Palabra clave: «Plata dulce»

¿Qué palabras permiten narrar el terrorismo de Estado y transmitir su memoria? Palabras clave para una pedagogía de la memoria reúne 50 términos para pensar la dictadura a 50 años del golpe.

Creado: 13 marzo, 2026 | Actualizado: 19 de marzo, 2026

El 8 de julio de 1982, mientras la dictadura se debilitaba, una película sorteó la censura y llegó a las salas de cine: Plata dulce, una comedia dramática que a través de sus personajes logró contar con sarcasmo los cambios económicos de la época. El nombre hace referencia a una expresión que se usaba entonces para caracterizar la fiebre del consumo que se desató con la apertura indiscriminada de las importaciones, cuya contracara fue el cierre de cientos de industrias nacionales y la pérdida masiva de puestos de trabajo.

La película, dirigida por Fernando Ayala, relata la historia de Carlos Bonifatti (Federico Luppi) y Rubén Molinuevo (Julio de Grazia), dos empresarios dedicados a la venta de botiquines, que intentan sostener la fábrica a pesar de las políticas desindustrializadoras de la dictadura. Un día, Carlos se encuentra con un excompañero del servicio militar, Arteche (Gianni Lunadei) que le ofrece un negocio “redondo”: vender la fábrica y poner esa plata en un negocio financiero. Mientras tanto, Rubén sigue sosteniendo la producción con mucho esfuerzo. Durante un tiempo, Carlos mejora su situación económica, cambia el auto y viaja al exterior. Sin embargo, finalmente la ilusión se derrumba y termina en la ruina.

La historia pone en escena la transformación de una época donde las ganancias económicas empezaron a estar desvinculadas del mundo productivo. Si la crisis de 1930 había provocado un proceso de sustitución de importaciones −que a partir de la década del cuarenta se transformó en un proyecto de industria nacional y redistribución del ingreso−; 1976 marcó el abandono de ese modelo y el inicio de una nueva etapa del capitalismo, el financiero y especulativo. Porque junto con la desindustrialización aparece otro rasgo determinante: el crecimiento exponencial de la deuda externa, que pasa de 9.700 millones de dólares en 1976 a 45.100 millones en 1983. Es decir que se multiplicó casi por cinco.

En ese tiempo, además, a nivel global se empezaba a dejar de lado “el consenso keynesiano”, ya que se tomaba distancia de las posiciones del economista John Maynard Keynes implementadas después de la Segunda Guerra Mundial. Según estas ideas, como el sistema capitalista no tendía naturalmente ni al pleno empleo ni a la armonía entre las actividades económicas, era necesaria la intervención del Estado para lograr, justamente, el pleno empleo y mayores niveles de justicia. En contraste a esta forma de entender la economía, se difundió una visión neoliberal, en su versión monetarista. ¿Y qué propone esta otra mirada? Eliminar la inflación, restringir la emisión monetaria y subir las tasas de interés, mientras que la liberalización de los mercados –entre ellos el mercado de trabajo– se encargaría de solucionar los desequilibrios, incluido el desempleo.

Las políticas económicas de la dictadura estarían basadas en estas ideas monetaristas. Cuando José Martínez de Hoz asumió como ministro de Economía propuso “dar vuelta la hoja de un intervencionismo estatizante y agobiante para dejar espacio a las libres fuerzas productivas”.

El terrorismo de Estado impuso un proyecto económico que impactó de distintas formas en la vida social, una de ellas fue el ingreso del dólar en la cotidianeidad de la población, algo que previamente no existía. Fotos de la época muestran a varones y mujeres de diferentes edades y aspectos en la puerta de las casas de cambio mirando la cotización del “billete verde”. Como bien narra la película mencionada, las personas de a pie habrían empezado a usar palabras como “plata dulce”, “tablita”, “bicicleta financiera” y muchas veces el término “dólares”.

En 1979, Martínez de Hoz propuso un plan económico que tenía como una de sus herramientas la llamada “tablita cambiaria”, una estrategia que quedó grabada en la memoria de generaciones. ¿En qué consistía? En realizar devaluaciones pequeñas y programadas de la moneda como una forma de controlar las expectativas de los agentes económicos. Algo así como decir: “Te voy avisando cuánto va a costar el dólar en el futuro para que no especules con su valor”. El propósito de esta medida, junto con otras, era que la inflación local fuera descendiendo hasta alcanzar niveles cercanos a los internacionales y que el dólar se mantuviera estable.

La “tablita cambiaria”, que se sostuvo hasta 1981, permitió que el precio del dólar disminuyera en términos relativos y resultara “barato y atractivo” en relación con los precios internos del país que seguían subiendo. En paralelo, con esta política, la dictadura abrió la economía, desreguló la inversión extranjera y quitó los controles del comercio exterior (baja de retenciones y aranceles, subvenciones a las exportaciones). Todo esto generó un aluvión de importaciones.

La “plata dulce”, entonces, era la posibilidad de comprar a través de ese “dólar barato” productos importados que llegaban al país por la quita de controles, y, también, la oportunidad de viajar al exterior donde las cosas eran mucho más accesibles. Un pantalón de jean que en Argentina costaba 70 dólares, en Nueva York se conseguía por 20.

Una recordada escena de la película da cuenta de esta lógica: Carlos Bonifatti regresa de un viaje al exterior con los carritos cargados de electrodomésticos y le explica a su cuñada cómo fue que pudo comprarlos: “Con el dólar barato es un fenómeno viajar. ¿Sabés cómo nos esperan allá? Y claro, ahora se dio vuelta la tortilla… ¡Los que ponemos los dólares somos nosotros querida, los argentinos!”.

La “plata dulce” tuvo, además, efectos en el mundo financiero. En 1977, la dictadura sancionó dos leyes que permitieron que los bancos pudieran disponer libremente de los depósitos de los clientes para otorgar créditos sin pedir autorización al Banco Central. Esta liberalización provocó un “boom” de las actividades financieras, entre 1976 y 1979 se abrieron 1.200 sucursales bancarias, algunas de ellas con escaso o ningún respaldo, como la financiera de la película que termina estafando a Bonifatti.

Los bancos competían por captar los depósitos de la población, subiendo la tasa de interés por encima de la inflación. Las empresas y las personas comenzaron a destinar sus excedentes de dinero a la especulación financiera y quienes no los tenían pedían préstamos para hacer eso mismo. A esta dinámica se la llamó “bicicleta financiera” y funcionaba así: se conseguían dólares (se compraban o se pedían prestados), se los cambiaba a pesos, se depositaban en un plazo fijo para obtener intereses y después se volvía a comprar dólares; ahí se pagaba el préstamo y se obtenía una ganancia por la diferencia o se volvía al mismo circuito para tener una nueva ganancia especulativa. De allí el nombre de “bicicleta” porque la plata “seguía pedaleando”.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos del gobierno dictatorial por negarlo, esta “plata dulce” tuvo como correlato una “plata amarga”. Por un lado, la naciente industria nacional resultó afectada por la apertura económica, el dólar barato y la llegada masiva de productos importados. Por otro lado, la “bicicleta financiera”, al desviar el dinero hacia la especulación de corto plazo, impidió que hubiera fuentes de financiamiento para la inversión industrial. Todo esto condujo al cierre de fábricas, al aumento de la desocupación y a una mayor pobreza.

Asimismo, como los dólares que entraban a la “bicicleta financiera” siempre eran menos que los que salían, las reservas del Banco Central cayeron y fueron compensadas por una creciente deuda externa que se convirtió con el tiempo en la herencia económica más pesada de la dictadura.

Bibliografía

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Perochena, Camila; Rodríguez Rey, Santiago y Judzik, Darío (2020). Hay que pasar el invierno: la crisis económica de 1981, de Martínez de Hoz y la tablita, a la plata dulce y el default [Podcast de audio].

Rapoport, Mario y colaboradores (2003). Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2000). Buenos Aires: Ediciones Macchi.

Rapoport, Mario (2007). Historia de la economía argentina del siglo XX. Buenos Aires: Página/12.

Palabras clave (para una pedagogía de la memoria)

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