100 años de cambios en la frontera sur (1779-1879)

Cartografía de la transformación territorial de la llamada frontera sur.

Creado: 13 noviembre, 2025 | Actualizado: 3 de marzo, 2026

Este apartado presenta dónde estuvo localizada y cómo fue cambiando lo que las investigadoras y los investigadores llaman frontera sur. Se trata de un nombre muy antiguo: ya se usaba en la época colonial para referirse a la zona de contacto de los hispano-criollos con pueblos indígenas de las pampas. A lo largo de esa frontera existía cierta seguridad que permitía los asentamientos de estancias y el tránsito en los caminos que unían Buenos Aires con el Alto Perú (hoy Bolivia) y con Cuyo (San Luis, Mendoza y San Juan). Por muchos años se reconoció también una frontera norte, que limitaba con los pueblos indígenas del Gran Chaco. Buena parte del actual territorio nacional (la Patagonia y el Chaco) permaneció como territorio indígena hasta fines de la década de 1870 y así se lo consignaba en los mapas de la época. Esas tierras no fueron dominadas efectivamente ni por las autoridades coloniales ni por los gobiernos revolucionarios.

El historiador Leonardo Canciani estudia a los diferentes actores criollos que posibilitaron el avance de los “blancos” sobre las tierras indígenas pampeanas durante el siglo XIX. Él considera que los grandes y pequeños movimientos de esa frontera estuvieron impulsados fundamentalmente por dos actores que aparecen indicados en los mapas que se presentan más adelante. Por un lado, menciona a los hacendados que iban acordando con los caciques indígenas, en forma particular, la autorización para instalar grandes estancias en sus territorios. Por otro, considera a las autoridades (provinciales o nacionales, según el momento) que fundaban fuertes y fortines militares y que organizaron campañas de conquista “tierra adentro”. En algunos casos, eran las estancias las que avanzaban en territorio indígena y luego pedían a los gobiernos protección militar; y en otras ocasiones, fueron las autoridades quienes planificaron la fundación de fuertes o fortines y abrieron paso a las estancias. 

A medida que la frontera se fue alejando de Buenos Aires, las distancias dieron mayor peso a las decisiones que tomaban las autoridades locales de los fuertes, los fortines y las comandancias: muchas veces debían resolver situaciones rápidamente y no disponían de tiempo suficiente para consultar a sus superiores que estaban en la ciudad. Esas autoridades de los fuertes y luego de las Comandancias de Frontera fueron, según Canciani, un tercer actor “blanco” que impulsó la expansión de las tierras criollas en las pampas indígenas.

Por su parte, la antropóloga Ingrid de Jong se ha interesado en los pueblos indígenas asentados en las pampas en el siglo XIX, en sus relaciones comerciales, diplomáticas y, en general, en las vinculaciones políticas que establecieron con la sociedad criolla. La investigadora analiza la migración del pueblo mapuche desde los valles cordilleranos hacia la llanura y su fusión con otros indígenas que circulaban por esa zona con anterioridad. Se ocupa también de los lugares en que asentaron sus tolderías, de su dedicación al pastoreo y al comercio con otros grupos indígenas así como con los criollos de la frontera y de las ciudades (en especial, con Buenos Aires).

Ella presta mucha atención al interés de estos pueblos por mantener lo que llamaban su “buen vivir”, derivado de la paz y de la actividad comercial con sus vecinos cercanos y lejanos. También se ocupa de la organización política y de la función diplomática de los caciques como voceros de lo que sus pueblos discutían y decidían. Esta función tan importante de los caciques puede verse reflejada en los mapas –si bien en los primeros figuran solo los nombres con que españoles y criollos reconocían a los diferentes grupos indígenas– especialmente en los de la segunda mitad del siglo XIX, donde los territorios están representados y nombrados según sus grandes caciques o lonkos (Calfucurá, Baigorrita, Mariano Rosas, entre otros). 

Los mapas de los 100 años de cambios de la frontera sur

La sucesión de cambios en la frontera sur se puede consultar en forma interactiva en “100 años de cambios en la frontera sur” (Portal Continuemos Estudiando, 2025).

Los mapas representan la posición aproximada de la zona de frontera entre “indios” y “cristianos” en diferentes años en el transcurso de un siglo: entre 1779 y 1879; y desde el gobierno colonial del Virrey Vértiz hasta la mal llamada “Conquista del Desierto” comandada por el General Julio Argentino Roca. 

Una primera cuestión a tener en cuenta para comprenderlos mejor, es saber que Canciani logró reconocer cinco grandes tiempos para pensar la frontera sur, que plasmó en su libro Expansión de la frontera (2013):

  • “Conflicto y armonía en la frontera”. Fueron tiempos de larga duración, durante la colonia y hasta los primeros años de la independencia. Están representados en el mapa de 1779.
  • “La campaña convulsionada”. Son los años de la campaña del gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez, momento en que los criollos logran “el salto” de la frontera más allá del río Salado. Para un tiempo corto de solo cinco o seis años, dos mapas representan este “salto”: el de 1823 y el de 1828.
  • “La frontera negociada”. Remite a un tiempo de duración media, los casi 25 años en que el gobernador Juan Manuel de Rosas organizó los acuerdos del “negocio pacífico de indios”. Después de su campaña al río Negro para alejar a los “indios hostiles”, sobrevinieron tiempos de relativa pacificación en la frontera, que están representados en el mapa 1830-1852.
  • “La frontera en movimiento”. Este momento da cuenta de cambios veloces; incluye tanto el retroceso de la frontera criolla y el avance de los pueblos indígenas después de la derrota del gobernador Rosas como los sucesivos y rápidos avances –de un Estado Nacional ya unificado– sobre las tierras indígenas. Estos cambios están representados en tres mapas sucesivos: 1852 muestra el retroceso criollo y el avance indígena; mientras que 1869 y 1876 grafican el retroceso indígena debido al constante avance criollo militar seguido del avance ganadero.
  • “El fin de la frontera”. Es el dominio blanco definitivo de las tierras al norte de los ríos Negro y Neuquén que se concretó a partir de la expulsión, el arrinconamiento o el exterminio de los pueblos indígenas que estaban allí instalados. Ese final estuvo especialmente impulsado por los ataques que debilitaron las tolderías en los tiempos de Adolfo Alsina y por la siguiente campaña de Julio Roca. El acelerado avance del Ejército Nacional aparece indicado en el mapa de 1879.

Canciani definió estos momentos teniendo en cuenta lo que sucedía en la frontera, pero también lo que pasaba más allá de ella (en la provincia, a nivel del conjunto de las Provincias Unidas, de la Confederación y, luego, de la República Argentina). Porque, si bien las fronteras son territorios especiales definidos por sociedades con encuentros y desencuentros, no resultan ajenas a las decisiones y los sucesos más amplios y lejanos, incluso internacionales. Por ejemplo, la necesidad económica de obtener riqueza por medio de las exportaciones de cueros, sebo y tasajo motivará a los estancieros y a los gobiernos a sostener el avance en las tierras pampeanas. Más adelante se sumará a este interés la necesidad política de unificar y “pacificar” la Argentina, para recibir inmigrantes que pusieran en producción los extensos territorios conquistados al “indio”. Destruir la frontera con los pueblos indígenas –y exterminar a los indígenas pampeanos– fue la forma que eligieron los gobernantes para favorecer el lugar que el país tendría en el comercio mundial durante las últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del siglo XX.

Al analizar los mapas, otra cuestión importante es que sus colores representan las áreas de influencia de criollos y de diferentes grupos indígenas que podían o no estar aliados entre sí y con los gobiernos criollos. Esto dependía del curso que siguieran las relaciones políticas y comerciales, y por eso los límites en las localizaciones indígenas y criollas en estos mapas son móviles, ya que se trata siempre de una transición, nunca de una línea fija.

La frontera sur es una extensa zona que se angosta y ensancha según las relaciones que van estableciendo “indios” y “cristianos”. Es discontinua y también permeable a la entrada y salida de unos y otros (para cazar y recolectar, para encontrarse, comerciar, visitarse y también, llegado el caso, para luchar): no es una línea infranqueable aunque así parezca cuando se lee la simbología cartográfica. La distancia entre los asentamientos criollos fronterizos de la mayor parte del siglo XIX no posibilitaba esa forma de control. Recién la logró el Estado Nacional en 1876, cuando Alsina mandó a construir una cadena de fortines muy próximos entre sí (cada 5 kilómetros) unidos con una zanja cavada en la llanura.

Cartografía de la frontera sur

1779. Los primeros fuertes eran asentamientos militares que defendían las estancias bonaerenses y el camino que unía Buenos Aires con Cuyo y el Alto Perú (actual Bolivia). Se trataba de fortificaciones fundadas en la época colonial que se extendían desde Luján hasta Chascomús, bordeando el río Salado. El virrey Vértiz había mandado una flota para construir un fuerte en Carmen de Patagones, al sur. Su idea era frenar posibles asentamientos de otras potencias europeas en las costas del Atlántico Sur. Fuente del mapa: Archivo DGCyE (información de base: L. Canciani e I. de Jong).

1823. Con la Revolución de Mayo, Buenos Aires perdió las exportaciones de plata de las minas del Potosí. Como los cueros del ganado pampeano tenían buenos compradores en Europa, los estancieros fueron realizando acuerdos particulares con los caciques indígenas para extenderse y criar animales  más allá del río Salado. Una vez terminadas las Guerras de la Independencia, el gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez, pudo prestar atención a la frontera. Hizo tres expediciones “tierra adentro”, fundó un punto de avanzada (el fuerte Independencia en Tandil) y dio mayor seguridad a los campos que los estancieros ocupaban desde antes. Fuente del mapa: Archivo DGCyE (información de base: L. Canciani e I. de Jong).

1828. El gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego, encargó a Juan Manuel de Rosas el cuidado y el avance de la frontera, y mandó fundar la Fortaleza Protectora Argentina (Bahía Blanca) en la costa, como punto intermedio entre Tandil y Carmen de Patagones. En “tierra adentro”, dos nuevos fuertes ganaron espacio para las estancias hacia el oeste: Federación (Junín) y Cruz de Guerra (25 de Mayo). El fuerte de Laguna Blanca Grande (Olavarría) no prosperó. Fuente del mapa: Archivo DGCyE (información de base: L. Canciani e I. de Jong).

1833-1852. En estas dos décadas se multiplicó la llegada de grupos mapuche a las pampas. Venían desde los valles andinos y el oeste de la Cordillera. El gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, realizó una campaña hasta el río Negro (1833-1834) para marcar la presencia criolla en esas tierras. Un logro importante fue el “negocio pacífico de indios”, sostenido en acuerdos de paz. Los “indios amigos” quedaron instalados dentro del territorio provincial. Los “indios aliados”, como Calfucurá y otros caciques, se comprometieron a mantener la tranquilidad de la frontera. De ese modo, hasta 1852 hubo una relativa paz entre criollos e “indios”. Fuente del mapa: Archivo DGCyE (información de base: L. Canciani e I. de Jong).

1852. Luego de la Batalla de Caseros y la caída de Juan Manuel de Rosas hubo un abandono de la frontera por parte de los criollos. Los indígenas iniciaron una importante ofensiva por las irregularidades de los nuevos gobiernos en la entrega de las raciones. La violencia fue escalando: Yanquetruz, Calfucurá y otros caciques lanzaron malones sobre Tandil, Azul, Tapalqué, Bragado, Junín, Rojas, Carmen de Patagones y Bahía Blanca. La línea de frontera quedó otra vez localizada casi en los mismos lugares que 30 años atrás. Fuente del mapa: Archivo DGCyE (información de base: L. Canciani e I. de Jong).

1869. En la década de 1860 el Estado de Buenos Aires se integró a la Confederación Nacional. Unificado el país, el Congreso sancionó la Ley 215 que mandaba llevar la frontera al río Negro. Aunque esto no se logró hasta mucho después, las tierras estatales se extendieron hacia el sur de Córdoba y el oeste de la actual provincia de Buenos Aires. Este movimiento se aceleró cuando finalizó la guerra con el Paraguay: las fuerzas del ejército pasaron entonces a ocuparse de la frontera. Fuente del mapa: Archivo DGCyE (información de base: L. Canciani e I. de Jong).

1876. Luego de sucesivos avances de las fuerzas nacionales y de intensos malones defensivos de los indígenas, en 1876 el ministro de Guerra, Adolfo Alsina, empezó a construir una gran zanja. Con ella sustrajo la rica zona del Carhué a los pueblos salineros. Desde las Comandancias de Frontera instaladas junto a la zanja (Trenque Lauquen, Guaminí, Carhué y Puan) partieron expediciones cortas que atacaron las tolderías cercanas, robaron sus ganados, mataron lanceros, capturaron caciques y debilitaron las fuerzas indígenas. Fuente del mapa: Archivo DGCyE (información de base: L. Canciani e I. de Jong).

1879. A fines de 1878, desde las comandancias de la “Zanja de Alsina” –y también desde San Rafael, en Mendoza, y desde el sur de Córdoba– partieron las cinco columnas de un organizado y bien armado Ejército Nacional. Ese ejército, dirigido por el nuevo Ministro de Guerra –el general Julio A. Roca– cumpliría la Ley 215: para mayo de 1879 había arrasado las poblaciones del “desierto”, matado o tomado prisioneros a los indígenas y llegado al río Negro en su paso hacia el río Neuquén. Este fue el fin de la frontera bonaerense que celebraron como una hazaña los dirigentes, los periódicos, la literatura y muchas personas que vivían en la Argentina en esa época.

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