que examina cómo el trauma se transmite a hijos/as y nietos/as, moldeando la memoria familiar y comunitaria) y utilizando la categoría de trauma político-mnemónico como herramienta conceptual e historiográfica para futuras investigaciones sobre violencia y memoria, permite articular la historia, memoria y justicia.
En síntesis, se busca demostrar la relevancia del trauma como categoría histórica, ofreciendo una perspectiva integral que reconozca las huellas de la violencia estatal y que contribuya a construir memoria y reparación simbólica a través de la investigación histórica.
Referencias y recursos bibliográficos
CONADEP (1984). Nunca Más, Buenos Aires.
Vezzetti, H. (2012). Pasado y presente: guerra, dictadura y sociedad en la Argentina. Buenos Aires, Siglo XXI.
Este trabajo fue realizado en el marco de la convocatoria Palabra 51. Para su publicación, se han realizado correcciones tipográficas respetando el formato original de la presentación y el uso del lenguaje elegido por sus autoras y autores.