Palabra clave: «Memorias»

¿Qué palabras permiten narrar el terrorismo de Estado y transmitir su memoria? Palabras clave para una pedagogía de la memoria reúne 50 términos para pensar la dictadura a 50 años del golpe.

Creado: 16 marzo, 2026 | Actualizado: 19 de marzo, 2026

Todas las personas recuerdan y olvidan. La mención a esta capacidad es cotidiana: “¡Olvidate y seguí para adelante!”, suele decirse cuando los recuerdos pesan o “tiene memoria de elefante” ante quien parece recordar todo. En el siglo XX, a partir de la perpetración de genocidios que buscaron la eliminación total de ciertos grupos sociales, los términos memoria, memorias o memoria colectiva, adquirieron otro significado. Hacen referencia a la disposición de elaborar individual y socialmente pasados traumáticos para dar testimonio y poder decir: “aquí estamos, esta es nuestra lengua, nuestra comunidad, nuestra identidad”.

Desde la Edad Antigua, la acción de recordar constituye un tema de controversia: ¿cómo un acontecimiento del pasado puede sobrevivir en el tiempo y dejar sus huellas en el presente? Aunque el interrogante viene de larga data y tuvo respuestas desde el terreno literario, filosófico, religioso y, por supuesto, histórico, en las primeras décadas del siglo XX surgieron los trabajos pioneros sobre la memoria colectiva de la mano de Maurice Halbwachs, quien desde la teoría sociológica, propuso el concepto de memoria colectiva y lo ubicó como objeto de estudio.

Desde entonces, la memoria se inscribió en un campo de pensamiento amplio en diálogo con otras formas de producción de conocimiento como la historia, la antropología, la psicología, la filosofía, la pedagogía, las ciencias sociales o el periodismo. Desde este entramado, es posible pensarla como un conjunto de procesos subjetivos derivados, en ocasiones, de experiencias traumáticas, cuyas consecuencias pueden observarse en huellas simbólicas y materiales.

En el transcurso del siglo XX, la noción de memoria social fue adquiriendo un nuevo sentido a partir de acontecimientos límites como el genocidio armenio, el Holocausto y las dictaduras latinoamericanas. También como consecuencia de los procesos de descolonización de la década de 1960, que exigían una narrativa diferente a la historia consagrada hasta entonces que pudiera recuperar las voces de los sujetos subalternos, mujeres, pueblos indígenas, trabajadoras y trabajadores.

La historia y la memoria tienen una estrecha relación pero no son lo mismo: son dos formas diferentes de acercarse al pasado. Existen numerosas discusiones acerca de cómo conceptualizar esta relación, que en general coinciden en señalar que la historia aborda el pasado de acuerdo con las exigencias disciplinares y aplica procedimientos críticos para explicar e interpretar, y por lo tanto tiene como horizonte el ideal de la objetividad. La memoria, por su parte, también ayuda a comprender, pero pondera sobre todo la elaboración subjetiva de una persona, una familia o una comunidad. Además, se propone hacer justicia, honrar y legar. Porque la memoria está, sobre todo, asociada a la transmisión; más allá de estas diferencias, la historia trabaja con elementos de la memoria y se nutre de ella. En particular, cuando se trata de acontecimientos de la historia reciente, recurre al testimonio, a la figura de “testigo”, a una o un protagonista que puede contar lo que vivió, es decir, que puede hacer memoria.

Otra característica de la memoria es su condición selectiva. Por eso suele decirse que memoria y olvido no son antónimos ni se contradicen: por el contrario, el olvido es parte de la memoria. No existe la memoria sin selección y, por lo tanto, no hay memoria sin olvido. De ahí que la idea de “memoria completa” resulte inexacta y una contradicción en sí misma.

En Argentina y América Latina, los estudios sobre la memoria colectiva se conformaron, como ya se ha dicho, luego de las dictaduras de los años setenta y principios de los ochenta. Elizabeth Jelin, socióloga argentina, precursora de este campo, suele referirse a esas experiencias como los “pasados que no pasan”, aquellos pasados que siguen vigentes de diversas formas en la vida pública, la conversación cotidiana, la agenda política y judicial, los medios de comunicación, las redes sociales.

La autora señala que esos pasados siempre son objeto de disputas y quienes participan de esas luchas producen sentidos desde determinadas relaciones de poder. Por eso, dice, existen las memorias oficiales y las memorias subterráneas. Por otro lado, indica que es necesario historizar las memorias y reconocer los cambios en la elaboración de esos “pasados que no pasan” en función de la superación del trauma, los climas de época y las luchas políticas e ideológicas.

En nuestro país, la palabra memoria circula en diferentes espacios, académicos, sociales, educativos, culturales. Está fundamentalmente asociada a la construcción de una memoria colectiva sobre lo ocurrido durante el terrorismo de Estado y a las luchas de los organismos de derechos humanos que surgieron en plena dictadura y se consolidaron durante las más de cuatro décadas de democracia. En los años noventa, la memoria se enlazó con el pedido de verdad y justicia y dio forma a una consigna poderosa que se sostiene en el presente: “Memoria, Verdad y Justicia”.

Con el paso del tiempo, la memoria se consolidó como un tema de relevancia social, lo que puede observarse en la cantidad de libros, investigaciones académicas, producciones artísticas y políticas que contribuyen a pensar y visibilizar el pasado en el presente. En el terreno estatal, existen numerosas iniciativas en los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial que sostienen la preocupación por preservar y transmitir la memoria. Un ejemplo de esto en el territorio bonaerense fue la creación de sitios de memoria y de archivos, como el que se instituyó en la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) que es gestionado por la Comisión Provincial por la Memoria (CPM).

En un contexto más amplio, las investigaciones del campo de la memoria advierten que este presente se caracteriza, en gran parte del mundo, por la dificultad en conservar y transmitir el pasado en sociedades cada vez más cambiantes e inestables. De ahí el resurgimiento de la memoria como una preocupación central en la cultura contemporánea, que se traduce en el crecimiento de marcas en los calendarios, monumentos, placas, sitios de memoria y museos que evocan el pasado.

La construcción de la memoria colectiva convoca una serie de preguntas: ¿qué, cómo y para qué recordar? En relación con ella emergen dos derivas posibles, la de quienes ejercen la memoria como una forma literal, estática y fosilizada y la de quienes, por el contrario, la piensan como una oportunidad reflexiva, crítica y dinámica para pensar y transformar el presente con un proyecto de futuro.

Bibliografía

Halbwachs, Maurice (2004). Los marcos sociales de la memoria. Barcelona: Anthropos.

Jelin, Elizabeth (2002). Los trabajos de la memoria. Madrid: Siglo XXI.

Lvovich, Daniel y Bisquert, Jaquelina (2008). La cambiante memoria de la dictadura. Discursos públicos, movimientos sociales y legitimidad democrática. Buenos Aires: Biblioteca Nacional, Universidad Nacional de General Sarmiento.

Ministerio de Educación de la Nación (2021). Colección Derechos Humanos, Género y ESI en la escuela. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Nación.

Ricoeur, Paul (2004). La memoria, la historia, el olvido. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Palabras clave (para una pedagogía de la memoria)

Ver material (PDF)

Este documento fue generado de manera automática. Para una mejor experiencia ingresar a Continuemos Estudiando.