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Leer y escribir policiales: entre lupas, trucos y detalles.

Orientaciones para el área de Prácticas del Lenguaje en primer año (tramo de inicio) del Nivel Secundario.

Creado: 29 noviembre, 2022 | Actualizado: 23 de diciembre, 2022

Momentos de esta propuesta:

  1. 1 Propuesta pedagógica para la articulación entre el Nivel Primario y el Nivel Secundario
  2. 2 Revisar fracciones entre la escuela primaria y la secundaria
  3. 3 La casa de Julia y Ramiro: construyendo con fracciones
  4. 4 Para leer “Los crímenes de la calle Morgue” y otros relatos policiales. 
  5. 5Leer y escribir policiales: entre lupas, trucos y detalles.

—Si acepto el caso, debo entender cada detalle —le dijo—. Tómese tiempo para reflexionar. El detalle más pequeño puede ser el más esencial.

“El círculo rojo” (Arthur Conan Doyle)

Presentación para docentes

La propuesta Leer y escribir policiales: entre lupas, trucos y detalles se presenta como una continuación de los sentidos y propósitos planteados en la primera parte del documento: Para leer “Los crímenes de la calle Morgue” y otros cuentos policiales. En ese bloque, pensado para desarrollar durante el último tramo de la Escuela Primaria, nos propusimos generar condiciones didácticas para que las y los estudiantes adquieran confianza y autonomía en su desempeño como lectoras y lectores del subgénero policial.

En esta oportunidad, retomamos esas experiencias con una propuesta que acompaña el tramo de inicio en el Nivel Secundario y que invita a continuar y profundizar las experiencias de lectura de policiales y a ensayar algunas escrituras que dialogan con el subgénero.

Esta segunda parte desarrolla, entonces, una secuencia de enseñanza destinada a las y los estudiantes de primer año de la Escuela Secundaria, organizada en seis momentos; y orientaciones para las y los docentes. Estas últimas constituyen sugerencias que proponen acompañar las intervenciones que las y los docentes realizarán durante la implementación de la propuesta.

Leer y escribir policiales: entre lupas, trucos y detalles es una secuencia pensada para ser desarrollada durante 4 semanas del tramo de inicio, considerando una carga horaria de 3 horas semanales (lo que supone el 75% de los módulos semanales de Prácticas del Lenguaje de primer año). Cada uno de esos seis momentos no se corresponden con una clase, si no será la o el docente quien decida cuántas clases se destinarán a cada uno de los momentos, en función de la complejidad de las actividades propuestas y las experiencias previas de lectura y escritura de cada grupo.

La secuencia se centra en la lectura de dos cuentos policiales de autores argentinos, Julieta y el mago de Manuel Peyrou y La inspiración de Pablo de Santis y en la escritura de algunos textos vinculados con esa lectura. Se trata de escrituras para registrar y organizar información o escrituras intermedias que luego se reutilizan en escrituras para comunicar información y que se entraman con algunas situaciones de reflexión sobre el lenguaje. En el desarrollo de la propuesta se despliegan las situaciones fundamentales de enseñanza de la lectura y la escritura: Leer a través de la o el docente, leer por sí mismos, escribir a través de la o el docente y escribir por sí mismos. Estas situaciones se presentan también como líneas de continuidad con las experiencias de aprendizaje que vienen transitando las y los estudiantes en la Escuela Primaria y, así, se proponen fortalecer las trayectorias de las chicas y los chicos que inician este nuevo y desafiante ciclo de su escolaridad.

 

ITINERARIO DE ACTIVIDADES

1. Leer el cuento policial “Julieta y el mago” de Manuel Peyrou: primera sesión de lectura.

  • Escuchar leer un relato policial.
  • Intercambiar entre lectoras y lectores.

2. Escribir en torno a lo leído

  • Caracterizar a los personajes y tomar notas sobre las hipótesis del crimen.

3. Leer el cuento policial “Julieta y el mago” de Manuel Peyrou: segunda sesión de lectura.

  • Leer en voz alta un relato policial.
  • Intercambiar entre lectoras y lectores
  • Leer de forma colectiva un fragmento de análisis literario sobre “el detalle” en el cuento policial.

4. Escribir en torno a lo leído: Escribir como detectives.

  • Reescribir la hipótesis del crimen.
  • Producir un “perfil” del criminal.

5. Leer el cuento policial “La inspiración” de Pablo de Santis.

  • Leer por sí mismas y mismos un relato policial.
  • Intercambiar entre lectoras y lectores.

6. Escribir en torno a lo leído: comunicar la resolución del caso.

  • Producir el titular y el copete de una nota periodística.

 

Secuencia didáctica: “Leer y escribir policiales: entre lupas, trucos y detalles”

Las y los invitamos a leer y escribir como detectives. Los cuentos que seleccionamos se presentan como escenarios que reclaman nuestra atención. Delante de ojos espectadores ocurren dos crímenes. ¿Quiénes serán los culpables? ¿Cómo resolver los enigmas? ¿Podrán revelarse los trucos que los criminales utilizaron para distraernos?

Cuando un asesinato ocurre en un cuarto cerrado, se espera que, pese a lo que parece un crimen perfecto, el detective resuelva quién es la autora o el autor e incluso cómo pudo entrar y salir de ese lugar. En las lecturas e intercambios que realizaron sobre Los crímenes de la calle Morgue de Edgard Allan Poe pusieron bajo la lupa al detective y a su ayudante. En esta oportunidad, los crímenes de los cuentos ocurren entre pases mágicos o trucos. La magia podría distraernos y hacer más difícil que descubramos a los culpables. Entonces, las y los invitamos a disfrutar de los relatos como si fueran detectives. La propuesta es leer, construir y registrar hipótesis, producir perfiles sospechosos, armar la pizarra de la investigación y comunicar a otras y otros la resolución del caso. Entre lupas, trucos y detalles descubriremos la magia de todo buen relato policial.

 

Momento 1 – Leer el cuento policial “Julieta y el mago”, de Manuel Peyrou: primera sesión de lectura

A lo largo del tiempo, la magia estuvo presente en todas las culturas. ¿Quién no conoce algún pase de magia? ¡Abracadabra, pata de cabra! ¡Hocus Pocus! ¡Sin sala bim, sin sala bam!

a. ¿Escucharon alguna vez nombrar la palabra ilusionismo? Compartan con el grupo y su docente algunos trucos que conozcan.

El ilusionismo consiste en producir un espectáculo en el que, aparentemente, ocurre algo mágico (algo o alguien desaparece, una cosa se transforma en otra, el mago adivina lo que está viendo o pensando otra persona…). Para el público que observa lo que sucede en el escenario todo resulta inexplicable porque desconoce el truco, es decir, la causa que produce el hecho extraordinario. 

Para ver un acto de ilusionismo, pueden seguir el enlace que las y los conduce al cortometraje de 1902 dirigido por Méliè: L’oeuf du sorcier (El huevo mágico).

b. Conversen acerca de cuáles podrían ser los detalles que una o un detective debería observar si quisiera descubrir el truco que se muestra en el video o el mecanismo de otros trucos de magia que ustedes conocen.

c. Escuchen leer a su docente el inicio del cuento “Julieta y el mago” de Manuel Peyrou. Les recomendamos seguir la lectura en su texto.

Julieta y el mago (Manuel Peyrou)

Primer Tramo

El mago Fang no se llamaba Fang, sino Pedro Ignacio Gómez. Era hijo del general Ignacio Gómez y nieto y bisnieto, respectivamente, del coronel y del sargento mayor del mismo nombre. Su tío, el general Carballido, era uno de los siete contusos de la batalla del Arsenal, y su primo, hijo de aquél, viajaba desde hacía años por Europa para curarse de un surmenage adquirido durante la campaña de la Sierra. Sería fácil deducir de esto que los militares, antiguos y contemporáneos, constituían el único orgullo de la familia Gómez; sería fácil, pero incorrecto, porque también contaba con curas en número suficiente para reforzar su vanidad.

La vida del niño Pedro Ignacio se dividió entre el asombro de los desfiles militares y la práctica de la religión. Ayudaba a la misa en la parroquia de otro de sus tíos, el padre Gómez, famoso por lo campechano y liberal. Esta liturgia precoz tuvo indudable importancia en su vida. Era un niño, no creía en símbolos, sino en realidades. Con el tiempo sospechó que todo eso se parecía a la magia, y quiso realizar experimentos más convincentes, con un resultado palpable. Sería alargar la historia (y no hay ningún motivo para ello) relatar las veces que fracasó en su intento de extraer un huevo de gallina de la boca del padre Gómez, ante la chanza benévola de éste; o recordar el dramático instante en que casi se asfixia por haber olvidado de pronto el sistema —aprendido por correspondencia— de salir de un baúl herméticamente cerrado. Es mejor llegar al día en que, convertido en Fang, debuta en su ciudad natal ante un público asombrado y entusiasta.

Pedro Ignacio era de piel cetrina, de ojos ligeramente almendrados y de nariz pequeña; unos toques elementales de maquillaje lo convirtieron en un chino aceptable. No sabemos por qué prefirió esa nacionalidad; imaginó, sin duda, que una pequeña farsa, sobre una mayor, ayuda a confundir al público, y que siempre es bueno disfrazar lo increíble.

A la muerte del padre Gómez heredó el equivalente en pesos de cinco mil dólares, depositados en la sucursal del Banco de Santa Fe; con inspiración profesional invirtió una suma grande en kimonos, pantallas, biombos y utensilios de bambú. Cuando desembarcó en Londres, todo el mundo admitió que llegaba de Shanghái. Trabajó durante años en los music-halls de Inglaterra y Escocia, y en 1930, perfeccionados sus trucos, apareció en el Palace, de París.

En París empieza el drama que nos interesa. En un teatro de Montmartre trabajaba el Grand Dupré, ilusionista, con su amiga, La Belle Juliette.

La Belle Juliette fue en su tarde de descanso a ver a Fang, y el destino del Grand Dupré quedó sellado: todo su poder de ilusionista no bastó a romper el biológico encanto urdido por pequeñas glándulas, que se unieron para hacer latir más aceleradamente el versátil corazón de esa mujer. Un día de diciembre, Julieta se despidió de su amigo y se embarcó con Fang hacia Sudamérica. El aditamento de una mujer hermosa mejoró la apariencia y el efecto general del espectáculo; pero la pasión de Julieta duró poco. Cuando descubrió que Fang no era chino sufrió un ataque de furor y de vesánica exaltación. En realidad, no hacía hincapié en que no fuera chino; no le perdonaba que fuera sudamericano. Pero Fang se dio cuenta de que la discriminación racial era un pretexto de Julieta. La verdad era que ella había sobreestimado las ganancias posibles del mago. El dinero era el patrón sentimental de Julieta. Estaba sometida al último y más servil de los servilismos, según la expresión de Chesterton: el de la riqueza. Encontraba misteriosas cualidades en los poderosos por el mero hecho de serlo; el dinero llevaba implícitas la inteligencia y la simpatía y, a veces, hasta disimulaba el aspecto físico de los hombres.

En 1937 aparece el tercer personaje de esta historia. Por intrigas de Julieta, los ayudantes de Fang lo abandonaron. Puso avisos en los diarios, recurrió a agencias especializadas, probó infinitos postulantes, pero no encontró al hombre dócil y de rápida concepción que necesitaba. Una noche, en un café de la calle Corrientes, fue abordado por un individuo pequeño. “Necesito trabajar —dijo—; soy humilde y fiel”. Esta declaración inverosímil reflejaba la verdad, sin embargo. Además, el hombrecito lo probó con su muerte. Trabajaba de lavacopas en un restaurante de Lavalle y Montevideo. Estaba trastornado, enloquecido por la magia; había gastado los veinte pesos logrados con el empeño de una máquina fotográfica en entradas para ver los trucos de Fang. Además, era cetrino y bajito. Con unos toques ligeros de lápiz y una pátina suave de polvo ocre parecía chino. Se llamaba Venancio Peralta. Fang tuvo una humorada: “Seguirás llamándote Venancio; parecerá el sobrenombre porteño de un chinito”.

Julieta era fría, superficial y astuta. Consideraba que su casamiento con Fang era el fracaso de su vida y se vengaba de él en forma minuciosa. Fang, en cambio, encontró en Venancio devoción y un ayudante práctico y eficiente.

En diciembre de 1940 Fang estaba terminando una temporada en la capital y hacía quince días que había cambiado el programa. Entre los trucos incluidos estaba el muy difundido de escapar en pocos segundos de una bolsa, cerrada y sellada con la intervención del público. Fang era introducido en una bolsa de seda azul; la boca de ésta era cerrada y se colocaban lacres en el lazo y en el nudo. Luego caía sobre Fang una vistosa cortina circular, como una carpa, y al retirarla aparecía el mago liberado, exhibiendo el nudo y los sellos intactos. Las personas del público que habían colaborado en el acto revisaban la bolsa y verificaban el buen estado del cierre.

Aquella noche, tres hombres, dos que estaban con sus mujeres en la platea y otro que ocupaba un palco, subieron a invitación de Julieta, que estaba muy escotada, con traje negro de baile. Fang se sacó el kimono y quedó con pantalón y blusa de seda azul. La bolsa fue exhibida al público y los tres hombres la revisaron detenidamente; no tenía falsas costuras ni agujeros. Fang entró en ella sus piernas y los demás le ayudaron a introducir el cuerpo. Venancio exhibió una cinta y la anudó alrededor de la boca de la bolsa; uno de los hombres vertió lacre sobre el nudo y pusieron un sello. La situación de las personas que rodeaban a Fang era la siguiente: dando la espalda al público estaban los dos espectadores que habían subido en primer término al escenario; luego estaba Venancio; luego, el hombre que había descendido de un palco, y luego, Julieta. Cuando terminaron de colocar el lacre, Venancio dijo: “El pájaro escapó”. Un instante después se llevó la mano al corazón, caminó unos pasos por el escenario y diciendo: “Continúen: bajen el biombo”, desapareció entre bastidores. Julieta lo miró con extrañeza, pero bajó la cortina sobre Fang. A los diez segundos la subió y Fang apareció con la bolsa azul en la mano y saludó al público.

En ese instante salió un hombre corriendo de entre bastidores y gritó algo que no pudo ser comprendido. El telón bajó y hubo un desconcierto en el escenario. Fang, Julieta y los tres hombres del público caminaron consternados hacia el foro y encontraron a Venancio en el suelo. Uno de los hombres dijo que era médico y lo revisó. Tenía un estilete clavado en el corazón. Sus últimas palabras fueron: “No culpen a nadie; yo mismo me maté”.

Peyrou, Manuel (2020) Julieta y el mago. En: La noche repetida. Buenos Aires, Libros del Zorzal

*Manuel Peyrou fue un escritor bonaerense que nació en San Nicolás en 1902. Curiosamente, el mismo año en el que se filmó el cortometraje de Georges Méliès. Durante varios años, publicó relatos de detectives. Julieta y el mago integra Los mejores cuentos policiales, una antología seleccionada por Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges.

Glosario

Contuso: condición de caído en la batalla. Es decir, se trata de un héroe de guerra.

Surmenage: agotamiento por exceso de trabajo.

Campechano: persona sencilla y de buen trato.

Liberal: persona comprensiva y respetuosa de los modos de vida diferentes a los propios.

Vesánico: puede utilizarse como sinónimo de loco.

Lacre: pasta sólida de color roja que se emplea derretida sobre cartas u otros objetos importantes para sellarlos.

Estilete: puñal.

 

💬 Intercambio entre lectoras y lectores

Entre todas y todos, compartan algunas ideas sobre el relato a partir de las siguientes preguntas:

  1. ¿Quien cuenta la historia presenta algunos detalles interesantes del mago, su esposa Julieta y el ayudante Venancio. ¿Qué los hace especiales a cada uno de ellos?
  2. ¿Cuál es el acto de magia que se describe en el cuento? ¿Podrían, entre todas y todos, contar de qué se trata?
  3. Venancio, el ayudante del mago, antes de morir dice: “No culpen a nadie; yo mismo me maté”. ¿Le creen? ¿Por qué?

ORIENTACIONES PARA LAS Y LOS DOCENTES – MOMENTO 1

En este primer momento, la o el docente anuncia a las y los estudiantes que durante algunas semanas compartirán la lectura de dos historias policiales. Conversa con ellas y ellos acerca de sus experiencias como lectoras, lectores, espectadoras y espectadores (de cuentos, series, películas, cómics, videojuegos, etc.) de este subgénero; pregunta, también, si han leído “Los crímenes de la calle Morgue” de Edgar Allan Poe durante los últimos meses de la Escuela Primaria e indaga sobre lo que recuerdan de ese relato. Sugerimos que destinen un tiempo de la primera clase a narrar oralmente esta historia (incluso puede sumarse la lectura de algún pasaje especialmente relevante de la versión del cuento de Poe que se adjunta a esta propuesta) e inviten a observar las bellas imágenes del texto para problematizar, sobre todo, cómo imaginaban a los investigadores, la escena del crimen, al criminal y cómo han sido representados por la ilustradora. Es importante que fundamenten la decisión de narrar “Los crímenes…” en el hecho de que se considera el relato que inicia el subgénero policial.

A continuación, se espera que la o el docente introduzca el tema del ilusionismo a partir del visionado de un video (si resulta posible) y de un intercambio centrado en las experiencias de las y los estudiantes respecto de los “trucos de magia”. Se trata de ir instalando en el aula la idea de que reparar en los detalles es un desafío común tanto para la espectadora o el espectador que intenta develar un truco de magia, como para el detective que procura develar un enigma. Puede retomarse la idea de que en “Los crímenes…” Dupin logra resolver el caso porque ha sido capaz de observar detalles que pasaron inadvertidos para los demás personajes.

Para abordar el cuento “Julieta y el mago” de Manuel Peyrou, recomendamos organizar dos sesiones de lectura e intercambio sobre lo leído (momento 1 y momento 3), que se entraman con dos sesiones de escritura (momentos 2 y 4). Cada sesión de lectura y escritura no se corresponde, necesariamente, con una clase. La o el docente decidirá cuántas clases destinará a cada uno de los momentos de esta propuesta. Sin embargo, se sugiere que cada tramo del cuento pueda ser leído de manera completa en una clase y que en las siguientes puedan desarrollarse relecturas de fragmentos en el marco de los intercambios entre lectoras y lectores.

Se espera que antes de iniciar la lectura de “Julieta y el mago”, la o el docente presente brevemente al autor y el contexto de producción del cuento. A continuación, iniciará la lectura en voz alta del primer tramo y propondrá a las y los estudiantes que sigan la lectura en su texto. Procurará realizar una lectura completa del primer tramo sin interrupciones. A continuación, abrirá un espacio de intercambio en el que se espera que puedan manifestarse dudas e hipótesis. Ese intercambio puede desarrollarse a partir de las preguntas que se proponen en el apartado “intercambio entre lectoras y lectores” del momento 1 y/o de otras que la o el docente y las y los estudiantes se planteen. En todos los casos, la o el docente invitará a releer fragmentos del texto para aclarar dudas y confrontar interpretaciones. Además, propondrá registrar en un afiche y/o en las carpetas los nombres y alguna característica fundamental de los personajes para tenerlos presentes cuando se lea el segundo tramo del cuento (momento 3)

Momento 2 – Escribir en torno a lo leído: Caracterizar a los personajes y elaborar las primeras hipótesis

Resolver un enigma demanda tiempo. Quienes leyeron cuentos o miraron series policiales habrán notado que los detectives analizan pistas, establecen relaciones entre los hechos y sacan conclusiones. Al principio, todo puede resultar confuso. Para empezar a ordenar la investigación del caso de Julieta y el mago, les proponemos que, con su grupo de clase y su docente, empiecen a registrar alguna información relevante.

  1. En pequeños grupos, relean el primer tramo del relato con el propósito de registrar algunas características de los personajes. Pueden resaltar o subrayar las partes del texto en las que aparecen y, en el margen, anotar el nombre del personaje al que se refieren.
  2. Debatan, también en el grupo, las primeras hipótesis respecto de la muerte de Venancio. Anótenlas en su carpeta.
  3. Compartan lo que señalaron y anotaron a partir de las consignas a y b, en una puesta en común. Entre todas y todos, díctenle a la o el docente las primeras conclusiones (características de los personajes e hipótesis del crimen) para que las consigne en una pizarra de la investigación. Compartimos un modelo de registro posible, pueden continuarlo u organizar otro esquema.

d. Entre todas y todos, elijan la hipótesis sobre la muerte de Venancio que más las y los convenza (pueden releer las que escribieron en la pizarra de la investigación) y díctensela al docente, pensando en una destinataria o un destinatario que no leyó el cuento. Tengan en cuenta:

  • Qué información sobre el caso será importante agregar.
  • Expresen de forma afirmativa lo que consideran que podría ser la solución al enigma.

Para escribir, pueden tomar como referencia las tres primeras hipótesis que surgieron en el caso “Los crímenes de la calle Morgue” de E. A. Poe.

e. Antes de pasar en limpio la hipótesis en sus carpetas, revisen con la o el docente, estos aspectos del texto:

  • Si les parece que algo no se entiende, agreguen información que le permita a otra lectora u otro lector reconstruir qué pasó, dónde, quiénes estaban presentes u otra que consideren relevante.
  • Si les parece que hay información repetida, supriman la que consideren innecesaria.

ORIENTACIONES PARA LAS Y LOS DOCENTES – MOMENTO 2

En el segundo momento de la secuencia, se propone la relectura del primer tramo del cuento y la producción de algunas escrituras intermedias para registrar y organizar información, en pequeños grupos y por dictado a la o el docente. El objetivo es “leer como detectives”, es decir, focalizar en el conocimiento de los sospechosos y de la escena del crimen además de delinear las primeras hipótesis sobre el caso.

En la situación de relectura grupal, la o el docente recordará cuáles son los propósitos de la misma y sugerirá a las y los estudiantes algunas estrategias para retomar información relevante en función de esos propósitos (releer cierta parte del texto, realizar anotaciones marginales y resaltados, conversar en el pequeño grupo para confrontar interpretaciones, hacer un punteo de ideas para no olvidar lo que se debate y luego revisarlas, etc.). En ese sentido, cabe destacar que las consignas a y b tienen distintos grados de dificultad: las características de los personajes se presentan como información explícita que las y los estudiantes deben localizar en el texto; en cambio, las hipótesis sobre el crimen están implícitas en este primer tramo del cuento, es decir que deben construirse a partir de la interpretación de las pistas que aporta el relato. Será importante tener presente lo anterior para brindar a las y los estudiantes los apoyos necesarios para que puedan progresar en la construcción de sentidos del texto. Por otra parte, la escritura desarrollada en el punto b (la más compleja), constituirá insumo para la producción por dictado al docente que se propone en el punto c, instancia en la que podrá ser revisada.

Hay que destacar que en este momento de la secuencia se desarrollan dos situaciones de escritura por dictado a la o el docente (consignas c y d). El desarrollo de la situación de enseñanza “Escribir a través de la o el docente” es de muchísima importancia en la Escuela Secundaria dado que permite que la o el docente exteriorice algunos problemas que se presentan en la escritura y discuta con el grupo las diversas estrategias para resolverlos. En el marco de esta práctica, además, modeliza algunas formas en las que las escritoras expertas y los escritores expertos toman decisiones de escritura. Se trata, en definitiva, de problematizar cómo convertir lo que se dice en un texto escrito.

En el caso de la consigna c, se trata de ordenar en una tabla (Pizarra de la investigación) u otro elemento de registro, información relevante para develar el enigma: las características de los sospechosos y las primeras hipótesis. En el primer caso, la o el docente podrá problematizar el contenido seleccionado por las y los estudiantes e invitar a confrontar lo que cada pequeño grupo consideró importante. En el segundo, focalizará en que las primeras hipótesis resulten verosímiles tomando en cuenta las pistas de las que disponen a partir de la lectura del primer tramo; es decir que la interpretación pueda fundamentarse en lo que el texto dice.

La consigna “d” supone un intercambio grupal para decidir cuál de las hipótesis que se barajaron -y se escribieron- en la consigna anterior, resulta más convincente y focalizar en diversos modos de textualizarla. En relación con esto último, se proveen algunos textos modélicos referidos a las hipótesis sobre el crimen del cuento que la o el docente narró en la primera clase “Los crímenes de la clase Morgue”. La o el docente podría instalar junto a la lectura de estos breves textos, una situación de reflexión sobre el lenguaje que focalice en algunas de sus características: La construcción de oraciones afirmativas con formas verbales que implican más o menos certeza y la presencia de conectores que relacionan ideas en términos de causas y consecuencias y que permiten una primera aproximación a los modos de construcción del discurso lógico en el policial (Por ejemplo: “Los culpables podrían ser extranjeros dado que”, “Entonces, debe tratarse de un asesinato…”. “por lo tanto, el motivo puede ser un robo”)

Las cuestiones problematizadas en la situación de dictado a la o el docente podrán ser retomadas en la revisión del escrito (consigna “e”). Se sugiere que la o el docente seleccione no más de dos o tres dimensiones de reflexión sobre el lenguaje para focalizar en cada escritura y revisión (en la consigna “e”, por ejemplo, se propone abordar el contenido del texto y su progresión temática considerando la presencia de información redundante).

Momento 3 – Leer el cuento policial “Julieta y el mago”, de Manuel Peyrou: segunda sesión de lectura.

Antes de continuar leyendo la historia de Julieta y el mago, su docente les volverá a leer los párrafos del primer tramo que relatan la muerte de Venancio.

  • Entre todas y todos, reconstruyan el suceso, pueden ayudarse con el registro de las primeras hipótesis que escribieron en la actividad anterior.
  • Entre todas y todos, continúen la lectura en voz alta del segundo y último tramo del cuento. Pueden leer un párrafo cada una o cada uno. Consideren que, en esta parte, la mirada de quien termina descubriendo el caso nos aportará nuevas pistas para resolver el caso.

Julieta y el mago (Manuel Peyrou)

Segundo Tramo

Se comunicó la novedad al empresario; éste apareció muy sofocado ante el público, anunció que la función quedaba suspendida y pidió a la concurrencia que se retirara en orden. El bombero de guardia corrió a la calle y volvió con un agente, que perdió diez minutos anotando fruslerías en una libreta. Finalmente, apareció un oficial de policía y adoptó las primeras providencias. Las primeras providencias fueron casi exclusivamente llamadas por teléfono en requerimiento de órdenes. Una hora después llegó el doctor Fabián Giménez, juez de instrucción. El doctor Giménez era un hombre de cincuenta años, con las huellas de la buena vida y de la buena bebida, displicente y resignado a las molestias de su cargo. Lo habían sacado de una comida en el Círculo de Armas y maldecía moderadamente al criminal que elegía semejante hora para su atrocidad. Llegó acompañado de su secretario, el joven doctor García Garrido.

Los tres hombres que habían subido al escenario a requerimiento de Julieta eran el doctor Ángel Cóppola, médico de un hospital municipal; Manuel Gómez Terry, escribano sin registro, y Máximo Lilienfeld, periodista. El doctor Cóppola era un hombre grueso, con esa elegancia envarada de los que parecen salir recién de la sastrería; tenía el pelo blanco, pero su rostro era joven; estaba cuidadosamente afeitado. Hizo una rápida exhibición de conocimientos científicos y dejó apabullado a Gómez Terry, que sólo sabía de folios, medianeras, particiones y escrituras, además de fútbol. Durante su conversación fueron observados con cierta ironía por Lilienfeld, que era bajo, delgado, rubio, de pestañas casi blancas y estaba vestido con ropa de confección. En un momento dado el doctor Cóppola se preguntó con extrañeza cómo ese hombrecillo insignificante ocupaba tan orondo un palco avant-scène; ignoraba que era periodista.

El doctor Giménez tomó declaraciones a todo el mundo, las cuales fueron resumidas y anotadas por el doctor García Garrido. El espectáculo se había desarrollado en forma rutinaria, salvo en dos aspectos: la posición de Venancio y Julieta en el momento de sellar la bolsa y la frase del primero pocos segundos antes de sentirse herido. Según uno de los hombres de la compañía, para facilitar el trabajo, Venancio ocupaba siempre el mismo sitio, hacia la derecha del escenario, y Julieta se colocaba en el lado opuesto, hacia el centro del mismo. Si en esta ocasión hubieran ocupado sus sitios habituales, el orden hubiera sido el siguiente: Cóppola y Gómez Terry, en primer lugar, dando la espalda al público; luego, rodeando a Fang, Julieta, Lilienfeld y, finalmente, Venancio. En cambio, el orden fue el que ya hemos indicado: primero el médico y el escribano; luego, por la izquierda de ambos, Venancio; luego, Lilienfeld, y en último término, Julieta.

Fang había pedido permiso para retirarse a su camarín, alegando estar afectado por la muerte de su ayudante y amigo; allí fue a buscarle el doctor Giménez, constituyendo un improvisado despacho entre kimonos de seda floreada, espadas sin filo, palomas ambulantes y varias gallinas. El asesinato de Venancio había introducido el desorden en la compañía; impasible, Julieta se ocupaba con afectación de su traje y de su arreglo personal. El doctor García Garrido, humillado por tener que escribir sobre un biombo, la miraba con sofocado interés.

El doctor Cóppola, con pomposidad científica, tomó la palabra y dijo:

—Le sugiero, señor juez, que observe este detalle…

Era de los que dicen a cada rato “le sugiero” sin emplear el tono de sugerencia. El juez lo escuchó pacientemente y ordenó tomar nota de sus palabras. Cóppola decía que, según sus conocimientos científicos, la única forma de que un estilete podía entrar en el ángulo observado era procediendo en línea recta de la bolsa azul, es decir, de Fang.

El doctor Giménez concedió algún crédito a la sugestión de Cóppola, pues llamó a Fang e inició su interrogatorio. Este se manifestó reticente ante las preguntas relativas a su profesión, lo que es explicable; y empezó a ponerse nervioso cuando notó que una teoría sobre el crimen flotaba en el ámbito del camarín.

—Yo estaba dentro de una bolsa, cerrada y lacrada con intervención del público —dijo Fang en enfático castellano, exento ya de matices chinos.

El doctor Giménez exigió la presentación de la bolsa, y un ayudante fue a buscarla.

Estaba aún con la cinta anudada en la boca y tenía los sellos intactos. Estos fueron rotos por el juez, con el objeto de practicar una revisión interior. La tela era compacta y no había huellas de haber sido perforada. Entonces intervino nuevamente el doctor Cóppola.

—Desde mi más tierna infancia —dijo— me ha interesado la magia. Ahora mismo, cargado de trabajo y de responsabilidades, suelo practicar para mis sobrinos y los niños del barrio. Si el señor juez me lo permite, le diré que es completamente inútil revisar esa bolsa.

El juez volvió el rostro y lo miró con extrañeza.

—Queremos saber si hay adentro algún indicio. ¿Por qué no vamos a revisar la bolsa?

—Yo dije esa bolsa —arguyó el doctor con pesada ironía.

—¿Por qué acentúa lo de esa bolsa?

—Porque hay otra.

Fang miró al médico como si quisiera fulminarlo.

—¿Es algo referente al truco empleado? —interrogó el juez.

—Señor juez, yo mismo he hecho este truco varias veces. Hoy vine para estudiar sobre el terreno y corregir algunos defectos. Efectivamente, hay dos bolsas. Cuando Fang se introduce en la que es exhibida al público, lleva en un bolsillo interior otra bolsa idéntica, plegada. Una vez adentro, antes de que su ayudante haya anudado la cinta en la boca de la primera bolsa, Fang saca la segunda de su bolsillo y hace asomar su borde superior, de modo que la cinta rodee éste y no el de la primera. Para esto se requiere la complicidad de un ayudante avezado, que simule facilitar la fiscalización de las personas del público que han subido al escenario, pero que practique por sí mismo esa parte fundamental del truco. Cuando baja la cortina, Fang no tiene más que desprender una bolsa de otra, que han quedado apenas ligeramente unidas por sus bordes, salir de la primera, plegarla rápidamente y guardarla en el bolsillo, y exhibir la segunda al público con los sellos intactos.

—¿Entonces, esta bolsa es la que guardaba inicialmente Fang en su bolsillo?

—Así es —respondió el médico—. Hay que encontrar la otra.

Ante las palabras del médico, Fang hizo un gesto como de una persona sorprendida en un engaño y sacó de su bolsillo la bolsa buscada, entregándola al juez. Éste la revisó detenidamente, pero estaba tan libre de indicios como la anterior.

—Puede no ser ésta —dijo el médico—; generalmente estos hombres tienen tres o cuatro repuestos.

El juez ordenó una busca por todos los rincones del teatro. Durante una hora fueron revisados los baúles de Fang, los camarines en todos sus rincones y los decorados, que se amontonaban en el escenario, pero el resultado fue infructuoso.

Además, la seguridad de que Fang utilizaba sólo esas dos bolsas para su truco fue certificada por el empresario, por los obreros del teatro y por Julieta.

En ese momento el periodista Lilienfeld habló por primera vez.

—¿Por qué Venancio habrá dicho: “El pájaro escapó”?

Luego agitó sus pestañas casi blancas y se quedó mirando a Fang. Este se adelantó a explicar el motivo.

—Yo no escuché bien la frase —dijo—, pero generalmente Venancio decía algo cuando estaba listo a recibir la punta de la bolsa para anudarla.

—Sí; pero él dijo “el pájaro escapó” cuando la cinta ya estaba atada y sellada…

El juez se había quedado silencioso, con la mirada perdida en lo alto del camarín.

El doctor García Garrido sabía que estaba pensando en la comida del Círculo de Armas, pero los demás creyeron que se concentraba en el misterio del crimen. Al rato pareció reaccionar.

—Hay un hecho importante —dijo el juez—: Venancio Peralta exclamó antes de morir: ¡No se culpe a nadie; yo mismo me maté!”. Esto es atestiguado por los señores Cóppola, Gómez Terry y Máximo Lilienfeld, además de la esposa de Fang. Esto no se puede destruir con nada. No se me escapa que un hombre tiene que estar muy trastornado para clavarse un estilete en pleno escenario. Es espectacular, indica una clara morbosidad, cuya caracterización será motivo de un dictamen científico. Por todo esto creo que no debemos detenernos. Solicito a cada uno de ustedes su palabra de honor de no alejarse de la capital hasta que termine la instrucción del juicio. No veo la necesidad de detener a nadie por el momento.

Fang agradeció efusivamente las palabras del doctor Giménez, y en los ojos melancólicos, ligeramente metálicos de Julieta, brilló una luz, como un rayo furtivo. Todos juraron mantenerse a disposición del juez y éste se despidió y salió seguido de su secretario. El oficial de policía dispuso el traslado del cuerpo de Venancio, de acuerdo con la orden del juez, e inició los trámites complementarios del sumario.

A las tres de la mañana el doctor Cóppola, Manuel Terry y Máximo Lilienfeld se encontraron en la calle. Las esposas de los dos primeros habían esperado en la puerta del teatro y se unieron a ellos. Lilienfeld tenía el estómago vacío y propuso tomar algo. El doctor Cóppola observó al periodista, con aire del que practica un examen científico, y vaciló unos minutos. Creía que Lilienfeld ensayaba hacerle pagar una comida; además, exhibirse en un lugar público con un individuo de las trazas del periodista le resultaba vagamente incómodo. El encuentro, a pocos pasos, de una cervecería alemana, le sacó ese peso de encima; allí no podría encontrarlo nadie.

Lilienfeld pidió una cerveza; Gómez Terry, un café, y el doctor Cóppola, una soda. Las mujeres tomaron café. Parecía un concurso de economía. Al rato Lilienfeld pidió otra cerveza y un sandwich. El doctor Cóppola tenía un apetito atroz, pero se contuvo; pensaba que si comía, el periodista aprovecharía para hacerle cargar con la cuenta total.

—Menos mal que fue un suicidio —empezó Gómez Terry, por decir algo.

Lilienfeld pidió otra cerveza y otro sandwich, y mientras masticaba con avidez, en medio de un incansable batir de pestañas, exclamó:

—¡Qué locura! ¡Es seguro que no es suicidio!

—Pero él dijo: “No se culpe a nadie; yo mismo me maté”.

—Por eso mismo —continuó Lilienfeld—. Él dijo: “Yo mismo me maté”; es decir, yo cometí un error fatal, yo me busqué esto, yo tengo la culpa, o cualquier otra cosa por el estilo. Nadie ha buscado una relación lógica entre los hechos y las palabras de esta noche.

—Entonces, ¿usted tiene una versión? ¿Por qué no habló? —interrogó el médico con reproche.

—Usted hablaba todo el tiempo y no me dejó ni un resquicio; además el juez me miraba con lástima —dijo Lilienfeld. Pidió otra cerveza, ante la alarma del médico, y continuó-: Hay tres cosas inusitadas, que rompen la rutina de esta noche: Venancio dice: “El pájaro escapó”, y Fang miente sobre el momento en que escuchó estas palabras. La verdad es que no comprendió bien la frase, pues de ser así, el drama no hubiera ocurrido. En segundo lugar, el orden de las personas que rodeaban a Fang fue alterado a último momento y Julieta ocupó el puesto de Venancio. En tercer término, Venancio dice: “No se culpe a nadie; yo mismo me maté”. La solución es ésta: Fang estaba enloquecido por las injurias de Julieta y proyectó asesinarla. Sin embargo, no podía cometer un crimen común: todo el mundo sabía sus peleas y sería sospechado inmediatamente. La única solución era en un crimen a la vista de todo el mundo, con una coartada eficaz. Necesitaba un cómplice, del mismo modo que lo necesitaba para sus trucos. Venancio era su aliado, prácticamente su esclavo. Acogió con entusiasmo la idea porque su devoción hacia Fang lo llevaba a imitarlo en sus odios y simpatías. Quedaron en que Venancio, después que Fang se introdujera en la bolsa, le pondría un estilete en la mano, por la parte de afuera del género, que sería fácilmente disimulado en un pliegue. Hacía años que practicaban el truco y siempre Julieta ocupaba el mismo sitio. En el momento de lacrar la bolsa todos estaban siempre muy cerca de Fang, hasta que terminaba la operación. Este podía calcular exactamente la altura del corazón de Julieta. La mujer intuyó que algo se preparaba contra ella; quizá Venancio demostró excesiva nerviosidad. En el momento en que iba a colocar el lazo, Julieta se deslizó y ocupó su sitio; aquél no pudo hacer otra cosa que ocupar el sitio de la mujer. Para avisar a Fang, dijo: “El pájaro escapó”», pero el mago, nervioso por primera vez en un truco, escuchó la voz, pero no entendió el sentido. El pobre Venancio pagó su fidelidad con la muerte.

El doctor Cóppola y Gómez Terry lo miraban por primera vez con respeto.

—Hay que avisar al juez —dijo Cóppola.

—Yo que usted no lo haría; no me gusta meterme en líos con la justicia —repuso Lilienfeld—. Además, Fang está condenado. Julieta sabe que él quiso matarla y lo tiene en su poder. Al pobre no le queda más que el recurso de suicidarse; quizá invente un buen truco para eso.

Ante el asombro de Cóppola y de Gómez Terry, Lilienfeld sacó un flamante billete de cien pesos y llamó al mozo.

Había tomado diez medios litros.

—Discúlpenme, pero tengo que hacer —dijo, pagando la cuenta.

—¿Se va a dormir? —interrogó el médico.

—No; tengo que tomar unas cervezas con un amigo —repuso.

 

Peyrou, Manuel (2020) Julieta y el mago. En: La noche repetida. Buenos Aires, Libros del Zorza

Glosario

Fruslerías: anotaciones de poco valor.

Providencias: medidas.

Displicente: de mal humor.

Envarado: dicho de una persona estirada o engreída.

Orondo: cómodo.

Palco avant-scène: palco ubicado cerca del escenario.

Avezado: persona experimentada.

Infructuoso: ineficaz o inúltil para tal fin.

Injurias: dichos o acciones que causan daño.

 

💬 Intercambio entre lectoras y lectores

Entre todas y todos, compartan algunas ideas sobre el relato a partir de las siguientes preguntas:

  1. ¿Cómo interpretan la frase de Lilienfeld “Nadie ha buscado una relación lógica entre los hechos y las palabras de esta noche”?
  2. ¿A quién le dice Venancio “El pájaro escapó”? ¿Qué les parece que quiso decir con esa frase?
  3. ¿La solución del caso se parece a alguna de las hipótesis que pensaron al leer el primer tramo? ¿Por qué?

Leer los detalles para pensar como detectives

La observación es una de las principales características de las y los detectives. Ellas y ellos tienen la capacidad de detenerse en gestos, palabras y objetos que otros personajes dejan pasar. Esa forma de mirar y la relación de lo que ven con sus conocimientos les permite resolver el enigma. Pero, ¿Qué son los detalles? ¿Por qué debemos prestarles atención?

  1. Comenten con el grupo alguna experiencia de su vida cotidiana en la que reparar en los detalles de una situación les resultó importante.
  2. A propósito de los detalles detectivescos, lean y comenten con todo el grupo el siguiente texto de estudio sobre los métodos que utilizan los detectives de los cuentos policiales para resolver los misterios:

¿Qué pasa con los métodos con los que opera el detective? Ciertamente, él saca conclusiones de observaciones, pero no son las situaciones evidentes y más concretas las que le interesan, sino cosas extremadamente insignificantes e inaparentes: un clavo roto, un montoncito de ceniza de cigarrillo, un reloj que está parado o no, cosas que nada dicen al hombre corriente, que en la vida corriente tampoco significan algo, que para el detective se convierten en signos de una escritura secreta, cuyo desciframiento soluciona el misterio. 

Allewyn, Richard (1982) “Origen de la novela policial”.

En: Problemas y Figuras, Barcelona, Editorial Alfa (Adaptación).

c. Relean en parejas el final del cuento para descubrir cuáles fueron los detalles “insignificantes e inaparentes” que observó Lilienfeld y le permitieron resolver el enigma sobre la muerte de Venancio. Anoten la lista de esos “detalles” en sus carpetas.

ORIENTACIONES PARA LAS Y LOS DOCENTES – MOMENTO 3

En este momento se desarrolla la segunda y última sesión de lectura del cuento. Antes de empezar a leer, las y los docentes podrán disponer de un tiempo para la relectura y/o narración oral de la parte referida al crimen de Venancio (que se localiza en los últimos párrafos del primer tramo). Sugerimos que esta situación sea acompañada por un punteo en el pizarrón y en la carpeta de las y los estudiantes haciendo foco en la información que resulta más importante para reconstruir la escena del crimen.

Luego, la o el docente organizará la lectura completa del segundo tramo. Propondrá que las y los estudiantes lean un párrafo cada una o cada uno. Se sugiere que la lectura se desarrolle sin interrupciones, excepto para anotar nombres y alguna característica de los personajes “nuevos” (algunos fueron mencionados en el primer tramo, pero no habían sido caracterizados) y se los agregue al listado de personajes iniciado en el momento 1.

Con respecto al intercambio entre lectoras y lectores, por un lado, las preguntas propuestas en “a” y “b” ponen a circular las ideas que ellas y ellos tienen sobre la figura de quien analiza las pistas y cómo estás se relacionan. Por otro, invita a poner a prueba las hipótesis que construyeron respecto del primer tramo y pensarlas en relación con los nuevos datos que aporta el relato.

Los ejes de lectura que se proponen en este momento hacen foco en los detalles. De esta manera, se retomará lo que se conversó en el marco del primer tramo respecto de la importancia de los detalles en los trucos de magia. A continuación, se espera que la o el docente introduzca la lectura del fragmento de un texto de estudio que conceptualiza y ejemplifica la noción de detalles “insignificantes e inaparentes”. Sugerimos que la o el docente acompañe la lectura con ampliaciones y ejemplificaciones que permitan contextualizar a partir de las experiencias cotidianas y literarias de las y los estudiantes.

Por último, durante la relectura del final del cuento se espera que en parejas puedan cruzar la noción de detalles “insignificantes e inaparentes” para producir una lista (escritura intermedia que será retomada en el momento 4) Durante esta actividad, la o el docente invitará a localizar algunos “detalles” disponibles en el relato y a analizar si colaboran para que quien encarna la figura del detective (Lilienfeld) pueda resolver el misterio.

Momento 4 – Escribir en torno a lo leído: Escribir como detectives

Luego de leer y analizar, “Julieta y el mago”, podemos decir que los “detalles” se convierten en pistas, en los relatos policiales. En los finales de estos cuentos, quien encarna la figura del detective los ordena de una forma que otros personajes no han intentado aún. Como si fuera un rompecabezas, cada detalle encuentra su conexión con otro y el misterio es resuelto. Tomando en cuenta los detalles del cuento, les proponemos dos consignas de escritura:

a. Con el grupo de clase, dicten a su docente la hipótesis final del caso, pensando en destinatarios y destinatarios que no han leído el cuento. Para ayudarse a escribir pueden:

  • Releer las orientaciones con las que planificaron y revisaron las primeras hipótesis en el momento 2
  • Revisar la lista de los “detalles” que observó Lilienfeld, que elaboraron en la consigna c del momento 3.
  • Observar detalladamente los siguientes croquis de la ubicación de los personajes durante el truco de magia

Antes de empezar a dictar la hipótesis final, recuerden organizar una mesa de trabajo que reúna las pistas del detective. La mesa podría parecerse a esta imagen:

b. En parejas, produzcan un “perfil” del criminal.

  • Revisen las anotaciones que realizaron sobre Pedro Ignacio Gómez, el mago Fang, en la “Pizarra de la investigación” que elaboraron en el momento 2.
  • Agreguen información sobre el personaje que surge del segundo tramo del cuento y que permita saber más de él, por ejemplo, cuál es su conflicto con Julieta, cuál era su plan, cómo se comporta durante el interrogatorio del Juez, etc.
  • Pueden tomar como referencia el perfil del orangután, el culpable del caso “Los crímenes de la calle Morgue” de E. A. Poe.

c. Intercambien con compañeras y compañeros sus perfiles de Pedro Ignacio Gómez para revisar las escrituras teniendo en cuenta estos criterios:

  • Si les parece que algo no se entiende, agreguen información que le permita a otra lectora u otro lector reconstruir quién es Pedro Ignacio y cuál es su conflicto con Julieta.
  • Si les parece que hay información repetida, supriman la que consideren innecesaria.
  • Si cada oración desarrolla una idea completa y comienza con mayúscula y termina con un punto.

[Reflexión sobre el lenguaje: Caracterizar personajes. Para escribir el perfil de Pedro Ignacio Gómez, el mago Fang; pueden utilizar adjetivos que den cuenta de cómo es (por ejemplo: “Es feroz por naturaleza”) y enumerar algunas acciones habituales que realiza el personaje (por ejemplo: “Suele imitar gestos y sonidos humanos”) ]

ORIENTACIONES PARA LAS Y LOS DOCENTES – MOMENTO 4

En el cuarto momento de la secuencia, se propone que las y los estudiantes transiten dos experiencias de escritura. El objetivo es “escribir como detectives”, es decir, transformar las escrituras intermedias desarrolladas en los momentos anteriores en dos textos típicos del subgénero policial: la hipótesis final del caso y el perfil del culpable.

La primera escritura (producción de la hipótesis final del caso) se desarrolla a través de la o el docente (ver orientaciones detalladas sobre esta situación de enseñanza en el momento 2) En esta ocasión, se trata de una clase de texto que ya conocen, dado que han escrito las primeras hipótesis, en el momento 2. Es por eso que podrán recurrir a dichas escrituras que ya han sido revisadas con la o el docente, en tanto textos modélicos. Además, las y los estudiantes deberán recurrir a la lista de los “detalles” que observó Lilienfeld y que anotaron en sus carpetas (consigna c del momento 3) y a los croquis que las y los orientan respecto a la posición de los personajes en la escena del crimen.

La segunda escritura se realiza en parejas. Esta situación de enseñanza centrada en la escritura por sí mismos propone que las y los estudiantes resuelvan algunos de los problemas que se ponen en juego al momento de escribir. En este caso, se reutilizará la caracterización de personajes llevada a cabo en el momento 2 para producir el perfil del criminal. En relación con esto último, se provee el perfil del oragután como texto modélico construido a partir de la información proporcionada por el cuento “Los crímenes de la clase Morgue”. Es importante que las y los estudiantes interactúen con este texto para reflexionar acerca de cómo puede retratarse al personaje, qué detalles podrían ponerse en primer plano, etc. Mientras escriben, la o el docente se acercará alternativamente a cada pareja para leer lo que han producido e intervenir como lectora o lector (por ejemplo, podrá preguntar por alguna parte que resulta ambigua o que resulta difícil de entender o por alguna información relevante que considere que no se ha consignado).

Sugerimos, también, que se genere una situación de reflexión sobre el lenguaje con todo el grupo centrada en cómo describir al personaje (ver recuadro “reflexión sobre el lenguaje. Caracterizar personajes”).

Las cuestiones problematizadas en la situación de escritura en parejas podrán ser retomadas en las revisiones del escrito (consigna “c”). Se sugiere que la o el docente seleccione no más de dos o tres dimensiones de reflexión sobre el lenguaje para focalizar en cada escritura y revisión (en la consigna “c”, por ejemplo, se propone abordar el contenido del texto y la pertinencia de la información proporcionada en el perfil considerando la presencia de información ausente y/o redundante).

Momento 5 – Leer un cuento policial: “La inspiración” de Pablo de Santis.

Hasta aquí hemos analizado detalles para resolver un enigma. Podemos pensar que tanto la magia como los enigmas tienen algo en común: necesitan desorientar a la espectadora o el espectador o la investigadora o el investigador, lograr que fijen su atención en algo sin mucha relevancia.

  1. Nada por aquí, nada por allá… Antes de empezar a leer la próxima historia, recuerden los trucos de magia y piensen: ¿cuáles son los elementos o gestos que utilizan frecuentemente los magos para distraernos mientras realizan su truco?
  2. Lean a continuación “La inspiración” de Pablo De Santis. Les compartimos información sobre el autor y un enlace para que puedan acceder al texto:

Pablo De Santis nació en 1963 y escribe cuentos, novelas e historietas. Gran parte de su obra combina el policial y las aventuras. Incluso, uno de sus personajes más famosos, Lucas Lenz, es una especie de detective que se dedica a encontrar extraños objetos perdidos. En alguna de las tantas entrevistas que dio el autor dijo que el policial tiene como atractivo la búsqueda de la verdad a través de un detective solitario que busca conocer lo que realmente pasó.

Su cuento “La inspiración” junto con otros títulos forma parte de las publicaciones del “Plan Nacional de Lectura”. Podrán acceder a su publicación digital mediante el siguiente enlace:

 

💬 Intercambio entre lectoras y lectores

Compartan algunas ideas sobre el relato a partir de las siguientes preguntas:

  • ¿En qué detalles de la habitación del poeta Siao repara el sabio Feng?
  • El sabio Feng hace muchas preguntas, ¿cuáles les parecen las más importantes para descubrir al asesino?
  • ¿Qué función les parece que cumple el cometa en llamas que remonta Ding?
  • ¿Cómo interpretan la frase de Feng que está al final del cuento “Para matar a un poeta eligió la poesía”?

Leer para descubrir la hipótesis del crimen

Al final del cuento, el sabio Feng escribe un breve poema que parece advertirnos algo. Releélo:

Una cometa en llamas sube al cielo negro. 

Brilla un momento y se apaga. 

Así la injusta fama del mediocre Ding.

 

💬 Intercambio entre lectoras y lectores

Compartan algunas ideas sobre el poema a partir de las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué detalle les parece que señala el poema que escribe Feng?
  2. ¿Qué elementos se comparan en el poema?
  3. Luego de leer el cuento y releer el poema ¿imaginan la causa por la que Ding asesinó al poeta Siao?

Momento 6 – Escribir en torno a lo leído: comunicar la resolución del caso.

En este apartado, las y los invitamos a comunicar la resolución del caso del poeta Siao, como si fueran periodistas. Van a tener que seleccionar la información más importante y comunicarla, de manera clara y atrayente, a las lectoras y los lectores de un diario.

a. En parejas, escriban el titular y el copete de una nota que informe sobre la resolución del caso que se narra en “La inspiración”. Tomen en cuenta que las y los destinatarios no saben nada del caso.

  • Elijan qué información sobre el caso deben incluir. Por ejemplo, cuál de los objetos encontrados en la habitación resulta más sospechoso y/o qué sucedió con la cometa.
  • Pueden orientarse por el titular y el copete de la nota del diario que comunica información sobre los crímenes de la calle Morgue.

b. Intercambien sus borradores con compañeras y compañeros para revisar las escrituras teniendo en cuenta los siguientes criterios:

  • Si les parece que algo no se entiende, agreguen información que le permita a otra lectora u otro lector reconstruir el caso.
  • Si les parece que hay información repetida o que no colabora con la presentación del caso, supriman la que consideren innecesaria.
  • Si el texto está organizado con un título y un copete que amplía la información.
  • Si cada oración desarrolla una idea completa y comienza con mayúscula y termina con punto

ORIENTACIONES PARA LAS Y LOS DOCENTES – MOMENTOS 5 Y 6

En el momento 5, las y los estudiantes desarrollan la lectura por sí mismas y mismos del cuento La inspiración de Pablo de Santis, previa presentación del autor por parte de la o el docente. Concluida la lectura, se abrirá un espacio de intercambio orientado por las preguntas disponibles en el apartado “intercambio entre lectoras y lectores” y/o por otras que surjan del grupo y/o que la o el docente desee plantear. La lectura global del caso se complementa con una relectura focalizada del poema que escribe el sabio Feng, quien cumple el rol de detective. Las vueltas al texto a través de las preguntas que orientan los intercambios invitan a “mirar con lupa” los detalles dispersos en la habitación de Siao y del contexto (la cometa que remonta Ding), para interpretarlos como “pistas” que permitan resolver el caso. En este último sentido, se espera que las experiencias de lectura anteriores, habiliten que las y los estudiantes ingresen en la lógica del subgénero, de manera cada vez más autónoma.

En el momento 6, se propone una escritura final para comunicar la resolución del caso: la producción del epígrafe y el copete de una nota de diario. Para ello, se provee un texto modélico vinculado con “Los casos de la calle Morgue”. Se sugiere que, de manera complementaria, la o el docente acerque a las y los estudiantes otros titulares y copetes de notas de diarios digitales o en formato papel para conceptualizar la función de estos paratextos. Además, podría resultar interesante proponer -en forma previa a la producción final- la escritura de una Pizarra de la investigación y de un perfil del criminal, tal como se ha hecho con el caso narrado en “Julieta y el mago”.

Para concluir, la consigna b, retoma en el momento de revisión la reflexión sobre algunos aspectos del lenguaje escrito que se han venido abordando a lo largo de la secuencia: la consideración del contenido y la organización del texto que se está produciendo. A esto se suma la consideración de algunas cuestiones de normativa vinculadas a la delimitación de las oraciones.