Anexo parte 2. Vivencias de niñas y niños recopiladas en 1984
Testimonios publicados en el libro de Hugo Paredero ¿Cómo es un recuerdo? La dictadura contada por los chicos que la vivieron.
Creado: 19 octubre, 2026 | Actualizado: 27 de octubre, 2026
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Contextualización
Los fragmentos de testimonios que componen este apartado fueron tomados del libro ¿Cómo es un recuerdo? La dictadura contada por los chicos que la vivieron, de Hugo Paredero quien ha autorizado gentilmente la inclusión de este material en la presente propuesta.
Hugo nació en 1948 en Carlos Tejedor, provincia de Buenos Aires. Es periodista y artista multifacético —se ha desempeñado como actor, conductor y dramaturgo—. En 1984, entrevistó a 150 niñas y niños de distintos puntos del país y de diversas clases sociales. Conversó con este grupo acerca de la dictadura que acababa de terminar. Le interesaba saber cómo vivieron y cómo se sintieron durante los gobiernos militares, qué pensaban sobre ese régimen y cómo se imaginaban el futuro. Según relata Paredero, su interés por indagar las ideas y los sentimientos infantiles nació la noche del 10 de diciembre de 1983 cuando escuchó la conversación entre dos niños mientras cenaban en un restaurante de la ciudad de Buenos Aires. Dice Hugo:
En el restaurante (...) la ventanas abiertas y las cortinas descorridas permitían observar los festejos callejeros por el retorno de la democracia. Dos varones de unos 6, 7 años, hijos de dos parejas de la mesa de al lado, comían su postre sentados en el piso y miraban muy serios el espectáculo. Me llamó la atención el reparo en sus miradas. De pronto hablaron, y anoté:
- ¿Por qué toda la gente se puso contenta de golpe?
- Porque vino la democracia…
- ¿Y si les gustaba tanto por qué no la trajeron antes? (...)
Y siguieron observando en silencio, precavidos.
Salí del restaurante sabiendo para qué había ido a comer con un cuaderno y una lapicera.
(Paradero, 2007, p. 7)
A partir de un temario único, Hugo Paredero entrevistó a 150 niñas y niños de entre 5 y 12 años, que vivían en distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires y el AMBA así como en ciudades del país, como San Juan, Córdoba, San Salvador de Jujuy, San Miguel de Tucumán, Rosario y Monte Caseros. Con el objetivo de conocer diversos puntos de vista, Paredero conversó con hijas e hijos de personas conocidas (amigas, amigos, vecinas, vecinos, compañeras y compañeros de trabajo, parientes) pertenecientes sectores socioeconómicos diferentes. Todas las entrevistas contaron con el consentimiento voluntario de las familias participantes.
Las entrevistas fueron grabadas y transcritas. La publicación del libro llegó décadas después, cuando dos hermanos editores –uno de los cuales había sido entrevistado por Paredero– reconocieron su voz en un programa de radio en el año 2006. Octavio y Leopoldo Kuslez recordaron al periodista que se había acercado a su casa para conversar sobre la dictadura, se reencontraron con él y compartieron el proyecto de convertir aquellas entrevistas en un libro que se tituló ¿Cómo es un recuerdo? La dictadura contada por los chicos que la vivieron publicado en 2007.
Testimonios
Las voces de niñas y niños, recuperadas a la salida de la dictadura, sobre diversos aspectos de este régimen constituyen un material inédito y de gran valor para los propósitos de esta propuesta de enseñanza, centrada en conocer la vida cotidiana en esos años y en tender relaciones entre los aspectos personales y su contexto. En las orientaciones para las y los docentes, se plantean condiciones para el trabajo en el aula a partir de este material.
Se presenta una selección de las entrevistas que se consideran pertinentes para estos propósitos, ordenadas por ejes temáticos:
- El Mundial de fútbol ´78
- La situación económica
- La Guerra de Malvinas
- Las conversaciones familiares
- La escuela
- La televisión
- Las conversaciones con amigos
- Las elecciones del 30 de octubre de 1983
- La restauración de la democracia: el 10 de diciembre de 1983
A continuación, se exponen los testimonios seleccionados para cada eje y se ofrece un listado de los aspectos que allí se tratan para orientar la selección, el análisis en el aula y la sistematización de su contenido.
El Mundial de Fútbol del ‘78
En los siguientes testimonios se plantean temáticas vinculadas a:
- recuerdos sobre el campeonato;
- tensiones entre el disfrute y los sentimientos relativos a los aspectos más dolorosos de la vida en dictadura que iban saliendo a la luz;
- usos políticos del Mundial como “cortina de humo” que legitimaba una dictadura.
Ingrid, 12 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
Fue el primer Mundial desde que yo había nacido, me gustó mucho, pero a su vez ahora que mis padres me empezaron a explicar todo, también empecé a sentir miedo de ese entonces. Porque yo, mirando muy alegre el Mundial, pero muchas madres pensando en sus hijos, qué estará pasando... La gente veía que sus hijos iban desapareciendo (...) (p. 28)
Guido, 12 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
Mientras una gente aplaudía, iba a la cancha y gritaba ¡Argentina!, ellos mataban a otra gente. (...) Era como una cortina de humo para que la gente no viera la realidad. Con el fervor del fútbol, la gente se olvidaba (...) (p. 33)
La situación económica
Las temáticas presentadas en los testimonios de este apartado desarrollan la política económica de la dictadura y sus efectos:
- la toma de deuda externa;
- la especulación financiera;
- la apertura de importaciones, la desindustrialización y el cierre de fábricas;
- el congelamiento de los salarios, la pérdida del poder adquisitivo y la supresión de derechos laborales;
- la pérdida de trabajo y el pluriempleo;
- la inflación y el aumento de la pobreza;
- la crisis económica y las ollas populares;
- el aumento de la desigualdad.
Luis, 11 años
(Ciudad de Córdoba, provincia de Córdoba)
Nosotros en esa época no estábamos en buena situación económica. Se ganaba menos, se tenía que trabajar más. Por ejemplo, mi papá salía a las ocho de la mañana y no volvía hasta las nueve de la noche, casi nunca venía a almorzar. Se fue todo abajo cuando estuvo Videla de presidente, porque también estaba Martínez de Hoz como ministro... ¡Martínez de Hoz! Mejor no digo todos los adjetivos que tendría que decir porque... ¡40.000 millones de deuda externa tenemos ahora por culpa de ese Martínez de Hoz!(...) (p. 42)
Sergio, 11 años
(San Cristóbal, Ciudad de Buenos Aires)
Ése era el momento de cuando Martínez de Hoz trajo todo importado. Pero la gente tenía muy poca plata, se cerraban fábricas, había muchos que tenían que estar trabajando en tres lugares distintos. Y la gente que tenía plata compraba, compraba, compraba mucho. Hubo un momento en que lo importado era, cómo le podría decir, fascinante (...) (p. 41)
Juan Xavier, 11 años
(San Telmo, Ciudad de Buenos Aires)
Empezó lo de la devaluación y la plata cada vez costaba menos, porque se imprimían más billetes y había menos oro en el banco, y como había menos oro y más billetes, los billetes valían menos y no se podía comprar nada. Entonces, los precios aumentaban y después nadie tenía plata para pagar a los empleados. Entonces, los tenían que despedir y después se quedaban sin trabajo. Era como una cadena. (p. 44)
Eduardo, 11 años
(Barrio Norte, Ciudad de Buenos Aires)
Se abrió la inflación (...), empezó a aumentar la deuda externa, empezaba a aumentar la lista de desocupados. Había desnutrición, y la gente que era normal, se volvía humilde, y la gente que era humilde se volvía pobre (...) (p.46)
Mis maestras casi no tocaban el tema, ellas decían: “No le hagan gastar plata a mamá, no forren los cuadernos con eso que es muy caro, fórrenlo con un papel de tapa de revista”. Cuando se solicitaba algo para una rifa, que traigamos lo más económico, o para una despedida de séptimo, que no se gastara trayendo siete tortas, que hicieran dos, o una, que igual iba a alcanzar. O cuando a uno se le acababa una cosa, o no tenía, la maestra decía: “No le hagan gastar a mamá, que acá en el placard yo tengo”. (p. 89)
Leandro, 10 años
(Ituzaingó, provincia de Buenos Aires)
Sí, yo sé que había muchas ollas populares. Aunque los militares las llamaban nada más que pretextos para hacer manifestaciones, hablar de política y cosas así. Yo creo que esos señores se querían engañar a sí mismos diciendo que todo en el país estaba bien, que las ollas populares eran políticas. (...) (p. 167)
Diego, 11 años
(San Telmo, Ciudad de Buenos Aires)
Las personas que podían, en las iglesias o en otras partes populares, hacían ollas grandes donde preparaban bastante comida para la gente que no tenía qué comer. Gente que trabajaba pero no le alcanzaba para comer, o que no trabajaba porque no tenía en dónde". (p. 167)
Federico, 11 años
(Palermo, Ciudad de Buenos Aires)
Las ollas populares aparecieron porque tenían que aparecer, porque era mejor que hubiera una olla popular a que no pasara nada. En la revista Humor salió también que Navajas Artázar, el ministro de Bienestar Social, dijo que las ollas populares eran nada más que para provocar agitación. Yo creo que ese hombre nunca vio una olla popular o no quiere verlas, porque estoy seguro de que él debe comer muy bien y nunca ha visitado una, ni nunca ha aportado un paquete de fideos a ellas. A las ollas populares las creaban gente despierta y razonable. También en algunas parroquias o iglesias tengo entendido que se hacía. (p. 167)
La Guerra de Malvinas
Los siguientes testimonios abordan estas temáticas:
- la pérdida de vidas, la edad de los soldados, el dolor de sus familiares;
- las colectas (en la escuela, en la televisión) y su destino real;
- el uso político de la guerra: las mentiras acerca del desarrollo del conflicto armado, el papel de los medios de comunicación.
Gabriela, 11 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
Fue muy desesperante ese momento porque se perdieron muchos chicos y hubo madres angustiadas, todos estábamos angustiados y tristes. (...) Y los chicos de 18 años tenían toda una vida por delante y no pudieron realizarla. (p. 53)
Camilo, 9 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
En mi escuela hicieron una colecta para mandar a las Malvinas, enviamos muchas cosas, bolsas grandes de fideos, comidas envasadas... Después se averiguó que eso no había llegado, se enteraron en mi escuela que lo tenían todo en un galpón y no lo mandaron (...) (p.68)
María Alejandra, 11 años
(Morón, provincia de Buenos Aires)
Lo que más nos disgustó a los argentinos fue que nos mentían. Nos decían que estábamos ganando y estábamos perdiendo. O que les llevaban chocolates a los jóvenes y nos hacían tejer bufandas para mandarles y resulta ser que eso iba a un lugar y se pudría todo. Aparte le sacaban al país todo el oro que juntaron por ATC (Argentina Televisora Color, el canal oficial de la televisión pública) y después se lo tragaron. Iban a darle un salario a los chicos que quedaron vivos y a las madres de los muertos, y mentira también. (p. 66)
Sergio, 11 años
(San Cristóbal, Ciudad de Buenos Aires)
(El periodista) Gómez Fuentes estaba todo el día diciendo por la televisión que ya las teníamos, que las Malvinas eran argentinas, y bueno, pasó lo que pasó, perdimos. Las Malvinas son de los ingleses ahora. Pero los comunicados decían: 'Derribamos tal buque', el buque que nunca fue derribado, y Gómez Fuentes leía que sí. (pp. 65-66)
Las conversaciones familiares
En estos testimonios se presentan distintas temáticas vinculadas a preocupaciones familiares como:
- el deterioro de la situación económica familiar;
- el aumento de la pobreza, el hambre;
- la crítica a los dictadores, la bronca y el deseo de que termine la dictadura;
- el temor a la represión y la desaparición;
- la angustia frente a la información acerca de lo que estaba pasando;
- los cuidados: el carácter privado de lo conversado en familia.
María Alejandra, 11 años
(Morón, provincia de Buenos Aires)
Conversaban de que tenían bronca, querían terminar con ese gobierno militar (...) (p. 75)
Diego, 11 años
(San Telmo, Ciudad de Buenos Aires)
Conversaban de que “Vas a tener que vender el auto”, “No vas a poder pagar el alquiler”, “No tenés de qué trabajar”, “No hay plata que alcance", y una infinidad de cosas por el estilo. (p.80)
Sergio, 11 años
(San Cristóbal, Ciudad de Buenos Aires)
Conversaban por ejemplo de la autopista, esa que se hizo por Cacciatore, y ahora vemos dos autos por hora. Lo que más vemos es la gente debajo de las autopistas, viviendo ahí. Y también hablaban del hambre. Había que tener mucho cuidado de hablar porque en cualquier momento venían esos Falcon verdes y los encapuchaban. Algunos volvieron, pero otros no volvieron nunca. (p.76)
Cristian, 11 años
(Caballito, Ciudad de Buenos Aires)
Las familias conversaban otras cosas aparte de la guerra, pero no se pueden decir en público. (p. 82)
Tristana, 12 años
(Córdoba, provincia de Córdoba)
Cuando éramos chicos, muchas cosas yo no las preguntaba porque después me decían cada cosa… (...) que después a la noche me acordaba y me daba miedo, tenía pesadillas, me parecía que a lo mejor me iba a pasar a mí, o a mi mamá, o a mi papá. (p. 100)
La escuela en dictadura
Las temáticas planteadas en los siguientes testimonios refieren a la circulación de información sobre la dictadura en las escuelas en aquellos años:
- lo que decían o no las y los docentes, sus efectos en las y los estudiantes;
- las conversaciones iniciadas por las y los estudiantes en el aula y las actitudes de las maestras y los maestros;
- las conversaciones entre las y los estudiantes en los recreos o fuera de la escuela.
- las recomendaciones y cuidados de las y los docentes hacia las y los estudiantes;
- la militarización de algunas rutinas escolares: formación, saludo a la bandera, las prohibiciones, las sanciones, entre otras.
María Mora, 12 años
(Caballito, Ciudad de Buenos Aires)
(...) Yo en quinto grado tuve un maestro que, la verdad, fue para mí todo. Nos habló de esos señores (se refiere a los militares), de los desaparecidos. Para mí ese maestro fue lo mejor, porque nos dijo: “Chicos, no den un centavo para la colecta de la guerra porque esos señores son unos ladrones”. (...) Hay otro maestro, un profesor de gimnasia, que nos dice: “¡Firmes!”, como un sargento. Así es el saludo a la bandera, todo, la verdad que es un régimen. (...) (p. 88)
Camilo, 9 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
(...) Cuando hablábamos del país, las maestras decían que paremos, que en la escuela de eso no se habla. Pero no nos explicaban por qué… (p. 92)
Daniel, 12 años
(Palermo, Ciudad de Buenos Aires)
Las maestras siempre quisieron dar una buena imagen del país y de todos sus próceres. Nunca tocaron el momento del Proceso de los militares (...). Hablaban del país que era antes, de la Argentina grande, pero no hablaban de lo que pasaba en ese momento. Por la televisión no decían nada, y los diarios tampoco. Los medios de comunicación estaban vedados y los chicos querían saber de qué se trataba. (p. 87)
María Gabriela, 12 años
(Lanús, provincia de Buenos Aires)
"La maestra de Estudios Sociales nos daba muchas conversaciones interesantes. Nos decía qué tenía el país, y las responsabilidades que tendríamos cuando seamos grandes, de cómo tratarlo al país. Ella tenía al hermano en Londres, entonces nos iba informando toda la verdad de lo que pasaba en la guerra." (p. 100)
Enrique, 12 años
(Córdoba, provincia de Córdoba)
Cuando fue la guerra, todos los chicos habían hecho malas canciones contra la señora Margaret Thatcher, y yo puse lo que opinaba en una redacción. La maestra me la rompió y me dijo que no se podía escribir eso, que si yo escribía esas cosas no podía pasar de grado. (p. 89)
Leandro, 10 años
(Ituzaingó, provincia de Buenos Aires)
Generalmente en el colegio no se decía nada. Nada más que una maestra habló muy mal de los militares en la guerra de las Malvinas. Cuando ya se veía que todo se iba perdiendo, ella empezó a hablar muy mal de los militares. (p. 90)
Guido, 12 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
(...) Yo hablé con un profesor que siempre estuvo en contra de los militares, era el único que nos hablaba en contra de la guerra de las Malvinas. (...) Aparte nos decían que estábamos ganando, en las aulas ponían los posters de 'Argentina a vencer', del Pucará... nunca nos contaron la verdad. Yo y una chica, que entendíamos algo porque nuestros papás nos decían, les discutíamos, les decíamos que la mitad de las revistas decían mentiras, y ellos decían que a las revistas las hacían para que el pueblo se entere. Pero la mitad de las revistas estaban hechas para hacer plata, no para informar al pueblo. (p. 94)
Gustavo, 11 años
(San Juan, provincia de San Juan)
En la escuela siempre nos quedábamos un minuto en silencio para recordar a esos soldados que habían muerto en la guerra. (…) (p. 93)
Federico, 11 años
(Palermo, Ciudad de Buenos Aires)
En la escuela, a un año de la guerra de las Malvinas, el 2 de abril de 1983, nos hicieron sacar la carpeta y poner: “2 de abril. Recuperamiento de las Islas Malvinas”. Yo no comprendía muy bien eso. Y después comprendí, claro, que el recuperamiento era haberlas recuperado por una semana, o no me acuerdo cuánto tiempo fue. ¿Qué recuperamiento era ése, después de haber perdido tantas vidas, y que encima ni siquiera las teníamos a las islas? ¿Qué se podía festejar, para qué recordar ese día? Yo creo que habría que recordar nada más a la gente que murió, pero no la recuperación. Hay que recordar la muerte de muchas personas, inglesas y argentinas, no importa de dónde, recordar el gran gasto que tuvo el gobierno, que con esa plata pudieron haberse hecho cosas mucho mejores, tales como armar hospitales, para que no haya nadie desnutrido en el interior del país y en Buenos Aires. Yo le dije a la maestra: “¿Qué recuperamiento de las Malvinas hay que recordar?”. Ella tampoco estaba de acuerdo con eso, esa orden venía del director. Pero del director tampoco venía, venía de otro más arriba... así hasta el capo máximo del Ministerio de Cultura, que era militar, por supuesto. (pp. 97-98)
Luis Alberto , 12 años
(Vías Muertas, Monte Chingolo, provincia de Buenos Aires)
Las maestras nos decían que era una crueldad todo lo que pasaba, y nos decían las cosas que teníamos que hacer, de defensa civil. Por ejemplo, si íbamos en un colectivo y se organizaba la guerra esa, teníamos que bajarnos y refugiarnos en algún negocio. Y si íbamos en ascensores, que fuéramos por la escalera, porque se podía cortar la luz y quedarse. Y por si acaso, ir al sótano, refugiarse, y no prender las luces. (p. 88)
María Eva, 8 años
(Ciudad Oculta, Mataderos, Ciudad de Buenos Aires)
La maestra decía que los chicos se vayan a la casa y no se queden por ahí (...) Las maestras tenían miedo, por eso los mandaban que se vayan a la casa, para que tengan cuidado. (p. 94)
Juan Xavier, 11 años
(San Telmo, Ciudad de Buenos Aires)
Nosotros en el recreo hacíamos charlas de todo, y en el aula había que cambiar, porque todos piensan que los chicos no entienden lo que pasa en el país, pero nosotros entendíamos todo. A veces charlábamos igual y las maestras, como les parecía interesante, nos daban hora libre y nos poníamos a hablar. Buenas charlas, a mí me gustaban. Primero porque no había que trabajar, y segundo porque me interesaba saber todo lo que le pasaba a nuestro país. (p. 95)
Sergio, 11 años
(San Cristóbal, Ciudad de Buenos Aires)
Los maestros no nos contaban por un bien, por no llenarnos la cabeza, porque capaz que un padre no estaba de acuerdo con que le digan eso a sus hijos. En mi grado no pasa eso, pero los maestros no pueden saber la vida de cada chico. Hay algunos padres que tienen a sus chicos en una bola de cristal, alejados del mundo... A los que nos gustaba la política (...) queríamos saber lo que pasaba (...). Nunca fuimos a criticarles cosas así a la maestra, pero como nosotros somos un grado unido, la mayoría venimos juntos desde jardín y pasamos a sexto grado, entonces digamos que mucho no nos calienta que los maestros no nos digan las cosas, porque a nosotros, por suerte, ningún padre nos oculta nada. (pp. 95-96)
Mónica, 11 años
(Villa Santa María, Monte Chingolo, Ciudad de Buenos Aires)
Algunas maestras contaban y otras no, porque éramos chicos y no sabíamos el significado de las palabras. Pero una maestra nos contó que la plata no alcanzaba ni para comprar un cuaderno. (p. 97)
Juan Sebastián, 11 años
(San Miguel de Tucumán, provincia de Tucumán)
Ellos nos contaban lo que pasaba, y de ahí iniciábamos una charla que nos ocupaba media hora. Decíamos que el país estaba muy mal, desestabilizado. Y mi señorita ahora nos dice que a ella le gustaría tener un alumno que sea presidente y que dirija bien al país. Aunque yo no voy a ser presidente, no me gusta, porque yo ahora estoy con la idea de ser ingeniero agrónomo. No me siento como para dirigir un país... Bueno, ahora de chico pienso eso, no sé qué diré cuando sea grande. (p. 99)
Sebastián, 12 años
(San Cristóbal, Ciudad de Buenos Aires)
No nos decían nada absolutamente, salvo una maestra que decía que iba a votar al peronismo completo y no le daba vergüenza decirlo. Entre los chicos nos juntábamos y decíamos: “Vamos a hacer reportajes a distinta gente grande por los departamentos”. No lo hicimos así, pero igual preguntábamos por la calle, o a las mismas maestras, o a familiares, por quién iban a votar. Y siempre decían que eso era como un secreto. “No te lo voy a decir”, decían. Piensan que los chicos no tienen que saber de esto, y después cuando somos grandes no sabemos cómo votar. A mí, por ejemplo, mi papá me lo explicó, estoy bastante informado, pero hay chicos que yo conozco de mi propia escuela que no saben cómo van a votar cuando sean grandes. (p. 93)
Luis, 11 años
(Córdoba, provincia de Córdoba)
Recién en sexto y séptimo grado nos dijeron que teníamos gobierno constitucional. La maestra explicaba “Ustedes son chicos para ser de un partido o de otro, ustedes simplemente tienen que aprender qué es la democracia, para que puedan ejercerla y no volvamos a tener otro golpe de Estado, como éste que fue realmente horrible (...)”. Eso nos dijeron en el colegio. (p. 99)
Marina Paula, 12 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
Con mis maestras, cuando llegaban, hablábamos más o menos media hora de política. Nos preguntaban lo que nos parecía a nosotros. Y nos explicaban, y aprovechaban para enseñarnos la Constitución, y nos contaban todo lo que ellas se enteraban de la guerra y los desaparecidos. (p. 100)
La televisión
Las temáticas de los siguientes testimonios, refieren al control político de los medios de comunicación y sus funciones, por ejemplo:
- los programas de la televisión de la época, sus características y destinatarios;
- los noticieros y su función legitimadora;
- la irrupción de las cadenas nacionales;
- los artistas prohibidos.
Rodrigo, 12 años
(Olivos, provincia de Buenos Aires)
Estábamos viendo cualquier programa, películas que nos gustaban y por la mitad, ¡zas!, aparecía alguien hablando por Cadena Nacional. Y a nosotros no nos gustaba porque después estaban toda la noche con Cadena Nacional. A mi papá no era que le gustaba, pero quería oír. (p. 106)
María Gabriela, 12 años
(Lanús, provincia de Buenos Aires)
Los noticieros decían muchas mentiras, escondían la verdad. Daban muchos programas extranjeros también (...). (p. 117)
Daniel, 12 años
(Palermo, Ciudad de Buenos Aires)
Y, la televisión en ese momento estaba en manos de los señores con gorra, entonces no se podía decir nada. Era todo, digamos, películas, dibujos animados, cosas que tapaban la situación del país. No era útil, porque la gente miraba pero seguía pensando y razonando que esos programas no tenían sentido. Porque la gente quería saber la realidad de lo que estaba pasando en el gobierno y qué era lo que iba a pasar. (p. 117)
Valeria, 10 años
(Barrio Norte, Ciudad de Buenos Aires)
De lo que se hablaba en la televisión era de los demás países. Y cuando se hablaba de acá era porque había sucedido algún accidente. No daban sus opiniones, no decían nada de nuestro país, todo lo ocultaban. En lo que había para chicos siempre nos trataron como unos bobos, decían payasadas que a nosotros nos hacían reír porque era lo único que había, porque nunca habíamos visto otra cosa que en verdad nos haga reír. Como era lo único que conocíamos, era de lo único que nos podíamos reír. (p. 115)
Federico, 10 años
(Villa Domínico, provincia de Buenos Aires)
De bueno no tenía nada, porque la habían conquistado los militares, tenían ellos el poder de la televisión y de los medios de difusión. Ellos decían que todos los desaparecidos eran terroristas, entonces mucha gente se lo creyó. Mucha gente con la que a mí me tocó hablar, decía 'Por algo estarán desaparecidos'. Los noticieros estaban todos en contra del pueblo. (p. 107)
Sergio, 11 años
(San Cristóbal, Ciudad de Buenos Aires)
Yo creo que de los programas que había, ninguno era educativo, por supuesto, porque los militares... Hay una canción que dice “Cuando el pueblo sabe, no lo engaña un brigadier”, es de Piero. Y entonces lo que había eran dibujitos animados que idiotizan, noticieros que decían mentiras... No me acuerdo cuándo empezó un ciclo, o dos mejor dicho, Los miedos y Compromiso, creo que fueron sumamente valientes diciendo la verdad. Yo nunca había visto programas así, dentro de lo que yo tengo noción de lo que es la televisión. (p. 110)
Luis, 11 años
(Córdoba, provincia de Córdoba)
Salvo cuando se oía “Comunicado número tanto”, cada cinco minutos, que ponían el escudo y daban un cable del presidente militar que era más veces que ahora, cuando habla el presidente constitucional, la televisión no varió, los programas son más o menos los mismos de antes… (p. 111)
Paula, 12 años
(Villa Crespo, Ciudad de Buenos Aires)
"Había algunos actores que estaban prohibidos y ahora están apareciendo en la tele de nuevo. Los prohibieron por muchos años, porque los militares no dejaban que nadie opine". (p. 113)
Las conversaciones con amigos
En los siguientes testimonios se plantean temáticas vinculadas a:
- los intercambios de opiniones, los acuerdos y desacuerdos entre pares;
- la relación entre lo conversado con las y los pares con lo que se hablaba o no con la familia;
- los temas de interés, las preocupaciones, los temores;
- el interés por la política, los partidos políticos, las elecciones.
Federico, 11 años
(Palermo, Ciudad de Buenos Aires)
Me acuerdo que cuando la guerra de las Malvinas, mucha gente colgaba la bandera argentina en los balcones. A mí me pasó que fui a la casa de una amiga mía, y me dice: “Puse la banderita”, como diciendo “Tenemos las Malvinas, las recuperamos”. En la casa de otro amigo, la madre me preguntó: “¿Vos pusiste la banderita?'. Yo le dije: 'No, no me parece poner la banderita”. Y ella me dijo: “Yo tampoco la puse, y ni la pienso poner, para mí hay que poner la bandera cuando no haya tanta gente sin comer, no cuando mandemos a matar y morir a muchos chicos”. Verdaderamente, si no hablás, eso es lo que ocurre: que la estupidez es fuerte, te nubla, y uno sigue viviendo con pocas cosas... Sí, nosotros conversábamos entre nosotros, y algunos con nuestros padres. Entre nosotros eran las conversaciones lógicas, unos decían que sí, otros que no, otros que nunca, otros que siempre, pero nunca llegábamos al término de pelearnos para nada. Hablábamos de los militares, de cómo se manejaban. Tengo amigos bastante inteligentes, podíamos hablar muy bien y esos chicos también hablaban con sus padres (...) (p. 124).
Sergio, 11 años
(San Cristóbal, Ciudad de Buenos Aires)
Sí, en nuestro grado se conversaba mucho. Sobre todo a partir de la Guerra de las Malvinas, ahí ya quedamos agarrados en el tema y estuvimos sacando varias conclusiones.
También, pero ya en vacaciones, te digo que somos un grupo que nos conocemos desde jardín, comentábamos sobre las siluetas. Me dio mucha bronca que acá hay dos o tres siluetas enfrente, y mucha gente, no sé si son militares, ahí no puedo prejuzgar porque no los vi, arrancan esas siluetas. ¿Viste esas siluetas que están haciendo con los desaparecidos? (...) Allá, en Congreso, las tachan, les ponen cosas... ¿por qué harán eso? (...) No sé, eso de arrancar las siluetas para mí es muy pero muy feo. (pp. 131-132)
Paula, 12 años
(Villa Crespo, Ciudad de Buenos Aires)
Todos conversábamos lo mismo, de los militares, que se vayan rápido. Pero no se podía decir mucho porque podíamos desaparecer nosotros también, la gente que opinaba desaparecía. Así sea gente que viva aquí, al lado, o más allá, en aquella casa, los que opinaban desaparecían. (p. 129)
María Paula, 12 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
Hablaban de lo que cada uno se enteraba por su lado. Contaban lo que les contaban los padres y comentaban, en los recreos, lo que decían las maestras. No es lo mismo que hablar con los grandes porque a veces yo uso palabras que para mi mamá tienen otro significado. Yo las uso para una cosa y mis amigas para lo mismo que yo. Y mi mamá las usa, no sé, con otras maneras. (p. 129)
Luciana, 10 años
(Lanús, provincia de Buenos Aires)
Había chicos que conversaban de muchas cosas pero creo que algunos capaz a escondidas, porque había padres que no los dejaban hablar del país. Y había otros padres que capaz sí querían que los chicos se actualicen. (p. 136)
Raúl, 11 años
(Monte Caseros, provincia de Corrientes)
Sí, pero no era tanto el conversar con los amigos. Porque hubo un momento que a nadie ya le gustó conversar con sus propios amigos, la mayoría no quería hablar porque todo era una cosa muy, muy, muy triste. (p. 125)
Patricia, 10 años
(Flores, Ciudad de Buenos Aires)
Los chicos hablaban de cómo estaban de entristecidos los padres por la cuestión de la plata. (p. 132)
Karina, 11 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
En general, en primer y segundo grado, los chicos hablaban de fútbol y las chicas de que compraron esto o compraron lo otro. Pero cuando vinieron más problemas y que ya los chicos pensábamos, suponíamos algo de lo que pasaba, hablábamos de lo que se gastó en el Mundial, de las marchas que había. Como también escuchábamos a los papás que hablaban, uno a veces lo comentaba con los demás amigos. Hay diferencias. Porque por ejemplo, con los padres, uno les tiene confianza, pero con los amigos uno es como que les tiene más confianza, dice otras palabras, se expresa más en libertad que con la gente grande. Entonces, por ejemplo, en vez de decir militar, decíamos milicos. Somos un poco bastante grandes y ya sabemos lo que pasó. Entonces ya tenemos como ganas de hablar lo que nosotros sabemos, y a la vez tenemos bronca nosotros mismos de todo lo que pasó. A nosotros nos parece un asco todo lo que pasó y que pasa. (p. 134)
Camilo, 9 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
Comentábamos cuándo se iban a hacer las elecciones, decíamos que iba a ganar Lúder por millones de votos, y después supimos que ganó Alfonsín (...) (p. 135)
Eduardo, 11 años
(Barrio Norte, Ciudad de Buenos Aires)
Antes de las elecciones se hablaba todo normal, del partido de fútbol, de qué me había sacado en el examen, de qué había hecho en mi casa, la política ni existía en ese momento para nosotros. Pero iban a venir las elecciones y ahí se empezó a hablar mucho de la política. Nosotros no éramos entendidos, pero alguna idea teníamos y comentábamos de eso. Había chicos que afirmaban que iban a ganar los peronistas, otros por Alfonsín, otros por Alende, pero yo seguía afirmando que iba a ganar el MID. (p. 133)
Guido, 12 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
Hablábamos de política, de que se tenían que ir los militares. Yo inclusive hice un partido político en mi grado: la URP (Unión Revolucionaria de Pibes). Yo era el presidente y otro chico el vicepresidente. Teníamos afiliados. Nosotros éramos la lista 8, para presidente del grado. Y ahora, cuando empiece el año, íbamos a hacer fotocopias. Poner en las paredes: “Vote tal lista”. La URP quería mejorar cosas. Por ejemplo, que bajemos al patio más grande de abajo en los recreos, y que no nos den los mismos banquitos bajos que por un negocio de Cacciatore compraron en el colegio, unas sillitas así de chiquititas para nosotros, con un respaldo así, y le dolía la espalda a uno de estar todo torcido. Fue un negociado. Como las plazas de cemento, todas las que hicieron, el Parque Centenario mismo, cómo lo arreglaron. Yo prefiero el parque como estaba antes, porque ahora qué se hace, no se puede jugar a la pelota, no se puede pisar el pasto, lo único que se puede son los juegos fijos, y quedó como un museo. Porque al final los parques, ¿para qué están hechos? (...) (p. 126)
Las elecciones del 30 de octubre de 1983
En los siguientes testimonios se plantean temáticas relacionadas con:
- el entusiasmo y la alegría de las personas adultas ante las elecciones;
- el entusiasmo e interés de las niñas y los niños;
- la preparación para votar: las averiguaciones previas, la organización familiar, los horarios;
- el día de la votación: la calle, las colas, las autoridades de mesa, las boletas, los procedimientos, la importancia de votar;
- la importancia de un gobierno constitucional, la esperanza de un futuro mejor.
María Alejandra, 11 años
(Morón, provincia de Buenos Aires)
La gente estaba desesperada de alegría porque iba a venir un gobierno democrático, iban a votar corriendo, estaban muy contentos ese día. Todos sabíamos que los señores de la gorra por lo menos no iban a gobernar más por varios años. Iban a gobernar otros señores tratando de ayudar al pueblo, no fundirlo ni nada por el estilo. Ese gobierno iba a ser constitucional, así que la Constitución funcionaba. Y todos los artículos de la Constitución favorecían al pueblo. (p. 213)
Felipe, 11 años
(Provincia de San Juan)
El 30 de octubre votaron todos los mayores. Me hubiera gustado votar, porque en una plaza hacían votos de niños, para que se vayan acostumbrando a aprender a votar, chicos de 15 para arriba, hasta los 18 creo. Les enseñaban qué es votar, cómo se vota, lo que hay que votar, y todo eso. Pero yo tengo 11 nomás. (p. 213)
Mariano, 10 años
(Quilmes, provincia de Buenos Aires)
La gente salía loca, mi mamá y mi papá cantaban de alegría. (...) En los tiempos alegres, allá, en otros países, mi mamá cantaba una canción que no me acuerdo cómo era, y cuando llegó acá nunca la cantaba. El 30 de octubre se la puso a cantar y yo le digo: “¿Qué, estás alegre?”, porque nunca había estado tan alegre como en el 30 de octubre (...). (pp. 213-214)
María Eva, 8 años
(Ciudad Oculta, Mataderos, Ciudad de Buenos Aires)
Mi abuela, por apurarse para ir a votar, se resbaló y se cayó. Y como era muy gordita no se podía levantar, y no sé quién la pudo levantar, o se levantó sola. Entonces salieron todos y empezaron a hacer cola. Pero yo no fui, me lo dijo mi tía. (p. 215)
Elisa, 9 años
(Monte Caseros, provincia de Corrientes)
Mamá era una de las (autoridades) de la mesa 4, y me acuerdo que yo, mi prima Maira y mi hermano, fuimos a llevarle comida a ella y había un despelote de gente. (...) Había que pedir permiso para entrar, tuvimos que rogarle al señor, porque, si no, no nos dejaban entrar. Le íbamos a llevar comida a mi mamá, entonces le mostré, y dijo: “Bueno, pasen”. Nadie quería estar más con los milicos, querían tener un presidente bueno. Me acuerdo que acá en Monte Caseros no se podía ni andar en bicicleta en ninguna calle, estaba prohibido todo eso (...). Nosotros aprovechábamos el patio para andar. (p. 214)
Federico, 11 años
(Palermo, Ciudad de Buenos Aires)
La gente estaba más liberada, los radicales estaban más contentos que los peronistas, pero todo el mundo estaba más contento que antes. Salvo algún obstinado (…). Yo me sentí feliz cuando ganó Alfonsín. Claro, yo soy alfonsinista, pero yo creo que toda la gente se tendría que haber sentido muy feliz porque era un presidente democrático. (p. 216)
Valeria, 10 años
(Barrio Norte, Ciudad de Buenos Aires)
Yo vi la votación de mi papá. No entré al cuarto oscuro, pero fue lo único que no hice. Me gustaba, estuve todo el día muy nerviosa esperando ver quién ganaba, pero no ganó mi partido. Mi mamá se ríe cuando le digo que soy del MID. Yo me hice del MID porque Frigerio dijo, en las propagandas, que iba a dejar paso a las juventudes. Por esa única razón (...) (p. 217)
Gastón, 10 años
(Rosario, provincia de Santa Fe)
Toda la gente se había levantado temprano ese día, era un alboroto bárbaro, había colas para votar en todos los colegios. Era obligatorio votar, pero no era obligación votar por alguien. (p. 217)
Luciana, 10 años
(Lanús, provincia de Buenos Aires)
Mucha gente salió como loca, corriendo para sacar a los militares de donde estaban gobernando. Se pensó mucho, se meditó mucho, el pueblo luchó mucho en este país para poder votar, hasta meter en la urna su futuro. (p. 217)
Karina, 9 años
(Ciudad Oculta, Mataderos, Ciudad de Buenos Aires)
Yo preguntaba por qué tenía tantas ganas de ir a votar toda la gente, pero nadie me lo explicó. (p. 217)
Juan Xavier, 11 años
(San Telmo, Ciudad de Buenos Aires)
Todos como si hubiese llegado el paraíso, apurados por votar y por tener un presidente constitucional que respete la Constitución, cansados de tantos años de gobiernos militares. Toda la gente yendo a votar con sonrisas, unas colas bárbaras, pensaban que nunca más iban a terminar con tanta cosa mala, hasta que llegó ese día y todos ¡Aleluya! ¡Aleluya! Yo también, qué alivio. Yo no sabía nada del gobierno militar, después me fui avivando y pensaba que algún día tenía que terminar, porque todo algún día se acaba. Hasta que llegó el 30 de octubre y yo lo vi. (pp. 217-218)
Jorge, 12 años
(Monte Caseros, provincia de Corrientes)
Fue un día de mucha alegría, porque todos quisieron ir a votar por un civil que iba a gobernar por el pueblo. Yo soy radical, y casi todos los de mi grado eran radicales. Nosotros íbamos al comité y siempre ayudábamos a doblar boletas, a pegar carteles. Cuando ganó Alfonsín todos salimos a festejar en caravana. (p. 218)
Guido, 12 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
Por suerte ganó Alfonsín, aunque a mí me gustaba mucho más Alende. Fue un día muy emocionante, con la gente haciendo cola para votar. A la noche del 30 de octubre salimos a festejar. (...) Yo salí con la bandera argentina únicamente, a festejar que había democracia de nuevo. (p. 219)
Claudia, 8 años
(San Salvador de Jujuy, provincia de Jujuy)
Estaban contentos porque estaban alegres de votar. (p. 219)
Juan Manuel, 10 años
(Merlo, provincia de Buenos Aires)
La gente estaba muy alegre, se oían gritos, se oían cantos, algunos ponían discos de la Marcha Peronista, todos creían que iba a ganar el peronismo, pero ganó el radicalismo. No importa, aunque no haga nada Alfonsín, tenemos un gobierno democrático elegido por la gente. (p. 220)
Daniel, 12 años
(Palermo, Ciudad de Buenos Aires)
Resulta que llegó, digamos, la libertad, que se vino la democracia a la Argentina y cada uno podía expresar lo que sentía, de cualquier partido que fuera. Cada uno tuvo la libertad de votar por la patria que quería. Ganó o perdió su partido, votó. Eso es lo que importa. (p. 223)
Mercedes, 8 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
Estaba todo tan lleno de gente que no se podía ni votar, era un lío la calle. No había nada abierto, teníamos que pasar entre la gente pidiendo permiso, permiso (...) Algunos votaban a unos y otros votaban a otros. Mi mamá se vistió, salió a votar, y estuvo como media hora allá, había que hacer una cola como de dos cuadras. Hubo que esperar un montón hasta que pasaran todos los de adelante (...). (p. 221)
Hernán, 10 años
(San Cristóbal, Ciudad de Buenos Aires)
Todos en la escuela cantábamos cantitos. Las maestras nos retaban porque decían que íbamos para estudiar, no para cantar. Les preguntábamos a las maestras por quién iban a votar, estábamos todo el tiempo hablando de eso. (p. 221)
Guadalupe, 6 años
(San Salvador de Jujuy, provincia de Jujuy)
Mi mamá me trajo un montón de boletitas de las urnas, y después, con todas ellas, he votado a todos los presidentes. (p. 222)
Alejo, 9 años
(Villa Luro, Ciudad de Buenos Aires)
La gente averiguaba todo, averiguaba el número de mesa donde tenían que votar, si estaban en el pedigré (se refiere al padrón electoral) para votar, y averiguaba bien que no hubiera militares en los partidos políticos que había para elegir (...). (p. 222)
Ariel, 10 años
(San Juan, provincia de San Juan)
Atrás de mi casa hay una escuela, y ahí tuvo que ir mi mamá de presidenta de mesa, y yo veía toda la gente que votaba. (...) Tuve la oportunidad de ver todas las colas que había, las urnas, los padrones, todas esas cosas raras. (p. 223)
La restauración de la democracia: el 10 de diciembre de 1983
Las temáticas mencionadas en los siguientes testimonios son:
- los festejos generalizados y la alegría en la calle;
- la esperanza en el futuro;
- las expectativas ante el nuevo gobierno;
- la importancia de un gobierno constitucional.
Luciana, 10 años
(Lanús, provincia de Buenos Aires)
Capaz que había gente que festejaba no porque se imaginaba que iba a ganar el que quería, sino que festejaba por haber podido lograr contribuir a que el país siga adelante… Si yo meto en la urna el futuro del país, me lo tengo que imaginar bueno, yo no voy a meter un futuro malo para el país en la urna. O sea que todos se lo imaginaron bien al futuro. Salvó mucho al país hacer las elecciones porque esa fue la definición del pueblo. El pueblo fue quien se tuvo que aguantar a los militares pero ahora no iban a tener que aguantar más, sino disfrutar de un buen gobierno. Yo voy a disfrutar de lo que hizo el pueblo. Si yo voté un partido y ganó otro, tiene que importarme, pero no tanto porque esa elección fue la definición de un pueblo, no la definición de los militares. (p. 222)
Karina, 9 años
(Ciudad Oculta, Mataderos, Ciudad de Buenos Aires)
El 10 de diciembre fue muy lindo. Parecía que se festejaban muchos cumpleaños juntos. (p. 227)
Marina Paula, 12 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
Todo el mundo fue a la Plaza de Mayo, volvían a estar contentos. Estaba toda la gente junta y contenta. Los que habían perdido, los peronistas, los comunistas, los intransigentes, todos fueron... Sabían que Alfonsín iba a poner todas sus ganas para que el país esté bien. Estaban contentos de que si lo eligió el pueblo, algo iba a hacer. (...). La gente vio que los desocupados iban a tener trabajo, que se iban a encontrar a muchas personas desaparecidas, que se iban a volver a juntar familias, vio muchas cosas la gente. (p. 228)
Guido, 12 años
(Almagro, Ciudad de Buenos Aires)
Ese día, cuando asumió el mando Alfonsín, yo fui también a festejar. (...) No tanto por ver a Alfonsín sino para festejar que otra vez había alguien civil que manejara, elegido por el pueblo. Fue muy lindo volver a la democracia, el Congreso con las luces encendidas, la gente ahora tiene más esperanza de que el país vuelva a ser lo que fue antes. Reconstruir Argentina no va a ser fácil, lo vamos a lograr pero con esfuerzo, (...) (p. 230)
Daniel, 12 años
Palermo, Ciudad de Buenos Aires)
"Una vez que asumió el poder el doctor Alfonsín (...) trajo alegría a la gente que la estaba necesitando. Y la gente, según las promesas de él, soñó con un nuevo país, con más trabajo, menos desocupados, más fábricas. Un país renovado, sin temor (...)". (p. 230)
Diego, 11 años
(San Telmo, Ciudad de Buenos Aires)
La gente se puso más que a imaginar, a trabajar el futuro. Tratando de juntar plata para tratar de pagar la tan famosa deuda externa, y también para solucionar ese problema de los desalojados. Yo me imagino el futuro de lo más agradable y sin problemas. Por ejemplo, me gustaría que las casas no las tengan que pagar, sino que se le otorgue una a cada ciudadano (...) (p. 232)
Sebastián, 9 años
(Ciudad Oculta, Mataderos, Ciudad de Buenos Aires)
La gente pide un futuro con paz y con bajos precios. Que haya trabajo, muchos trabajos en el mundo para ganar plata, que haya carne, leche, pan… Que haya de todas las cosas, pero con bajos precios. (p. 235)
Eduardo, 11 años
(Barrio Norte, Ciudad de Buenos Aires)
Sí, la gente se imaginaba, pero no sabe cuál va a ser el futuro. Seguro que el futuro va a ser que todo se arregle, que los precios bajen, que la vida mejore, que no haya más desnutrición ni cosas así. En una palabra, que el país va a salir adelante, va a salir del pozo. (...) Lo bueno es que ya hay democracia, que el pueblo pudo elegir su presidente, que la dictadura por fin se terminó (...) Que todos los desaparecidos... no sé si van a aparecer, pero no va a haber más desaparecidos. Y toda esa gente que pasaba hambre se va a estabilizar con mejores sueldos, sin desocupación, y si no es con eso, con más ollas populares. (...) Pero la democracia ya vino, esperemos que todo mejore. (p. 235)
Juan Xavier, 11 años
(San Telmo, Ciudad de Buenos Aires)
A mí me gustaría vivir un futuro lindo, en paz, en tranquilidad. Que se pueda hablar mal del gobierno que pasó sin que nadie nos meta en un campo de concentración. (p. 240)
* Paredero, H. (2007). ¿Cómo es un recuerdo? La dictadura contada por los chicos que la vivieron. Libros del Zorzal.