El reencuentro

Propuesta para trabajar a través de la literatura, la escucha y la narración, temas de memoria y derechos humanos.

Creado: 20 marzo, 2023 | Actualizado: 6 de noviembre, 2023

24 de marzo de 2023

Llegamos a un nuevo 24 de marzo, este año en la celebración de los 40 años ininterrumpidos de democracia. 

Se cumplen 40 años de la recuperación de la democracia en la Argentina. Las niñas más pequeñas y los niños más pequeños tienen que participar de la celebración e ir descubriendo, a través del relato de las personas adultas, en la casa y en la escuela, cuánto se luchó por volver a vivir en un Estado de derecho y de plena vigencia de los Derechos Humanos.

Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo comenzaron su lucha en plena dictadura. Salieron primero a buscar a sus hijas e hijos y después se dieron cuenta de que también tenían que buscar a sus nietas y nietos. En algunos casos, habían desaparecido junto con sus madres y padres; en otros, habían nacido mientras sus madres y sus padres estaban detenidos de manera ilegal. 

Muchas niñas y muchos niños, algunos siendo bebés, habían perdido su identidad, las y los habían arrancado de sus familias, no conocían su verdadero nombre. Hoy son personas adultas porque pasaron 40 años. Algunas y algunos se reencontraron con sus abuelas, sus abuelos, a veces con sus hermanas y hermanos y sus tías o tíos.  

El cuento que compartimos a continuación forma parte de una colección de cuentos publicados en 2022 por el Ministerio de Educación de la Nación junto con las Abuelas de Plaza de Mayo: Las abuelas nos cuentan… (Disponible en el Portal Educ.ar).

El reencuentro, de Rafael Urretabizkaya, es una historia sencilla, entre animalitos de nuestra tierra: una lagartija, un matuasto (otro nombre de las lagartijas), un sapo dormilón, una pareja de cascarudos enamorados. El cuento contribuye a enriquecer, “a través de la literatura, la escucha y la narración, las oportunidades para abordar los temas de memoria y derechos humanos”1 con las niñas y los niños de Primer Ciclo. 

“Dora, la lagartija, avanza a toda velocidad. ‘¿A dónde va tan apurada?’, le preguntan. ‘Voy, nomás’, responde. Pasan los días, vuelven a preguntarle y ella pronuncia la misma respuesta una y otra vez. Sigue avanzando, acelerada, hasta que un día sucede un encuentro y detiene la marcha. Sabe que llegó al lugar que estaba buscando. ¿Con quién se encuentra? ¿Cómo sabe que llegó a su destino? ¿Por qué ya no hay prisa?”2

  • Sugerimos a las maestras y a los maestros que lean a sus estudiantes esta tierna historia, que la enmarquen en el relato de lo sucedido en nuestro país –tan triste, tan grave– entre 1976 y 1983, etapa en la que muchas personas sufrieron persecución, prohibiciones y muerte.
  • Es necesario realizar más de una lectura. Si es posible hacer algunas copias pueden leer y releer en grupos, ensayar los diálogos de la lagartija con los otros bichos que le preguntan “Dónde va tan apurada”.
  • La maestra o el maestro puede entablar con sus estudiantes un intercambio sobre las preguntas que formula la edición del libro: ¿Con quién se encuentra la lagartija? ¿Cómo sabe que llegó a su destino? ¿Por qué ya no hay prisa? ¿Qué significa el pañuelo que se quita la abuela lagartija? También la lagartija iba buscando su historia, su origen…

El reencuentro

Rafael Urretabizkaya

Dora, lagartija de larga fama en aquel piedrero patagónico donde el frío saca chispas y el calor embalsama, decidió que era tiempo de salir a conocer el mundo. “O por lo menos otro cachito del mundo que este donde habitacionamos, medio flacos de preguntas”. 

Así parece, le dijo a su prima con la cara apuntando al viento de abajo, que en noviembre se pone revoltoso y perseguidor, como abrojo en las medias. 

Rodeó la piedra chica, como tantas veces, la piedra grande y por fin, midiendo cada pisada, arrancó por una arenita inaugural. Por el lomo sintió las miradas de amistades y vecinas, y antes de arriesgarse a mirar para atrás y desarmar las preguntas, prefirió hacerse un pique. 

Es que la larga fama de Dora era justamente a causa de su velocidad. Un matuasto la vio llegar, sorprendido por su estilo refucilante: 

—¿Dónde va tan apurada? 

—Voy nomás –contestó Dora, segura de saber que su respuesta era también una pregunta para el otro. 

—¿Y por qué la velocidad? –insistió el matuasto, bicho de fama estática como pocos. 

—¿Y por qué no? El matuasto como respuesta movió el cogote adelante y atrás. Un movimiento que, para animal tan recatado, significa casi todas las cosas.

Dora entendió lo que pudo, le hizo un pestañeo de lagartija de mundo y ahí nomás se pegó otro pique como verdadero fogonazo. 

Fue a frenar en seco contra un sapo que se debatía justo en ese momento sobre si hacer una siesta larga o acostarse temprano. 

—¿Dónde va tan apurada? –preguntó, más curioso por el motivo de la velocidad que por el lugar de destino. 

—Voy nomás –contestó Dora. 

—¿Y por qué frenó entonces? –arremetió el adorador del sesteo. 

—¿Y por qué no? El sapo se quedó duro, como antes y después, y Dora tiró un saludo revoleado y encantador y salió picando como nunca. 

Llegó junto a dos cascarudos que noviaban atrás de una tosquita. 

—Epa, ¿dónde va? –preguntaron sin soltarse las antenas. 

—Voy nomás. 

—Sí, muy interesante –dijeron sin aflojarle a los cariñitos– el mundo está lleno de lugares como para que usted siga viaje. 

Esta vez fue Dora la que quedó moviendo el cuello adelante y atrás como el matuasto, para después quedarse quieta como el sapo y después sentirse sola, distinto que los cascarudos. Les dijo chau y salió tranqueando. 

Diga que iba despacio, entonces alcanzó a escuchar una lagartija abuela que hacía fuerza para hablarle y lo mismo le salía voz chiquita. 

—¿Dónde vas, tan despacito? –le dijo despacito también, como para que haga juego la pregunta con el volumen. 

—Voy nomás, pero creo que ya llegué. 

—Creés bien –dijo la lagartija, justo justo cuando se desataba el pañuelo de la cabeza para mirarlo, para mirarla, para mirarlo, para mirarla y así las tantas veces necesarias hasta saber que era su nieta. 

Quedaron encontrándose la abuela con su nieta. Brillando como piedritas. Hasta la noche, hasta tomarse de la mano, hasta acordarse de cosas que no tienen apuro.

Cuento de Rafael Urretabizkaya, tomado de Las Abuelas nos cuentan (Ministerio de Educación de la Nación, 2022). Recuperado del Portal Educ.ar en marzo de 2023.


1 Tomado de “Un camino recorrido” una suerte de prólogo o introducción del Ministerio de Educación a Las Abuelas nos cuentan. Una nueva colección por el derecho a la identidad. Cuaderno para docentes, 2022. Consultado en marzo de 2023.

2 También tomado de “Un camino recorrido”.

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