Palabra clave: «Centros clandestinos de detención»

¿Qué palabras permiten narrar el terrorismo de Estado y transmitir su memoria? Palabras clave para una pedagogía de la memoria reúne 50 términos para pensar la dictadura a 50 años del golpe.

Creado: 12 marzo, 2026 | Actualizado: 19 de marzo, 2026

Los centros clandestinos de detención (CCD) fueron espacios utilizados de manera ilegal por las Fuerzas Armadas y de seguridad durante la última dictadura para la desaparición, el secuestro, el interrogatorio, la tortura y el exterminio masivo. Constituyeron un dispositivo nodal en el plan sistemático de desaparición de personas que caracterizó al terrorismo de Estado en Argentina. Funcionaron, sobre todo, en dependencias militares y policiales, pero también en fábricas, escuelas y hasta en casas particulares acondicionadas para tal fin. Hasta el momento, fueron reconocidos más de 800 CCD en todo el territorio nacional.

Si bien su implementación masiva tuvo lugar a partir del golpe del 24 de marzo de 1976, en 1975 ya existían antecedentes de esta metodología, por ejemplo en las provincias de Tucumán y Córdoba.
Una característica distintiva de la represión ilegal fue su condición de clandestinidad. Cada CCD funcionó como eslabón de una maquinaria mayor, dentro de la estructura de zonas, subzonas y áreas de control que las Fuerzas Armadas utilizaron para dividir el país con el objetivo de exterminar la “subversión”.
De esta manera, durante el terrorismo de Estado el eje represivo cambió la estrategia. Además del encierro en cárceles, estructuró un sistema de desaparición de personas en los CCD.

La constitución clandestina e ilegal de los CCD tuvo como primer objetivo garantizar la situación de impunidad del aparato represor. La clandestinidad sirvió para lograr los secuestros y prolongar en el tiempo la privación ilegal de la libertad; permitió negar toda información sobre el destino de las personas secuestradas y eludir cualquier proceso judicial. A su vez, fue una condición que posibilitó la tortura, los vejámenes y los delitos sexuales. En los CCD, al margen de la ley pero financiados por el Estado como parte central de su aparato represor, las víctimas eran privadas de toda defensa y los victimarios decidían de forma arbitraria su destino final, sin brindar ningún tipo de información.

Durante la dictadura, la estructura militar en su conjunto se comprometió con la operación represiva organizada desde los centros clandestinos. Para ello se conformaron “Grupos de Tareas”, que tenían distintas funciones: las “patotas” eran los grupos operativos dedicados a los secuestros y había grupos de inteligencia, guardias, encargados de las torturas y autoridades de cada una de las Armas. En la jerga militar, los CCD eran denominados como: a) lugar transitorio, un primer lugar de alojamiento de las personas detenidas desaparecidas; y b) lugar definitivo, destinado a la tortura y el asesinato de grandes cantidades de personas cautivas.

Por su parte, la mayoría de los centros compartía la misma lógica de funcionamiento: las víctimas eran secuestradas por fuerzas militares y/o policiales mayormente en la vía pública, en sus casas o en sus lugares de trabajo, y eran trasladadas a los centros, sin proceso alguno ni registro judicial. Una vez ingresadas, eran sometidas a condiciones extremas: torturas físicas y psicológicas, aislamiento, vejaciones, poca agua y mínima alimentación e higiene. La tortura era el principal método represivo utilizado para obtener información sobre el paradero de próximas víctimas.

Asimismo, en términos generales, la organización del espacio era similar en cada uno de ellos: celdas y cuchetas tabicadas y salas de tortura. Muchas de las personas detenidas permanecieron en esta situación durante meses, e incluso años, hasta su “traslado” definitivo. El término “traslado” que utilizaban los victimarios era un eufemismo, ya que en la mayoría de los casos significaba la muerte. En algunos CCD, el “traslado” y los asesinatos masivos se implementaron a través de los denominados “vuelos de la muerte”, que consistían en sedar y arrojar desde aviones militares a prisioneras y prisioneros –todavía con vida al río o al mar.

En numerosos centros funcionaron maternidades clandestinas donde las secuestradas embarazadas eran mantenidas con vida en condiciones infrahumanas hasta el momento del parto para ser, muchas veces, asesinadas y luego apropiarse de sus bebés.

Según el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado (RUTVE), durante la última dictadura funcionaron al menos 814 centros clandestinos en todo el país, aunque la cifra total está en permanente actualización a medida que avanzan nuevas investigaciones. El más emblemático, y por el que pasaron mayor cantidad de personas detenidas desaparecidas, es la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), ubicada en la Ciudad de Buenos Aires, sobre la avenida del Libertador, a metros de la provincia de Buenos Aires, emplazada en un barrio residencial próximo al estadio de fútbol del Club Atlético River Plate, en una zona de alto tránsito y circulación.

En la provincia de Buenos Aires se registraron hasta el presente más de 240 centros clandestinos de detención. Los más conocidos son “El Campito” (Campo de Mayo), “Mansión Seré” (Morón), “El Banco” y “El Vesubio” (La Matanza), “Pozo de Banfield” (Lomas de Zamora), “La Cacha” y “Pozo de Arana” (La Plata), “Base Naval” (Mar del Plata) y “Base Aeronaval Comandante Espora” (Bahía Blanca).

Los CCD funcionaron como dispositivos represivos para deshumanizar a las personas secuestradas, como también sucedió en los campos de concentración del nazismo. En el libro Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt afirma que estos espacios son concebidos no solo para degradar a los seres humanos y eliminarlos físicamente sino, además, para “transformar a la personalidad humana en una simple cosa”. En los CCD se desplegó un poder absoluto cuyos efectos no solo limitaron la libertad sino que la destruyeron bajo una violencia extrema que pulverizó estructuras universales de referencia como el espacio y el tiempo.

Un interrogante principal emerge al constatar la dimensión de esta metodología: ¿cómo fue posible que la sociedad argentina haya producido, albergado y tolerado campos de concentración? Como se ha dicho, en algunos casos estaban aislados dentro de regimientos militares, pero en muchos otros funcionaban en barrios residenciales de las principales ciudades del país.

La politóloga Pilar Calveiro, sobreviviente de un centro clandestino, sostiene en su libro Poder y desaparición que “los campos fueron posibles por la diseminación del terror (…). Un terror que se ejercía sobre toda la sociedad”. El argumento de Calveiro coloca un matiz sobre el carácter de la clandestinidad. Según ella, el dispositivo desaparecedor contiene a los CCD como epicentro espacial pero funciona como un sistema más amplio que, en realidad, ya estaba instalado “en el centro de la sociedad, se nutría de ella y se derramaba sobre ella”. Se nutría de la sociedad porque las víctimas provenían de la sociedad. Se derramaba sobre ella porque circulaba como un “secreto a voces”.

De esta forma, a pesar de su clandestinidad, los CCD funcionaron como un dispositivo disciplinador de la sociedad en su conjunto, que infundió temor y obediencia frente a lo que se intuía como un poder de dimensiones desconocidas. El campo de concentración operó hacia adentro y hacia afuera, y su existencia reformateó a la sociedad paralizada.

Sobre el final de la dictadura, muchos de estos lugares fueron derrumbados o reformados para evitar su identificación. Otros, en cambio, continuaron funcionando como dependencias estatales. No obstante, gracias a los testimonios de sobrevivientes fue posible que muchos de ellos fueran reconocidos: constituyeron evidencia en las causas judiciales y/o se transformaron en sitios de memoria para transmitir el pasado reciente.

Bibliografía

Arendt, Hannah (2006). Los orígenes del totalitarismo. Madrid: Alianza Editorial. Calveiro, Pilar (1998). Poder y desaparición. Buenos Aires: Colihue.

Feld, Claudia y Franco, Marina (Comps.) (2022). ESMA: Represión y poder en el centro clandestino de detención más emblemático de la última dictadura argentina. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Rosso, Laura (2017). Quilmes, la Brigada que fue Pozo. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes.

Sofsky, Wolfgang (2016). La organización del terror. Los campos de concentración. Buenos Aires: Eduntref  Prometeo Libros.

Palabras clave (para una pedagogía de la memoria)

Ver material (PDF)

Este documento fue generado de manera automática. Para una mejor experiencia ingresar a Continuemos Estudiando.